He decidido rescatar mi reflexión sobre Blade Runner (1982) de cara al estreno de su secuela. Publiqué este artículo en mi antiguo blog tras haber revisionado la película, y simplemente dediqué unas líneas a desgranar de forma directa sus virtudes y defectos sin extenderme demasiado. Dicha reflexión tiene tres años de antigüedad y desconozco si un nuevo revisionado me haría cambiar de opinión, pero lo dudo bastante. Me ha parecido una buena forma de complementar el estreno de ‘Blade Runner 2049‘ y proporcionar una opinión bastante alejada del pensamiento general sobre el filme de Ridley Scott. Os dejo con ella. Aviso: SPOILERS.

Continente vs. contenido

He visto el considerado mejor montaje de los cuatro que tiene Blade Runner: el Final Cut. Receptividad total, expectativas moderadas. Y mi opinión no ha cambiado demasiado respecto a mi anterior visionado.
Empecemos por lo positivo. Blade Runner (1982) es técnica y visualmente una de las cintas más poderosas y fascinantes que he visto jamás. Es increíblemente sencillo sumergirte en el mundo que te presenta.

Su estética cyberpunk, su fotografía saturada y colorida, su vestuario futurista, esas calles oscuras y desgastadas…todo encaja y destaca de manera abrumadora. Y la dirección de Ridley Scott es maravillosa. Cada plano es un cuadro, y tiene un gusto exquisito a la hora de planificar las secuencias. Entiendo perfectamente los motivos por los que ha trascendido en su género y se ha convertido en una obra de culto. No obstante, donde termina el apartado visual y comienza el apartado narrativo/estructural, aparecen los problemas.

La premisa de Blade Runner (1982) es poderosa, y a lo largo de su primer tercio las cartas se ponen sobre la mesa con elegancia. Su primera media hora me parece brillante, y realmente se percibe un enorme potencial, pero éste queda deslucido por una serie de decisiones poco acertadas que no ayudan al equilibrio de la trama y de las piezas que la conforman.

Os voy a enumerar sólo un par de ejemplos en los que creo que el filme tropieza a la hora de ejecutar subtramas y perfilar personajes:

 Primer ejemplo 

Gaff (Edward James Olmos). Aparece en 3-4 ocasiones, suelta sus chascarrillos, vemos sus figuritas y desaparece. El único propósito de su existencia es que funcione como enlace del final de la película y poco más. No hay profundidad en su personaje, apenas hay información sobre él, y no tiene una misión clara ni especialmente relevante en la historia. Aparece y desaparece cuando es oportuno y listo.

 Segundo ejemplo 

Rachael (Sean Young). Su personaje está bien presentado, sus conflictos se exponen con claridad y sus miedos son tangibles. Es un personaje jugoso y un accesorio excelente para mostrar la dualidad entre humanos y replicantes. Pero hacia la mitad del filme fuerzan una poco creíble historia de amor entre ella y Deckard (no ha existido tiempo material para que se palpe esa conexión emocional), para finalmente hacerla desaparecer del metraje hasta la secuencia final. No hay una reflexión de suficiente peso sobre su personaje y sus dudas morales/emocionales. Simplemente permanece en la cama a la espera de Deckard para marcharse juntos. Se convierte justo en lo que no debería ser: un complemento pasivo del héroe (Deckard). Bajo mi punto de vista, una subtrama desaprovechada que empobrece el resultado final.

Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott

Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott

Gran potencial, insuficiente recompensa

Los únicos personajes que realmente funcionan en la película son Deckard y Roy (Rutger Hauer) pero, nuevamente, echo en falta detalles, destellos de información, narrativa visual que aporte tridimensionalidad a sus dilemas, miedos y motivaciones. Soy un esclavo de los detalles. Los considero esenciales para redondear una cinta y la historia que cuenta. Blade Runner habla de grandes temas, pero es algo torpe a la hora de enriquecer dichos temas. No ahonda lo suficiente en las grandes cuestiones que plantea. Deckard es un policía retirado forzado a volver al servicio, que desarrolla sentimientos por una replicante que no sabe que lo es. Tanto su personaje como el de Rachael tienen numerosas características por explotar, pero la película nunca termina de hacerlo y resulta realmente frustrante.

Para cuando la película se centra del todo en Roy, ya ha transcurrido más de la mitad de metraje y da inicio una sección que conecta con el climax final, y que sólo contiene chispazos de genialidad (el encuentro de Roy con su creador). El resto: una subtrama con Pris (Daryl Hannah) que sólo funciona a ratos, ya que ella es sólo una pieza que sirve para que la trama avance (Pris se introduce en el hogar de Sebastian para que Roy le convenza de llevarle a su creador).

Tras la aparición de Deckard llegamos al famoso climax, pero no siento peligro por la vida de Deckard, me encojo de hombros al observar cómo Rutger Hauer no para de agujerear paredes con sus extremidades, y vivo el icónico diálogo de Roy con una sensación agridulce. Siento que este momento podría haber sido incluso más poderoso si lo anteriormente comentado hubiera sido hilado con mayor precisión.

En definitiva, Blade Runner (1982) es un hito de la ciencia ficción a nivel visual y una base sobre la que se han cimentado numerosas películas en los últimos 35 años, pero adolece de un guión irregular y una ejecución sobresaliente en la forma, pero insuficiente en el fondo.