El pasado 6 de octubre comenzamos nuestra cobertura del London Film Festival 2017, dos días más tarde de la inauguración. Recién llegados a su 61ª edición, y por los pelos, pudimos llegar al pase de la nueva película de la británica Clio Barnard (‘El gigante egoísta’). Durante la siguiente jornada pasamos a dos producciones estrenadas previamente en Cannes (‘120 pulsaciones por minuto’ y ‘Western’) y las premieres europeas de ‘On Chesil Beach’ y la esperada ‘Last Flag Flying’, de Richard Linklater.

Dark River (Reino Unido). Dir. Clio Barnard

El tercer largometraje de la directora Clio Barnard, tras el éxito cosechado en Cannes con su anterior película ‘El gigante egoísta‘, venía precedido por el premio FIPRESCI en el festival de Toronto. Narra la historia de una mujer que vuelve a la aldea donde se crió debido a la muerte de su padre. Llevaba quince años sin ir, y en ese entorno rural surgirán los demonios y los fantasmas del pasado que siguen atormentándola.

La película comienza con una melódica canción que sirve para introducirnos en el sórdido ambiente que crea la directora. Mediante una narración a base de flashbacks reconstruye la durísima adolescencia de la protagonista. Sin embargo, y pese al esfuerzo de Barnard por asfixiar al espectador en la turbia atmósfera en la piel de una excelente Ruth Wilson, nunca llegamos a ver la buena película que hay en ‘Dark River‘. A nivel dramático, no hay demasiado dónde agarrarse, y peca de exceso de frialdad para conseguir empatizar con lo que vemos en pantalla.

120 pulsaciones por minuto (Francia). Dir. Robin Campillo

En Cannes consiguió el Gran Premio del Jurado presidido por Pedro Almodóvar. Y no es para menos: la película de Robin Campillo es una de las mejores -si no la mejor- representación del SIDA, de los que lo padecen y de los que luchan porque las autoridades hagan algo al respecto. ‘120 pulsaciones por minuto‘ se centra en un grupo de activistas durante los años 90 en París llamado ActUp París que intentaba generar conciencia sobre el SIDA. Se trata de un filme coral, sobre todo al principio, aunque principalmente retrata la historia de amor de Nathan y Sean.

120 pulsaciones por minuto dirigida por Robin Campillo

Escena de “120 pulsaciones por minuto” dirigida por Robin Campillo.

Campillo hace un precioso homenaje a todos aquellos que combatieron en la batalla del SIDA, a todos aquellos que perdieron la vida y que impulsaron a que hubiese una mayor conciencia con respecto a la enfermedad. La película se mueve entre el cine social y el drama romántico, y en ambas partes es sobresaliente. Las escenas de sexo son de las cosas más excelentes del año cinematográfico. El director encadena las secuencias, logrando una fluidez muy necesaria en el desarrollo de la historia. Utiliza la música como apoyo para ejecutar las transiciones.

120 pulsaciones por minuto‘ es una experiencia devastadora y magistralmente interpretada. Una radiografía explícita y certera de la enfermedad. No se ahorra en mostrar la decrepitud más absoluta, y además lo hace con ética, sin nada de manipulación emocional. Opta por el camino incómodo, por lo difícil, hasta llegar a generar un dolor casi insoportable. Es una película que se te queda grabado a fuego en la retina, que conmueve inmensamente. Toda una lección de cine social.

Last Flag Flying (USA). Dir. Richard Linklater

Hace apenas dos semanas tuvo su estreno mundial en el festival de Nueva York, y ahora llega al London Film Festival 2017 en su premiere europea. La película de Linklater es una especie de remake modernizado de ‘El último deber’, donde tres ex-marines (Bryan Cranston, Steve Carell y Laurence Fishburne) que participaron en la guerra de Vietnam, se reúnen debido a la muerte del hijo de uno de ellos, Larry (Steve Carell). Ambientada en 2003, los protagonistas emprenderán un viaje para enterrar al joven dignamente.

Podríamos considerar a ‘Last Flag Flying‘ como una película menor en la filmografia de Linklater, sin embargo, mantiene sus diálogos agudos y su ingenioso humor. El gran acierto de la cinta es el equilibrio entre lo cómico y lo trágico, dando lugar a momentos de verdadera ternura gracias a unas excelentes interpretaciones del trío protagonista (mención especial a un pletórico Steve Carell).

Last Flag Flying dirigida por Richard Linklater

Escena de “Last Flag Flying” dirigida por Richard Linklater.

También, como en todo el cine del director texano, hay una mirada de amor profundo a Estados Unidos, pero a la vez crítica en muchos aspectos. Quizá en los últimos minutos acaba cayendo en algo que la película había estado evitando hasta el momento: el sentimentalismo hollywoodiense. Aunque por fortuna, no se abusa de él.

On Chesil Beach (Reino Unido). Dir. Dominic Cooke  

Las estupendas primeras críticas que llegaban desde Toronto elevaron mucho las expectativas, y finalmente acabó resultando la primera decepción del festival. Narra la historia de dos jóvenes enamorados en los años 60, recién casados, en su luna de miel en un hotel en la playa.

La película se desdobla en un principio en una narración paralela que combina presente (la cena en el hotel) y pasado (cómo se conocieron el uno al otro y cómo fue evolucionando su relación). El humor excesivamente naíf y un planteamiento de lo más cursi, arruinan una propuesta elegantemente fotografiada y ambientada. Ni las sentidas interpretaciones de Saoirse Ronan y Billy Howle, salvan esta película de la mera anécdota. Lo peor viene al final, con dos giros de guión tan imprevisibles y desconcertantes como fallidos que tratan de aportar a la historia una falsa profundidad que hasta ese momento no tenía.

Western (Alemania). Dir. Valeska Grisebach 

Doce años después de su último largometraje (‘Nostalgia‘), la directora alemana Valeska Grisebach estrenaba en el mes de mayo en la sección Una cierta mirada de Cannes, ‘Western‘, y ahora hace lo propio en el Festival de Londres, en la sección Dare. La película muestra a un grupo de obreros alemanes encargados de trabajar en la campiña búlgara, que tendrán que hacer frente a las barreras y las diferencias culturales, así como las rencillas que irán surgiendo entre ellos.

Rodada con un estilo sobrio, cercano al documental, Grisebach examina con parsimonia y cierta sensibilidad el día a día de estos trabajadores. Pero las motivaciones de los personajes aparecen demasiado tarde y la narración se ve lastrada por momentos tediosos, que poco o nada tienen que aportar más allá de la la mera contemplación. Lo más potente llega en el interesante tramo final, pero es demasiado tarde para levantar la película.

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