Kingsman: El círculo de oro‘ es la primera secuela que dirige Matthew Vaughn. Estuvo muy cerca de filmar ‘X-Men: La Decisión Final’ y ‘X-Men: Días del Futuro Pasado’, pero en ambos casos acabó abandonando el proyecto. Su vuelta para la secuela de ‘Kingsman: Servicio secreto’ (filme que también dirigió) supuso una grata sorpresa, y tranquilizaba a los fans de la primera entrega, la cual se convirtió en un gran éxito de crítica y público (414 millones mundiales; costó 81 millones).

La cinta que nos ocupa ha optado por un camino «convencional» en este tipo de producciones, es decir, aumentar la escala de su predecesora, las dosis de acción y enfatizar su personalidad arrolladora hasta el exceso (algo que también le ocurrió a ‘Guardianes de la Galaxia Vol. 2’). Si bien la película funciona muy bien a muchos niveles y se siente cómoda en este terreno, creo que pierde frescura y apuesta por un «más de lo mismo, pero sobrecargado». Ahí reside su error, y por eso la considero inferior a la original.

Multiplicar lo que funciona

Un error común en las secuelas es aprovechar el éxito de la cinta anterior y su mayor presupuesto para proporcionar al espectador el mismo menú pero ampliado de manera excesiva, creando cierta indigestión. Afortunadamente no es una constante durante el metraje de este filme, pero creo que peca de autocomplacencia.

No obstante, la película contiene aciertos destacables. Expande su universo y su plantel de variopintos personajes, construye una villana tan peculiar como peligrosa y las dinámicas entre algunos personajes funcionan estupendamente. Sin embargo, en su afán por incrementar la urgencia dramática de la historia decide eliminar elementos que enriquecían la anterior entrega. No voy a nombrarlos porque caería en spoilers, pero en mi caso personal lo sentí de esa forma, y lo entenderéis cuando veáis la cinta.

Además, una de las subtramas es revelada en el maldito primer trailer y no sólo pierde impacto durante su visionado, sino que se limita a tirar de un manido estereotipo en este tipo de situaciones para resolverlo. Sólo termina de despegar hacia el final de la cinta, y quizás es demasiado tarde.

Kingsman: El círculo de oro dirigida por Matthew Vaughn

Taron Egerton y Mark Strong en «Kingsman: El círculo de oro». Fuente: Fox

Por otra parte, Vaughn ha sabido exprimir el mayor presupuesto que esta entrega posee (104 millones) para regalarnos espectaculares secuencias de acción y planos imposibles. Es un genio tras la cámara y su personalidad está presente en cada fotograma de la película. La persecución inicial y el combate final poseen un virtuosismo técnico asombroso y aún me sigo preguntando cómo demonios consiguió filmar algo así. Vaughn no sabe rodar mal, pero los problemas aparecen cuando la acción se extiende demasiado o dichas secuencias se sienten más como un despliegue de medios y talento que como un elemento indispensable de la trama.

Personajes y corazón

Una de las bazas de ‘Kingsman: El círculo de oro’ es la adición de nuevos personajes que aportan mayor variedad y dinámicas a la historia. Pedro Pascal sobresale con un personaje carismático y repleto de gadgets y destreza para el combate. Es una subtrama que funciona de forma fantástica y sus interacciones con Eggsy (Taron Egerton) se agradecen mucho.

Channing Tatum se luce en una escena para luego quedar en un plano secundario y ser desaprovechado de manera sorprendente. Quizás en una tercera entrega (si se hace) tenga más protagonismo. Jeff Bridges es un «cameo» olvidable y la presencia de Halle Berry refleja un potencial que nunca explota del todo.
La villana de la cinta es más interesante por sus neuras y su excentricidad que por sus actos. Es peligrosa sin duda, pero llama más la atención el escenario en el que se mueve que su propia motivación. Es una lástima porque Julianne Moore es una brillante actriz, pero su personaje se queda en un plano superficial y funciona a medias.

No obstante, dejando a un lado personajes y apartado técnico (excelente, como es habitual en los filmes de Vaughn), lo que más achaco al filme es su falta de corazón. A ratos parece encantado de conocerse y se regodea en su propia rebeldía, pero se olvida de insuflar calidez y drama efectivo. La primera entrega funciona mucho mejor porque nos implica en la vida de Eggsy, empatizamos con su viaje, disfrutamos sus triunfos y está rodeado de personajes que se retroalimentan entre sí. En esta secuela Eggsy no tiene un conflicto que deje poso, al menos en mi caso. Parece más una aventura en la que se juegan el cuello que una misión crítica para salvar el mundo.

‘Kingsman: El círculo de oro’ es una buena película, dirigida con maestría y magnífica a nivel audiovisual, pero la historia no tiene la fuerza de su predecesora y ciertas decisiones narrativas no aterrizan en el espectador (o al menos en mi caso) como deberían haberlo hecho. No me importaría ver una tercera entrega, pero espero que se acerque más al espíritu de la original y las escenas de acción estén más al servicio de la historia y menos al servicio del virtuosismo.