El universo cinematográfico de DC ha tenido un desarrollo irregular y lleno de baches. ‘El Hombre de Acero’ fue recibida de manera divisiva sin llegar a convertirse en una decepción. Batman v Superman provocó una oleada de odio hacia el universo que Warner estaba construyendo y ‘Escuadrón Suicida’ terminó siendo un éxito de público a nivel comercial (745 millones de dólares mundiales) pero un fracaso absoluto entre la crítica especializada. ‘Wonder Woman’ fue el primer filme de este universo que recibió elogios de una inmensa mayoría y se convirtió en uno de los grandes éxitos del año, reconfigurando la pobre narrativa que filmes previos habían cimentado.

‘Liga de la Justicia’ tenía muchos hándicaps en su camino. En primer lugar, el abandono de Zack Snyder debido a una tragedia familiar provocó el fichaje de Joss Whedon para retocar aspectos de la trama y refilmar segmentos de la película con el propósito de otorgar a la historia mayor equilibrio. El presupuesto se disparó y la postproducción de la cinta se produjo con exiguo margen de maniobra. Si a eso le sumamos que un amplio sector de público esperaba el filme con los cuchillos afilados y mucho escepticismo, la presión era máxima. La película se estrenó en los Estados Unidos la noche del jueves 16 de noviembre y va camino de convertirse en el peor estreno del DCEU con unos flojos 96 millones de dólares a lo largo de su primer fin de semana. Y no me sorprende demasiado.

RESCATAR VIRTUDES BAJO LOS ESCOMBROS

Sintetizado el contexto que precede al filme que nos ocupa, centrémonos en la película en cuestión. ‘Liga de la Justicia’ contiene varios elementos positivos que permiten ver luz al final del túnel. En primer lugar, su estructura es más simple y convencional que la de Batman v Superman, y eso le permite funcionar por puros automatismos narrativos. Conflicto en ciernes, reunión del equipo que luchará contra la amenaza, tropiezos inevitables, reconfiguración de las piezas y enfrentamiento final contra el villano de turno. En este sentido no tengo “problemas” con la película, si bien es cierto que su ejecución carece de alma y emoción.

Por otra parte, lo mejor de la película (con diferencia) es Superman. Me permito el lujo de mencionarle porque ha estado presente en el marketing de la película y el final de Batman v Superman nos dice bien claro que el hombre de acero no ha dicho adiós. No os voy a revelar ningún detalle vital (como es obvio) pero, aun así, saltaos este párrafo si no habéis visto la película y no queréis saber absolutamente nada. Dicho esto, considero que esta versión de Superman es la más acertada de las tres que hemos visto en el DCEU y la más familiar respecto a la imagen que tenemos del personaje de los cómics. Por fin han abrazado su lado más humano y esperanzador, su personalidad bondadosa y cálida, evitando actitudes cínicas y sombrías. Su aparición supone un chute de adrenalina y la película multiplica su capacidad para imprimir emoción y épica. Es el único instante en sus 119 minutos de duración en el que he sentido verdadera satisfacción e ilusión por lo que puede llegar en el futuro.

Por otra parte, a lo largo del filme existen breves chispazos de talento tras la cámara, algo lógico teniendo en cuenta que Zack Snyder tiene buen gusto en el apartado visual. Hay ideas, planos concretos que lucen de maravilla o que son ejecutados con mucha clase y elegancia. Sin embargo, en un plano general, su dirección me ha parecido más pobre y errática que en Batman v Superman. Más adelante me extenderé en este aspecto.

Algo que parece funcionar a lo largo de la película es la interacción entre personajes. Sus características tienen suficiente variedad y contrapuntos para crear dinámicas interesantes e intercambios aceptables, pero el guion tampoco ayuda a que disfrutemos de forma escandalosa una reunión de superhéroes de este calibre. Hay diálogos concretos y frases sueltas que aterrizan de manera satisfactoria, pero el balance general es irregular.

Si estiramos el chicle, puedo reconocer que Wonder Woman tiene momentos de lucimiento y es la gran baza de una historia que hace aguas y tiende a dispersarse como el humo. Gal Gadot es la gran esperanza de este universo cinematográfico y, a pesar de tener un personaje peor escrito que en su propia cinta, destaca sobre el resto y siempre es un placer verla en pantalla interactuando con el resto.

Para terminar, y siendo benevolente, veo potencial en los personajes de Aquaman y Flash en futuras entregas de esta franquicia. Hay detalles que funcionan y, a pesar de tener poco desarrollo por cuestiones logísticas, me llaman la atención lo suficiente para esperar sus filmes “individuales” con una mínima expectación.

Liga de la Justicia dirigida por Zack Snyder

Ben Affleck en «Liga de la Justicia» dirigida por Zack Snyder. Fuente: Warner Bros

DESIDIA E INTRASCENDENCIA

‘La Liga de la Justicia’ tiene un problema de base muy claro: ausencia de alma y empatía. En su afán por construir un universo que compita con Marvel, Warner se ha saltado pasos cruciales para que sus personajes conecten con el espectador y ha reunido a su plantel de superhéroes sin un contexto previo para la mitad de su equipo. Si el espectador no conecta con los personajes, si no entiende las motivaciones que poseen y desconocen las experiencias que los definen, la urgencia dramática se pierde y la escala no sirve de absolutamente nada porque las consecuencias no tienen peso específico. No puedes introducir tres héroes en tu película-evento y esperar que la audiencia compre lo acontecido en la trama sin una profundización en sus identidades, y menos aún tratándose de un largometraje que a duras penas alcanza las dos horas de duración. Dos pinceladas de conflicto barato no son suficientes en el punto actual en el que se encuentra el cine de superhéroes. Estamos ante un género en plena expansión y evolución, y lo que aceptábamos hace 10 años ahora es inadmisible.

Un aspecto que me cabrea especialmente es la sensación de indiferencia tras finalizar el visionado de la película. La trama se siente más como una aventura independiente y autoconclusiva con la que pasar un rato entretenido que como una historia que transmite peligro inminente con vidas en juego y consecuencias desastrosas a corto plazo. Hay una palabra inglesa que define este aspecto a la perfección: «stakes». En ningún instante del filme temí por la vida los personajes que lo conforman. Sentí que estaba viendo un episodio muy caro de Power Rangers. Masillas por todas partes, «final boss» al que derrotar en grupo y a otra cosa. Y en este sentido, debo atizar el CGI de ‘Liga de la Justicia‘.

Entiendo los problemas de producción que sufrió la película, y puedo llegar a aceptar que ciertos planos específicos no luzcan de maravilla debido a dichos problemas, pero esta cinta tiene fallos de base incomprensibles. Steppenwolf es un villano horrible en todos los sentidos. No sólo carece de carisma y presencia, sino de un acabado visual digno del año 2017. Sus gestos faciales causan rechazo al ojo humano en el momento en que intenta expresar cualquier tipo de emoción. Warner debió haber utilizado una persona real y tirar de maquillaje y prótesis facial para el personaje, pero abusó del CGI y nos ha regalado uno de los villanos más olvidables y mediocres del último lustro.

DIRECCIÓN SIN RUMBO, IDEAS INMÓVILES

Extrapolando mi anterior párrafo al apartado visual del filme, estoy sorprendido con la dirección de Zack Snyder. En cintas como ‘300’, ‘Watchmen’ y ‘El Hombre de Acero‘, Snyder demostró un talento innato para componer planos hermosos y construir secuencias de estilo reconocible y gran atractivo. Incluso en ‘Batman v Superman’ su trabajo tras la cámara era más que digno, aunque de forma global se trate de un filme fallido. Sin embargo, en ‘Liga de la Justicia‘ veo decisiones incoherentes de manera constante. Muchas secuencias de acción, por breves que sean, son realizadas tirando de primerísimos primeros planos y planos medios en su gran mayoría, olvidando aportar contexto geográfico al espectador y un mayor sentido de la orientación que nos permita entender de forma inconsciente todo lo que ocurre en pantalla. Pero Snyder se obceca en mostrarnos planos detalle o planos cerrados que asfixian la acción. Por momentos sentí que estaba viendo un filme de Michael Bay (salvando las distancias).

Detesto encontrarme en una escena de acción realizada casi enteramente por CGI planos en los que no consigo distinguir a los personajes, o peor aún, no saber de dónde vienen y hacia dónde se dirigen. Parece que Snyder ha olvidado de repente cómo exprimir las posibilidades que sus personajes poseen. Flash podría haber dado mucho juego, pero la forma de mostrarlo usando sus poderes es poco inspirada. Tras lo visto con Quicksilver en ‘Days of Future Past’ y ‘Apocalypse’, siento que las escenas con Flash son más una oportunidad perdida que un vehículo para el lucimiento de un personaje con mucho jugo. Y no necesita copiar lo hecho por Singer en los citados filmes de X-Men. Me bastaba con ver más planos generales que ubicaran a los personajes.

En el terreno narrativo, la película parece tener un trasfondo social prometedor, pero nunca lo exploran. Hablan de un mundo sin esperanza, de una sociedad entristecida por la muerte de Superman y de un aumento del conflicto en las calles. Sin embargo, deciden reducirlo a una mera mención y no lo vuelven a rescatar en el resto de la historia. Podríamos haber tenido varios ejemplos de cómo la muerte de Superman ha dinamitado las barreras sociales y ha proporcionado de forma indirecta una excusa para devolver el odio a las calles y mostrar multitud de conflictos y problemas que a día de hoy aún vivimos, pero optan por una brevísima escena a cámara lenta y una locución de fondo para sintetizar el tema, y nada más. Tienes un contexto deseando ser explotado, pero lo dejas a un lado porque no hay tiempo y necesitamos explosiones y ritmo. Y resulta muy frustrante.

Además, lo de las cajas madre es un lío de tres pares de cojones y no han sabido salir airosos de ese pitoste. Tiran de sobreexposición para que el espectador entienda de forma muy clara cómo funcionan y no se confundan, pero luego quedan reducidas a malditas bolas de dragón. Y cierto uso de una de ellas me parece cuanto menos discutible, por ser suave. Hemos llegado a niveles de la chispa vital en Transformers, lo cual no dice nada a favor de ‘Liga de la Justicia‘.

Podría continuar este tocho desbarrando sobre la desigual banda sonora de Danny Elfman (que por otra parte se marca un par de referencias MUY chulas), o sobre los problemas latentes de montaje (otra vez) y fluidez narrativa a la hora de crear una estructura reconocible y unas transiciones adecuadas. Incluso podría extenderme sobre la decepcionante y desangelada presencia del Batman de Ben Affleck en la película, pero resultaría cansino y reiterativo. ‘Liga de la Justicia’ tiene numerosos problemas, pero también decisiones posteriores que repercuten negativamente en la historia. Sólo unos breves chispazos aislados y la presencia de Superman no son reclamo suficiente para creer en un futuro triunfal de este universo, más bien lo contrario.

‘Liga de la Justicia’ comete un pecado que no podía permitirse: la intrascendencia. El DCEU necesita un giro de timón YA, y el primer bandazo lo ha dado Patty Jenkins con la estupenda ‘Wonder Woman’. Pero van a necesitar bastante más que un filme notable para que el público quiera seguir las andanzas de este grupo de superhéroes.