Una de las películas más esperadas del año ya está en cines, y anoche tuve la oportunidad de verla en una sesión doble junto a su predecesora, El Despertar de la Fuerza. La dirección de esta nueva entrega corre a cargo de Rian Johnson, cineasta con experiencia cuyo último filme, ‘Looper’, fue aclamado por la crítica. Antes de empezar el análisis de ‘Star Wars: Los últimos Jedi‘, un aviso para vuestra tranquilidad: no habrá spoilers de ningún tipo, sólo detalles superficiales de la trama, así que podéis leer la reseña sin miedo. Aunque siempre recomiendo leer las reseñas una vez vista la película.

Frescura y riesgo 

‘Star Wars: Los últimos Jedi’ es la película menos convencional de la saga. Su estructura no sigue los derroteros habituales y la dirección de Johnson tiene mucha personalidad; en ningún momento se siente un encargo, lo cual es un aspecto que agradecer. El director configura los planos para aprovechar la geografía del escenario y no se limita a copiar el estilo de directores anteriores en la saga. La cinta tiene planos preciosos y visualmente luce fresca, con una paleta de colores distinta y llamativa.

En cuanto a la estructura de la película, Johnson decide configurar la historia a través de continuos saltos entre tramas para avanzarlas de forma gradual y constante y convergerlas en el último acto como si de un montaje paralelo gigante se tratase. La idea es valiente a la par que arriesgada porque, si bien consigue equilibrar el peso de los personajes en la historia, puedes diluir el poso que generan dichas tramas y que, con un montaje distinto, habrían calado más hondo. Y eso es exactamente lo que ocurre con la película.

El cine funciona en cada uno de nosotros de forma muy distinta. En mi caso personal, me gusta que las películas no se sientan atrapadas en una secuencia, que fluyan con cohesión y propósito dramático cuando es pertinente. Y creo que ‘Star Wars: Los Últimos Jedi’ no cumple esta máxima. El riesgo del que os hablaba anteriormente se torna en defecto cuando intentas balancear 3-4 tramas y conflictos sin un hilo conductor marcado y caracterizado por el uso de saltos constantes y cortes abruptos en plena revelación o momento de tensión. De este aspecto concreto os hablé en la reseña de Guardianes de la Galaxia Vol. 2, y aquí vuelve a repetirse. Si cortas una secuencia en su punto álgido para avanzar otra trama, y vuelves a dicha secuencia literalmente donde la dejaste, se crea un estatismo brutal en la historia. Creo que usar el montaje de esta manera sirve más como efectismo y creación de tensión forzada que como una herramienta que aporte coherencia y una narrativa más limpia.

Por otra parte, y ya que hablamos de estructura y montaje, esta película no se siente tan cálida ni emocionante como la anterior ya que opta por dividir los conflictos y separar personajes para que brillen de forma individual. Esta decisión se vuelve en su contra porque algunas subtramas son menos efectivas y necesarias que otras, y dichos personajes nunca se pueden alimentar del conflicto del otro porque están separados y no hay conexión directa entre ellos. Tienes un reparto maravilloso con una química probada y demostrada en la anterior película. Su viaje debe nacer de un objetivo común no sólo en su lucha contra la Primera Orden sino en su propia progresión como personajes, pero aquí dicha progresión no funciona de manera orgánica.

Star Wars: Los últimos Jedi

Escena de «Star Wars: Los últimos Jedi» dirigida por Rian Johnson. Fuente: Disney

Mito y humor 

Uno de los aciertos del filme es su interés por ahondar en la Fuerza, su significado, origen y propiedades. Sin entrar en detalles, creo que este apartado está bien ejecutado porque expande conceptos que se presentaron en la trilogía original y les da una nueva dimensión. El tono espiritual de la película está presente en todo momento y funciona porque enriquece la temática de la historia y el desarrollo de personajes.

Por otro lado, la cinta se permite realizar un comentario sociopolítico bastante acertado y actual, y es un segmento de la trama que funciona a pesar de estar en la periferia del núcleo narrativo. Estos detalles siempre suman y alzan la premisa inicial a un nivel de mayor trascendencia y significado. No obstante, debo reconocer que dicho segmento pertenece a una subtrama que no aporta demasiado al conflicto global. Es más una misión secundaria de videojuego que permite aportar minutos en pantalla a ciertos personajes que una herramienta indispensable para alcanzar el objetivo final.

En el apartado cómico ya sabemos que nunca nos pondremos de acuerdo porque el sentido del humor es tan personal y subjetivo que poco podemos rebatir cuando hablamos de ello. En mi caso, la película tiene un humor muy visual y obvio por momentos, y en varias ocasiones lo siento fuera de lugar. El guion construye un conflicto sobre cierto personaje y nos encontramos con una secuencia que requiere drama y emoción, pero ciertos alivios cómicos matan escenas y planos que necesitan de todo menos comedia. La peli no quiere que olvides nunca que estás viendo Star Wars, ‘space opera’y aventuras, y parece tener miedo a excederse con el drama y la oscuridad. Es verdad que en momentos puntuales lo utiliza de forma adecuada y puede regalarnos momentos realmente sombríos, pero en el primer acto sobre todo, ciertos gags y coñas breves me parecieron fuera de lugar. De nuevo, percepción totalmente personal y subjetiva.

Personajes y arcos

Es difícil explicar de forma argumentada ciertos pensamientos sin revelar absolutamente nada sobre una película, pero os prometí que no haría spoilers de ningún tipo, así que intentaré opinar sobre los arcos narrativos de los personajes sin dar detalles significativos.

Sobre el reparto del filme, debo decir que todos realizan un buen trabajo, aunque destaco especialmente a Mark Hamill, Daisy Ridley y Kelly Marie Tran. A pesar de no convencerme el camino que toman ciertos arcos, ellos tres aportan mucha intensidad y emoción a la película. Estoy especialmente sorprendido con Marie Tran en un papel con peso para su personaje pero no tanto para la trama principal, y aun así consigue brillar en todas sus escenas y dejar poso en el espectador (al menos en mi caso ha sido así).

Ridley aprovecha casi todas sus escenas para demostrarnos por qué es la líder de esta nueva trilogía y su personaje tiene un conflicto comprensible, coherente y funciona bien, aunque hay algún detalle que me dejó a medias. Hamill tenía la patata caliente. Tras no articular palabra en la anterior entrega y tener que soportar el peso dramático de este filme, su interpretación era crucial para que disfrutáramos de nuevo con la vuelta de Luke Skywalker, y en ese sentido no pongo ninguna pega. Tiene presencia, su química con Ridley es genial, y su participación en la película es satisfactoria. Curiosamente, y siento que me estoy repitiendo en esta reseña, mis problemas con la película están dirigidos casi exclusivamente a su guion (luego os explico con más detalle).

Daisy Ridley en Star Wars: Los últimos Jedi

Daisy Ridley en «Star Wars: Los últimos Jedi» dirigida por Rian Johnson. Fuente: Disney

Adam Driver realiza un buen trabajo en el primer acto de la película, pero luego creo que olvida los matices que sí aportó a su interpretación en el Episodio VII y se vuelve más obvio y creo que se pasa de revoluciones. No mata la película ni mucho menos, pero creo que Johnson debió dirigirle mejor en momentos puntuales del último acto.

Y honestamente, sin ser fan acérrimo de la saga ni vivir cada nueva entrega como un acontecimiento extrasensorial, reconozco que Carrie Fisher me emocionó y se ha despedido de la saga de forma sobresaliente. Leia es genial en esta película y brilla bastante más que en la anterior. En ese aspecto, Johnson ha clavado lo que necesitaba el personaje. Por cierto, sin revelar nada, hay varios personajes muy desaprovechados y sentí mucha frustración al ver cómo su potencial era desechado o minusvalorado.

Además, Star Wars quiere hacer pasta en merchandising siempre, e introduce un buen número de criaturas y animalitos con los que crear peluches y figuritas. Y sin llegar a irritarme, me parecieron innecesarios en varias escenas. Han convertidos a los Porgs en Minions y una secuencia de la película me recordó más a ‘Animales Fantásticos’ que a Star Wars. Y ojo, los Porgs son adorables, pero ese es su objetivo. Poco más. La película dura 2 horas y 30 minutos y hay cositas que me sobran.

Guion de Star Wars: Los últimos Jedi

Quiero finalizar mi reseña hablando del guion de la película, uno de los aspectos (junto al montaje y estructura) que más me han decepcionado. Para empezar, estoy sorprendido con la cantidad de exposición que hay en la película. Los personajes no paran de explicar cosas al espectador, y en ocasiones repiten las líneas de diálogo de forma casi literal en distintos puntos de su metraje. Apenas hay sutileza y hay frases que me sacaron de la película durante un instante porque sabía perfectamente que dicha frase no estaba dirigida a un personaje, sino a la audiencia. Creo que podemos exigir a un blockbuster de estas características y con semejante historial un poco más de confianza en el espectador.

Por otra parte, y esto ya es algo muy personal (aunque la reseña al completo es mi opinión subjetiva de la película), creo que Rian Johnson ha tomado riesgos muy interesantes en la película con varios personajes, pero no ha sabido plasmarlos de la forma adecuada en pantalla. El guion cimienta situaciones con enorme potencial, pero luego las ejecuta de forma muy extraña e inesperada (para mal). Cosa que tampoco me sorprende tanto, porque si habéis visto ‘Brick‘ y ‘The Brothers Bloom‘, sabréis que Johnson tiene un estilo muy particular a la hora de perfilar personajes.

No me gusta pensar en ‘what if’ o en cómo podría funcionar mejor una escena, porque prefiero concentrarme en lo que el cineasta me quiere contar, nunca en lo que yo quiero que me cuente. Sin embargo, hay momentos en los que la película construye una escena para una ejecución dramática estupenda, y luego da un giro brutal y va por un camino alternativo que te deja con una sensación anticlimática. Este director conoce bien las bases de la creación de un largometraje (obviamente), pero a veces las subvierte de forma tan agresiva que desconcierta, y eso es lo que he sentido durante gran parte del visionado de la película.

En resumen, ‘Star Wars: Los últimos Jedi’ es una película valiente, arriesgada y con mucha personalidad, pero eso no implica que matemáticamente funcione de la manera esperada. Su estructura es inestable, el montaje diluye la tensión y las tramas están descompensadas. Creo que necesita mayor unidad y una narrativa menos dispersa. No es un mal filme, pero desarrolla lo edificado por J.J. Abrams por un camino desconcertante y menos emocionante.