Wonder Wheel‘, la última película de Woody Allen, narra la historia de cuatro personajes cuyas vidas se entrecruzan en el pintoresco Coney Island de la década de los cincuenta. Ginny (Kate Winslet), una antigua actriz emocionalmente inestable que ahora trabaja como camarera en un restaurante; Humpty (James Belushi), el rudo marido de Ginny, operador del tiovivo; Mickey (Justin Timberlake), un joven y apuesto socorrista que sueña con convertirse en dramaturgo; y Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty que se esconde en el piso de su padre para esconderse de unos gánsteres.

Como tantas otras películas de Allen, ‘Wonder Wheel‘ es una historia en la que intervienen el amor y la traición. El director neoyorkino vuelve a demostrar una vez más su talento a la hora de escribir (merecedor del Nobel de Literatura más que Bob Dylan) y como director, un gran maestro, sobre todo dirigiendo a actrices.

Sin duda, Ginny es la más reciente de las heroínas creadas por Woody Allen. Un personaje complejo y con aristas que solo una actriz con el talento de Kate Winslet podía interpretar. Su papel es merecedor del Oscar y debería estar entre las nominadas de este año. La actriz británica llena de matices y profundidad a un personaje difícil, sin caer en el temido cliché, consiguiendo dotar de credibilidad al mismo y sin caer en la caricatura. Con  Winslet realiza un trabajo fuera de lo común, pero también con James Belushi, todo lo fuerte y emotivo que puede ser un actor en la pantalla.

Wonder Wheel dirigida por Woody Allen

Juno Temple en “Wonder Wheel” dirigida por Woody Allen. Fuente: A Contracorriente Films

Wonder Wheel‘ es un drama romántico excepcional, melancólico y trágico con el destino y el amor. Coherente con la trayectoria que nos encanta de Woody Allen. Deliciosa la luz de Storaro. Una fotografía poética que esculpe con sus luces y sombras a cuatro personajes inmersos en una historia de pasión, violencia y traición.

No es la primera vez que Vittorio Storaro trabaja con Woody Allen, ya lo había hecho en su anterior película, ‘Café Society‘. En esta ocasión la luz y el color se usan del mismo modo que las notas musicales o las palabras en la literatura. Un trabajo visual extraordinario que juega con las dominantes de color calientes y frías. Desde las luces amarillentas y anaranjadas para expresar la tensión y la melancolía del personaje de Ginny, a las luces azules, más frías, para Carolina. Así los dos colores se convierten en dos personajes más de la película, que además cambian en medio de las escenas para subrayar la tragedia que subyace en la historia. Asimismo es destacable el trabajo de dirección artística para ambientar una época como la mitad del siglo XX en Nueva York.

La película adopta por momentos un tono decadentista y sombrío, pero regalándonos el contrapunto cómico que tanto nos gusta en su cine, esta vez solo en el hijo pirómano de Ginny. Un retrato exaltado del malestar humano, de las frustraciones, de los sueños, de la envidia, de los celos, del destino y todo expresado de manera oportuna y certera. Ya su título esconde un sentido metafórico que nos desvela que podemos estar en la noria, dando vueltas sin cesar, a medida que la vida sigue su camino sin ningún sentido.

Se trata de la película 53 como director de Woody Allen y lleva estrenando una todos los años desde 1982. Un cineasta al que profesamos incondicionalmente una gran admiración y al que le perdonamos sus obras menores, películas que si fueran firmadas por cualquier director novel serían tildadas como obras maestras por cualquier abigarrado crítico de cine.