Kogonada, teórico de cine y  video-ensayista de origen surcoreano con nacionalidad estadounidense, debuta en la dirección cinematográfica con ‘Columbus‘. Su decisión de dar el paso a convertirse en cineasta viene de cuando comenzó a hacer su doctorado basado en Yasujiro Ozu. De hecho, su nombre artístico, es un homenaje al guionista que colaboraba con él, Kogo Noda.

Su película, ‘Columbus‘, llena de ideas abstractas y enigmas sin solución, presenta la vuelta a Indiana, a la ciudad que da nombre a la película, de Jim, un coreano-americano hijo de un famoso arquitecto que ha entrado en coma. Llevan tiempo sin tener ningún tipo de contacto, y la idea de pasar con su padre los últimos días que le quedan, se presentan más como una obligación que como algo que realmente quiera hacer. Metafóricamente atrapado en Columbus, se encontrará con Casey fascinada con la arquitectura, que pese a que todo el mundo le presiona para abandonar la ciudad, ella no quiere irse para quedarse a cuidar de su madre ex-drogadicta, dejando así de lado la idea de marcharse a estudiar a la universidad. Estos dos personajes encontraran una suerte de refugio entre ellos.

El filme reflexiona sobre los frenos y barreras que nos ponemos a nosotros mismos que nos impiden madurar, pasar página y, sobre todo, afrontar nuestra realidad. Kogonada, de manera inteligente construye el relato alrededor de esa idea, relacionándolo con la arquitectura. Para él, la arquitectura es el arte del espacio y es capaz de construir en nosotros mismos una sensación de vacío. Y el cine es el arte del tiempo. Es en la combinación de ambas partes -de espacio y tiempo- donde reside el alma de ‘Columbus’.

Columbus dirigida por Kogonada

Escena de “Columbus” dirigida por Kogonada. Fuente: Versus Entertainment

Que Kogonada sea un gran admirador de Ozu no es un dato aleatorio, ya que en su opera prima podemos palpar la esencia del maestro japonés en el tempo narrativo y en la forma de elaborar los personajes. Se crea una especie de clima, en el que el espectador se sumerge en las vidas grises de Jim y Casey, llegando a entender que la comprensión entre ambos probablemente se debe a que su situación es bastante similar, aunque a priori parezca lo contrario. Jim va a Columbus, pero quiere irse; Casey vive en Columbus y no quiere irse, pero quizá deba hacerlo. La película elabora, entre otras muchas cosas, una tesis sobre lo que nos mantiene atados a los lugares -volvemos al concepto de “espacio”-, sobre el poder de los espacios físicos (como las construcciones de las que se habla a lo largo del metraje) a la hora de quedarse con un poco de nosotros mismos.

El lenguaje visual empleado también tiene ecos de Ozu, especialmente en el tratamiento de los interiores. Kogonada deja que los planos respiren, que se empapen del “espacio” para transportarnos allí. La cámara cuando no permanece fija, se mueve sutilmente con travellings, atrapando a los personajes en los espacios, con planos principalmente abiertos y con profundidad de campo. John Cho y una resplandeciente Haley Lu Richardson se ponen al servicio de la obra componiendo unas cuidadas y muy sentidas interpretaciones.

Columbus‘ es una película plenamente teórica y abstracta, de la que se pueden sacar múltiples conclusiones. Supone un debut sólido por parte de un director que, lejos de ponerle las cosas fáciles al espectador, se ha convertido automáticamente en una voz a tener en cuenta, y quién sabe si en una de las promesas del cine independiente americano.