A finales del pasado año me propuse un objetivo muy concreto: publicar una reseña al mes sobre cine surcoreano a lo largo de 2018. Esta iniciativa proviene de mi pasión por el cine hecho en Corea del Sur, y tiene por objetivo visibilizar joyas de su cinematografía de los últimos 20 años.

Aunque el cine surcoreano tenga mucho seguimiento entre la cinefilia más entusiasta y los festivales de cine de medio mundo, la realidad es mucho más triste: la cantidad de películas surcoreanas estrenadas en nuestro país es muy reducida, y el número de copias con el que se estrenan es desolador. ‘La Doncella‘ (Park Chan-wook, 2016) se estrenó en 10 cines, mientras que ‘El Imperio de las Sombras’ (Kim Jee-woon, 2017) lo hizo en sólo seis. Estamos hablando de dos de los mejores cineastas surcoreanos de los últimos 20 años, y sus películas pasaron sin pena ni gloria por la cartelera española.

Me sumerjo en esta gigantesca empresa con la esperanza de despertar interés en el lector y lograr que el cine surcoreano tenga un público más amplio. Entre todos podemos conseguir que lleguen más copias y películas de este país a España. Y no hay mejor forma de vender el cine de Corea del Sur que iniciar esta publicación mensual con ‘Oldboy (Park Chan-wook, 2003).

Contexto y subtexto

No es fácil escribir la reseña de una de tus películas favoritas. La he visto en numerosas ocasiones y siempre finalizo su visionado totalmente abrumado. Se trata de un filme atrevido, transgresor, con gran cantidad de subtexto, reflejos y reflexiones sobre lo que implica ser humano y cómo afectamos aquello que nos rodea.

La cinta comienza con un potente plano en el que vemos a nuestro protagonista en una azotea junto a otro hombre, y le dice (nos dice): “Quiero contarte mi historia”. De repente, transición al pasado del mismo personaje donde todo se inició, y observamos que parece una persona totalmente distinta. Sólo han transcurrido 30 segundos y ya nos sentimos enganchados a la historia. Sabemos que Oh Dae-su, el protagonista, sufre un viaje que le cambiará por completo, y sentimos la imperiosa necesidad de saber cómo y por qué se produce.

Oldboy (2003) dirigida por Park Chan-wook

Yoon Jin-seo y Choi Min-sik en “Oldboy” (2003) dirigida por Park Chan-wook

Desde la primera secuencia en el pasado se nos muestran objetos que jugarán un papel relevante en el resto del filme así como colores que estarán presentes para identificar a personajes. Los objetos funcionan como recuerdos físicos de los personajes, mientras que los tonos violetas y rojizos representan la presencia de personajes específicos en espacios tanto abiertos como cerrados. Todos los elementos que conforman la película están medidos para aportar contexto y pistas sólo visibles y comprensibles en posteriores revisionados, consiguiendo que la cinta siempre se sienta fresca y rica en detalles.

Park Chan-wook proporciona atención a los detalles mediante el uso de insertos y breves primerísimos primeros planos que sirven para enfocar la atención del espectador en aspectos que tendrán trascendencia posteriormente. Además, tira de un extenso arsenal de planos, ángulos y ópticas para asfixiar a sus personajes en su entorno o convertir los escenarios en narrativa visual (la carrera de Oh Dae-su cuesta arriba, la secuencia del ascensor en el primer acto del filme).

Por otra parte, el concepto del tiempo está presente en toda la película, incluidos los propios créditos iniciales de la misma. El tiempo no sólo marca la carrera a contrarreloj que vive Oh Dae-su durante el filme, sino el tiempo transcurrido desde su desaparición. La película nos habla de vidas robadas, de momentos que perviven por siempre, de recuerdos que nos congelan en un plano temporal específico y nos impiden avanzar. Y todos estos detalles se ven enfatizados por la aparición de relojes, calendarios y números que vemos y escuchamos a lo largo de su metraje. La obsesión de Chan-wook por los detalles enriquece cada plano de la película.

“Ríe y el mundo reirá contigo. Llora, y llorarás solo.”

Narrativa visual en Oldboy                             

Oldboy es un filme que juega al despiste durante gran parte de su duración. Nunca oscurece sus intenciones ni esconde sus cartas de manera forzada, pero busca que el espectador esté atento a todos los detalles que va proporcionando el director en cada secuencia. No hay grandes diálogos expositivos, porque Chan-wook desea que las imágenes hablen por sí mismas y nos cuenten todo lo que necesitamos saber. Uso de flashbacks, objetos, reacciones de personajes, montaje que entremezcla pasado y presente para introducirnos en la mente de un personaje, y otros muchos recursos utilizados por el cineasta surcoreano para contextualizar los eventos que acontecen en pantalla. No tiene miedo de incluir metáforas visuales para retratar la soledad y la locura (hormigas) o para definir la involución de un personaje y necesidad de conexión directa con la vida (pulpo).

Oldboy (2003) dirigida por Park Chan-wook

Escena de “Oldboy” (2003) dirigida por Park Chan-wook

Además, ciertas escenas no sólo funcionan para avanzar la trama sino para definir comportamiento y evolución de personajes. En numerosas ocasiones, una misma secuencia está aportando nuevos detalles sobre la investigación, y al mismo tiempo está proporcionando contexto sobre el comportamiento del personaje. Sólo en momentos puntuales la voz en off del protagonista hace acto de presencia, y cuando lo hace enfatiza momentos concretos o funciona para introducirnos en los pensamientos de Oh Dae-su, que permanece gran parte del tiempo en silencio y sólo habla cuando es necesario.

Otro de los aspectos por el que la narrativa visual resulta estimulante es por su uso del diseño de producción y vestuario para perfilar a los personajes y realizar paralelismos u oposiciones. El villano tiene una vida lujosa, viste de forma elegante y vive en el último piso de un alto edificio. Mientras maneja en las alturas sus hilos cual titiritero, Oh Dae-su permanece gran parte del tiempo en el suelo, atravesando sucias calles, edificios mal cuidados y habitaciones polvorientas y mugrientas. Incluso a la hora de recolectar información y encontrar al responsable de su trágica vida, debe enfrentarse a numerosas escaleras, pendientes y enormes pasillos con obstáculos constantes. Todos los elementos que se presentan en pantalla suman, y con cada revisionado voy descubriendo nuevos detalles que potencian la historia de formas que pasaron inadvertidas anteriormente.

“Aunque no soy más que una bestia, ¿acaso no tengo derecho a vivir?”

Antagonismo y venganza

Oldboy‘ es, ante todo, una película sobre la venganza. Un relato sobre la obsesión malsana respecto a una situación o persona concretas. Park Chan-wook construye una historia sobre la venganza más visceral, pero ni mucho menos la más obvia. Las motivaciones de los personajes son coherentes y, alcanzado el clímax de la cinta, entendemos los porqués de sus decisiones y consecuencias de estas, aunque estemos más o menos de acuerdo con ellas. La venganza es, quizás, una de las sensaciones más intensas que posee el ser humano. Es pura en su simplicidad, y no requiere de complejidad narrativa para ser mostrada y llevada a cabo. No obstante, el director profundiza en este sentimiento a través del impacto que genera un evento trascendental en nuestras vidas, y nos muestra que incluso las pequeñas decisiones pueden dejar una marca indeleble.

Sin embargo, la venganza es un arma de doble filo, ya que una falta de fuerza en el motor que mueve al villano restaría impacto a la resolución final. Por eso, Chan-wook nos regala a un villano edificado a través de pinceladas que dibujan una imagen precisa de su personalidad, y un plan tan específico como bien meditado. Lee Woo-jin (Yu Ji-tae) es un personaje que, como ya dije antes, funciona como contrapunto del protagonista, pero no sólo a la hora de mostrar sus diferencias, sino sus similitudes. No se trata de un antagonista con aires de grandeza ni un plan malévolo basado en la codicia o el narcisismo. Su fuerza reside en el plano emocional, en cómo su objetivo se basa en un aspecto personal. En este sentido, la trama humaniza al villano lo suficiente para empatizar con él, aunque rechacemos sus métodos. Y sinceramente creo que la película trasciende su propio género y alcanza una nueva dimensión gracias al cariño prestado a Lee Woo-jin en el guion de la película.

No obstante, el pilar básico de la película, el soporte sobre el que se construye toda la historia es Choi Min-sik y su icónico Oh Dae-su. Es uno de los intérpretes más laureados y queridos de Corea del Sur, y su nombre es símbolo de calidad en cuanto se une a un proyecto. Inició su carrera a principios de los 90, y obtuvo notoriedad tras enlazar ‘The Quiet Family’ y ‘Shiri‘, siendo esta última una de las películas más importantes y exitosas del país surcoreano. Desde entonces ha trabajado con muchos de los mejores cineastas de su país, y cruzó el charco para interpretar al villano de Lucy, la cinta de Luc Besson protagonizada por Scarlett Johansson. Pero el papel por el que siempre será recordado es Oh Dae-su en Oldboy.

Choi Min-sik realiza un despliegue interpretativo tan descomunal en la película que hipnotiza los sentidos y abruma al espectador. Su personaje sufre una trasformación no sólo física sino emocional, y lo observamos tanto en su propia complexión como en su rostro. Oh Dae-su inicia el filme siendo un hombre algo rechoncho y sumido en el patetismo de sus propias decisiones (borrachera, desobediencia a la autoridad). Más adelante, Oh Dae-su parece una persona totalmente opuesta a lo visto al comienzo. Su físico es mucho más atlético y musculado, su cuerpo está lleno de cicatrices, y su rostro ha mutado. Min-sik es capaz de interpretar un personaje bobalicón, torpe y bocazas, y convertirlo en un hombre torturado, introvertido y silencioso. Me desarma especialmente su capacidad para mostrar una sonrisa acompañada de unos ojos que denotan desolación e ira. Pocos intérpretes son capaces de mostrar matices tan específicos y sutiles a lo largo de un mismo filme, y mucho menos con la complejidad moral y emocional que posee Oldboy. Choi Min-sik me parece uno de los mejores actores del mundo y su actuación en esta película es un testamento a su monstruoso talento.

“Sea un grano de arena o una roca, en el agua se hunden de igual manera.”

A lo largo de la película he ido apuntando multitud de detalles, referencias, metáforas y elementos destacables (su banda sonora es una de las mejores que he escuchado en los últimos 15 años), y varios de ellos ni siquiera los he nombrado, pero no me parece pertinente porque prefiero que descubráis estos detalles por vosotros mismos y disfrutéis de cada revisionado como si vierais la película por primera vez. Es lo que he vivido yo a lo largo de los últimos 6-8 años.

Así que voy a cerrar esta reseña de forma sencilla: Oldboy es una de mis películas favoritas, un referente audiovisual que ha trascendido su país para alcanzar la relevancia que merece a nivel mundial, y una pieza audiovisual que deconstruye al ser humano de forma tan insólita que merece todos los halagos que recibe con asiduidad. Con esta película, Choi Min-sik se convierte en historia viva de su país en el plano cinematográfico, y asienta definitivamente a Park Chan-wook (ganó por esta película el Gran Premio del Jurado en Cannes) como uno de los mejores cineastas del siglo XXI.

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