Mudo, o el sonido del silencio


Mudo dirigida por Duncan Jones

Vivimos en unos tiempos prósperos para los amantes de lo retro. La prueba más vívida de ello es que estos dos últimos años se han estrenado varias películas inspiradas, directa o indirectamente, en el clásico de 1982 ‘Blade Runner‘. Y tampoco es extraño: pocas producciones en la historia del cine han tenido tal nivel de influencia, tanto por su maravillosa y rompedora estética como en los temas filosóficos que maneja. Esos filmes son ‘Blade Runner 2049‘ (Denis Villeneuve, 2017), secuela oficiosa y éxito de crítica, que algunos de los autores de este blog han considerado como de las mejores películas del año previo; la serie ‘Altered Carbon’ (Laeta Kalogridis & Miguel Sapochnik, 2018), con la película de Ridley Scott en mente en la elaboración de su universo cyberpunk; y nuestra protagonista de hoy, ‘Mudo‘, estrenada el 23 de febrero de este año.

Todo pintaba bien. Tras las cámaras estaba Duncan Jones, el joven realizador que saltó a la fama por sus primeras cintas de ciencia-ficción, que recibieron buenas críticas; ‘Moon‘ (2009), que combina la ciencia-ficción con la intriga y un Sam Rockwell en estado de gracia, y el thriller de acción ‘Código Fuente‘ (2011), con Jake Gyllenhaal. Quizá la relación de Jones con la crítica se resintió en su siguiente estreno, ‘Warcraft: El Origen‘ (2016), donde su simpleza argumental y numerosos clichés le pasaron factura (aunque el abajo firmante la considera muy disfrutable). Para su siguiente proyecto, Jones lo concibió como un homenaje a ‘Blade Runner’, ambientada en Berlín en vez de Los Ángeles, que vería la luz finalmente gracias a Netflix (estuvo a punto de ser una novela gráfica).

Mudo dirigida por Duncan Jones
Seyneb Saleh y Alexander Skarsgard en «Mudo» (Duncan Jones, 2018). Fuente: Netflix

Dos horas de carteles de Neón

El punto fuerte de ‘Mudo’ es su ambientación futurista, y al mismo tiempo una de sus debilidades. Si bien Jones no ha podido plasmar toda su visión (sólo hay que ver su proyecto de cómic), que además es muy parecida a otras muchas vistas en diferentes propuestas, resultó bastante competente en su idea de trasladarnos a una metrópolis de neón, inspirada en las formas que imaginó Syd Mead, con sus particularidades y detalles que ayudan a conformar un universo especial. Sus locales de comidas, las calles, los clubes de mala muerte,  los prostíbulos, todo el submundo de Berlín se siente vivo y palpitante, y te invita a que disfrutes del espectáculo.

Por eso resulta más difícil admitir que ‘Mudo‘ es, en varios aspectos cruciales, una decepción. De nada sirve que su estética sea tan interesante, capaz de poseer una personalidad propia y unos rasgos únicos que la diferencien de los otros dos homenajes a ‘Blade Runner‘, si luego en todo lo demás falla como una escopeta de feria. El problema principal de la película es que no sabe qué quiere ser; no posee la intriga del cine negro, ni la acción del thriller, ni desarrolla lo suficiente su lore para que funcione plenamente como cinta de ciencia-ficción. ¿Qué intentas narrarnos, Duncan? ¿Una historia de amor, tal vez? ¿Una persecución contrarreloj? Todo ese escaparate de neón tan bonito que nos muestras es eso, un escaparate, sin una historia decente detrás, y mucho menos unos personajes tan sosos (el mejor sería el cirujano americano interpretado por Paul Rudd).

Tampoco es que sea un desastre bíblico. Ojalá muchas películas de hoy en día fuesen concebidas con el cariño y dedicación que Jones ha profesado por este proyecto. Pese a que su trama es incapaz de definir su personalidad, al menos es un viaje entretenido por el caos, y los que pudieron disfrutar con películas anteriores del director británico encontrarán algunos detalles y cameos interesantes. Pero más allá de ver a Rudd con un gigantesco mostacho y una especie de ‘Blade Runner’ a la europea, creo que no sobran los motivos para que el público general gaste dos horas de su tiempo en esto. Hay mejores películas en el catálogo de Netflix.

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