Hierro 3‘ fue, junto a Oldboy, una de las primeras películas surcoreanas que vi. El hecho de tratarse de un drama romántico aclamado por público y crítica llamó mi atención y no dudé un instante en verla. La cinta de Kim Ki-duk me sorprendió por numerosos motivos, y voy a intentar explicaros por qué la considero una de las películas más hermosas de este siglo procedentes de Corea del Sur.

Aunque se trata de un filme estrenado hace 14 años, intentaré no revelaros demasiados detalles que puedan estropear vuestro visionado de la película. No obstante, hay ciertas cosas que veo necesario mencionar para que la reseña no se sienta incompleta, por eso os he querido avisar. Siempre os hago la misma recomendación: leed la reseña tras haber visto la película.

Silencios

El primer aspecto destacable que observamos en la película es su ausencia casi total de diálogo. Ambos protagonistas basan su interacción y relación en el lenguaje corporal, en gestos y miradas, en actos que describen sentimientos. Kim Ki-duk usa los silencios para permitir que la historia sea contada desde el plano visual, y construye el relato en base a lo que vemos. Este silencio proporciona al director múltiples posibilidades, y aprovecha los primeros planos e insertos para crear un contexto entendible para el espectador. Heridas en el rostro, fotografías recortadas y redistribuidas, ropa lavada a mano y una moto en constante movimiento son sólo algunos de los elementos que Ki-duk utiliza para perfilar a los personajes y contarnos quiénes son.

La narrativa de Hierro 3 se basa en la repetición de situaciones en lugares distintos para crear un patrón que defina al protagonista. Este chico trabaja como repartidor de publicidad y utiliza su moto para desplazarse por las rutas que necesita abarcar. Pero su trabajo es un medio para su fin último: meterse en casas ajenas y ausentes de inquilinos. Su ‘modus operandi’ es simple: pega los carteles de publicidad en las cerraduras de las puertas y vuelve horas después. Si la publicidad permanece pegada, significa que nadie ha entrado o salido de casa, por lo que se introduce en ella gracias a su maletín de herramientas. No se trata de un criminal al uso, y demuestra inteligencia y sensibilidad en todo momento. Su primera acción tras pisar la entrada es escuchar el contestador automático.

En muchas ocasiones, los residentes han dejado un mensaje en el que avisan a familiares y amigos que se encuentran de viaje, por lo que se asegura de poder habitar sin miedo ese hogar por un tiempo determinado. Sin embargo, su propósito no es robar, sino usar hogares vacíos como si fueran suyos, y sentirse parte de una familia aunque ésta no se encuentre en dicho lugar. Con su cámara de fotos inmortaliza instantáneas del piso y siempre toma una fotografía de sí mismo junto a fotos de los residentes. Pero no sólo se aprovecha del lugar, ya que realiza tareas caseras tales como lavar la ropa (siempre a mano, lo cual implica un esfuerzo y dedicación extra por su parte), recoger aquello que encuentra desordenado y abandonar el lugar dejándolo igual o más limpio que como estaba. Es un hábito que cuenta muchas cosas sobre su personaje, dejando para la imaginación otras muchas ya que apenas conocemos detalles de su pasado.

Hierro 3 (2004) dirigida por Kim Ki-duk

Escena de “Hierro 3” (2004) dirigida por Kim Ki-duk

En el caso de la chica, su evolución se construye en base a la imitación como forma de conexión. Ya que no intercambian palabras, Kim Ki-duk crea un lenguaje basado en gestos y acciones, por lo que una repetición de un acto específico enviará un mensaje concreto a la otra persona. Esta fórmula proporciona una serie de paralelismos entre ambos personajes que los unirán en su viaje y que nos servirá a nosotros para entender a un nivel emocional cómo desarrollan cariño y sentimientos más complejos con el paso del tiempo.

Oposición

El cineasta surcoreano usa el lenguaje visual para contarnos la historia, pero también emplea la oposición para diferenciar actitudes entre personajes. Por una parte, el marido de la protagonista es definido por sus actos pero también por su relación con su esposa. Es un hombre adinerado que necesita tener el control de todos los aspectos de su vida sin objeción, y no tiene reparos en usar su dinero y su fuerza bruta para moldear su mundo a su antojo. Ambos personajes son utilizados como contrapunto del otro: mientras que ella refleja en su rostro una síntesis de su relación con su marido maltratador y su silencio demuestra su interés por cambiar de vida andando por un camino nuevo e inexplorado, su marido es un hombre frustrado de verborrea repulsiva e incansable con una habilidad especial para quedar en evidencia de múltiples formas. El acercamiento de ambos personajes es perfecto porque sentimos que conocemos lo suficiente de ellos en base a su interacción y reacciones, no necesitamos mucho más para comprender lo que sufre ella y por qué se ve atraída por el chico que conoce y su estilo de vida tan particular.

La película está repleta de situaciones y objetos que se repiten a lo largo del filme pero de maneras distintas o directamente opuestas. Una fotografía que es convertida en un collage como metáfora del caos que vive cierto personaje, para luego ser reconstruida y mostrar su forma final y ordenada. Un palo de golf que es utilizado para herir a una persona a través de sus golpes a las bolas, que luego es usado para golpear la bola de manera segura ya que se mantiene atada a un cable que impide perderla. Son detalles que demuestran el mimo de Ki-duk por cada plano y detalle de la película para que todo sume.

La música del filme sólo aparece en tres momentos puntuales para enriquecer la escena no sólo a nivel emocional sino como leit motiv de lo que sienten los personajes cuando se encuentran en espacios o situaciones concretas. Durante el resto de ‘Hierro 3’, la música enmudece y mantiene el silencio al igual que los personajes protagonistas, permitiendo que la narrativa visual tenga más presencia que nunca y los sonidos cobren vida propia y destaquen.

No es fácil protagonizar una película sin articular palabra, y mucho menos provocar sentimientos tan intensos en el espectador a través de los ojos y el lenguaje corporal exclusivamente, por eso necesito destacar la excelente labor de Jae Hee y Lee Seung-yeon y su capacidad para contar una historia de una manera tan poco convencional y con la misma fuerza que cualquier filme repleto de diálogos. Su química es palpable y su entrega a los personajes es absoluta.

‘Hierro 3’ es un filme que habla sobre la incapacidad de alzar la voz, pero también del silencio como grito atronador y como forma de sanar y conectar con otra persona. Cuenta una historia sencilla de forma brillante y exprime el lenguaje cinematográfico para regalarnos una experiencia audiovisual de primer nivel. Una de las películas más hermosas y románticas de los últimos 15 años.