Roman J. Israel, Esq.‘ es la esperada segunda película de Dan Gilroy tras su estupenda ópera prima ‘Nightcrawler‘. Desgraciadamente, la película no cumple con las expectativas puestas sobre el director y sólo la sobresaliente actuación de Denzel Washington y algunos brillantes momentos del guion es lo único destacable de este irregular proyecto en su conjunto.

Mientras el primer filme de Gilroy fue injustamente tratado, mereció mucho más tanto en los Oscars como en los Independent Spirit Awards, ‘Roman J. Israel, Esq.’ parece estar siendo considerada como lo que es: simplemente una película entretenida con una buena actuación de la estrella en su reparto. Denzel Washington logró la nominación a mejor actor protagonista en los Oscar, algo que se merecía Jake Gyllenhaal por ‘Nightcrawler’ y no sucedió.

Denzel Washintong y Collin Farrel en Roman J. Israel, Esq.

Denzel Washintong y Collin Farrel en Roman J. Israel, Esq. Fuente: Sony Pictures

Roman J. Israel es un abogado defensor idealista y con vocación, cuya vida cambia drásticamente cuando su mentor y protector, un icono de los derechos civiles, muere. Ante el desamparo, muy a su pesar, acepta una oferta de un ambicioso abogado, interpretado por Colin Farrel, antiguo estudiante de su legendario ex jefe. Paralelamente su determinación y compromiso con la justicia y la responsabilidad social se desvanece a medida que se ve envuelto en una serie de eventos que desafían el activismo que siempre ha definido a su personaje.

De nuevo Dan Gilroy dibuja un personaje realmente particular a la vez que magnético y desde luego estamos ante otra magnífica interpretación de Denzel Washington. Sin embargo la actuación está más sustentada en el ‘aderezo’ que en la profundidad. La superficialidad queda representada en una personalidad cercana al trastorno del espectro autista, con algún comportamiento propio del trastorno obsesivo compulsivo, unos andares y forma de hablar característica y acompañada de una imagen personal anclada en el pasado. La película pierde la oportunidad de profundizar en las entrañas del personaje: su idealismo, la incomprensión que le rodea y la dificultad de mantener unos ideales tan a contracorriente.

Otro punto flaco de la película es la trama. El guión tiene unos giros inverosímiles con un desencadenante demasiado fácil y previsible. Los cambios por los que pasa el personaje no son creíbles y además están mal representados. Ante esto, y junto con un pseudo romance ridículo, la desconexión con el largometraje está asegurada.

El muy esperado regreso se convierte en decepción. Ojalá volvamos a ver al Dan Gilroy que te mantenía anclado a la butaca con una historia tan redonda como la de su debut cinematográfico. En definitiva,  ‘Roman J. Israel, Esq. es un desatino.

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