Hannah‘ es el segundo largometraje del director italiano Andrea Pallaoro tras la muy decente ‘Medeas’. Presentada en sección oficial de la 74ª edición de la Mostra de Venecia, su protagonista Charlotte Rampling se alzó con la Copa Volpi a la mejor actriz por su brutal trabajo. La veterana actriz británica interpreta de manera magistral a una mujer rechazada socialmente por el delito que ha cometido su marido, recién encarcelado.

Hannah siente el rechazo de la sociedad: aporrean su puerta, le retiran el carnet de socio de la piscina donde habitualmente hace ejercicio y hasta su hijo no le permite asistir a la fiesta de cumpleaños de su propio nieto. Ella es el daño colateral del delito cometido por su marido. Pero Hannah ha diseñado una discreta rutina que le permite no rendirse: asiste a clases de teatro para aficionados y trabaja como limpiadora. Prácticamente los dos únicos contactos que tiene con una sociedad que le ha dado de lado.

La película tiene un desarrollo deliberadamente lento, se recrea en el día a día de Hannah para describir su abatimiento. El director se centra en la figura de la protagonista obviando el desencadenante de esta situación, evitando así el despiste del espectador. Sin la intención de crear misterio, solo da pequeñas pistas porque lo importante es Hannah.

Charlotte Rampling en Hannah

Charlotte Rampling en una escena de “Hannah” dirigida por Andrea Pallaoro. Fuente: Surtsey Films

Estamos ante un largometraje construido en lo visual, una película llena de imágenes diseñadas para suplir la ausencia de palabras. Para ello Pallaoro cuenta con uno de los directores de fotografía del momento: Chayse Irvin. Su cuidadísima fotografía refleja a la perfección la opresión de la soledad jugando con imágenes llenas de carga psicológica en colores fríos.

Me cuesta pensar que ‘Hannah’ hubiera sido posible sin Charlotte Rampling. No me gustaría subestimar a otras grandes actrices europeas también con auctoritas, pero el resultado hubiera sido diferente. Rampling hace un ejercicio solemne del dolor psíquico. Vivo reflejo de una mujer cautiva y debastada sin licencia para llorar a pulmón abierto, como una ballena parada en medio de una inmensa playa – quien vea la película entenderá la metáfora-. Me gusta imaginar que Pallaoro después de verla en ‘45 años‘ comprendió que Hannah no podía ser otra más que ella. Un papel profundamente introspectivo por el que Rampling fue incluso nominada al Oscar de mejor actriz.

Hannah‘ es una película especial, un cine difícil de digerir por cómo se cuenta la historia. Un interesante retrato del dolor psicológico y la asfixia social pero con una cadencia y sobriedad con la que en ocasiones cuesta enganchar. En su conjunto estamos ante un filme correcto, pero no está a la altura de la sobresaliente actuación protagonista.