Habiéndose alzado con el Gran Premio del Jurado en el pasado festival de cine de Venecia, ‘Sweet Country‘ nos invita a realizar un viaje a los tiempos en los que el hombre colonizaba las vastas tierras del continente australiano y, utilizando el yugo del racismo y la supremacía social vergonzosa de los principios imperialistas, esclavizaba a la población indígena.

Basada en una historia real sucedida a principios del Siglo XX, el último trabajo de Warwick Thornton sigue la historia de Sam, un aborigen que se verá obligado a emprender una huida a contrarreloj a través de los parajes australianos debido a la persecución que emprenden las fuerzas de la ley en pro de llevarle ante la justicia por un crimen que ha cometido.

De esta forma da comienzo un profundo viaje. Un viaje mudo, en el que el paisaje da voz a las emociones de los personajes, catalizando la inteligencia de un guion que aprovecha al máximo las posibilidades que ofrecen las localizaciones en las que se desarrolla la historia. Una historia que retrata el infierno que sufrieron y padecieron las gentes locales en la época colonialista. Tiempos en los que el hombre blanco esclavizaba y explotaba a su antojo a las personas y las tierras de los lugares por donde pasaba. Y también es una historia de supervivencia, de empoderamiento hacia las enormes capacidades instintivas que poseían y poseen los nativos de los parajes más salvajes e inhóspitos del planeta.

Sweet Country dirigida por Warwick Thornton

Escena de “Sweet Country” dirigida por Warwick Thornton. Fuente: Wanda Films

Con un poderoso montaje (utilizando el flash-back de una poderosa forma) y una total ausencia de música, ‘Sweet Country’ invita al espectador a sumergirse de lleno en una poderosa simbiosis entre el drama social y el más puro western: salvaje, árido y desértico.

Haciendo eco al cine de genios como John Ford o recordando al drama social de obras como ‘Amistad’, el tramo final de la película se convierte en un genial y espectacular retrato de la dicotomía que padecía la sociedad en aquéllos terribles años: la total bifurcación entre el bien y el mal. Las dos partes de una sociedad enfrentada a su propia imperfección. Una imperfección que los protagonistas de la cinta sufren continuamente.

En resumen, ‘Sweet Country‘ es una poderosa película que ofrece, tras su inteligente e irónico título, un retrato poderoso y necesario de una época de escasa moral. Un ejercicio cinematográfico que alcanza un poderoso equilibrio entre su humildad narrativa y el mensaje trasladado. Una perfecta mezcla de géneros. Un homenaje a la historia de Sam, su familia y el resto de nativos. Y una nueva lección sobre la que continuar aprendiendo para no cometer los mismos errores que cometimos en el pasado.

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