Pau Durà, director de ‘Formentera Lady’ nos cuenta sus motivaciones para rodar su ópera prima…  

En agosto de 2009 pasé unos días en la isla de Formentera con mi mujer, embarazada de gemelos. Eran las semanas previas a un cambio en nuestras vidas: feliz, pero cambio al fin y al cabo. Pensaba yo entonces en el conflicto entre la responsabilidad familiar y la libertad propia del hippismo, movimiento que inundó la isla en los 70 (en mi mente sonaban los King Crimson y su ‘Formentera Lady’, título por el que la mítica banda de rock progresivo tiene en la isla una calle a su nombre).

Todo esto ocurría mientras preparaba mi primer cortometraje como director, “desestabilizando” veinte años dedicados a la interpretación, e iniciando mi crisis de los cuarenta: gemelos, tres cortos más, y una película para televisión. ¿Qué me empujó a ello?, pienso ahora. Sin duda, mi amor al cine y el acoso del tiempo: tanto el pasado (la experiencia apacigua el miedo al fracaso), como el que está por venir (si no es ahora, ¿cuándo?). La película ha necesitado la edad de mis hijos y todo lo anteriormente expuesto para llegar a realizarse.

“La película plantea la posibilidad de que un paraíso pueda llegar a convertirse en cárcel”

Formentera Lady‘ cuenta la historia de Samuel, un músico que llegó a la isla en los 70 y que de pronto se ve obligado a hacerse cargo de su nieto. La irrupción en su mundo, todavía hippie, de un crío de 10 años, le empuja a visitar decisiones poco luminosas de su vida en aquel paraíso, emprendiendo un viaje que será, a su vez, crepuscular e iniciático. Entre las ideas que controlan la historia, están las siguientes: todo paraíso tiene sus sombras, y nunca es tarde para poner en duda nuestras certezas. Recelo cada día más de aquello que llamamos “ideología”. Me gustan las preguntas, las dudas, los matices, y desconfío de la ortodoxia, venga de donde venga. La película plantea la posibilidad de que un paraíso –o su inmovilismo– pueda llegar a convertirse en cárcel.

Una de las examantes de Samuel le reprocha haberse convertido en una isla pequeñita dentro de la otra isla más grande en la que viven. Cabe preguntarse cuánto hay de convencimiento y militancia, en su manera hippie de estar en el mundo, y cuánto de huida. ¿Y huye el viejo hippie sólo de sus sombras, o también del esplendor de aquel paraíso?

Formentera Lady dirigida por Pau Durà

Escena de “Formentera Lady” dirigida por Pau Durà. Fuente: Vértice 360

Esta última pregunta me ronda desde la génesis del guion, y apunta uno de sus temas centrales: la Nostalgia. Hace un montón de años, en un libro de Kundera, leí una definición que me acompaña desde entonces: “dolor por la imposibilidad de regresar” (del griego Nostos). Samuel es un viejo hippie que vive el presente, sin normas, libre, sin ataduras, sin luz, como un anacoreta, hasta que un día, su hija (de la que se separó siendo niña, y a quien ve muy a la larga) le suplica que se quede un tiempo con su nieto. La obligación de hacerse cargo del crío despertará en Samuel, pues, la Nostalgia: imposible volver a aquel paraíso perdido, roto cuando su mujer y su hija se largaron a la península, 40 años atrás, dejándole solo.

“Formentera Lady narra la pequeña odisea de un hombre cuya mayor heroicidad será ahondar en su propia conciencia”

A pocos días de iniciar el rodaje, Pepe Sacristán sugirió bautizar con un nombre el viejo Land Rover con el que su personaje se mueve por los caminos. No nos fue difícil encontrarlo: Ulises. Samuel lleva tiempo vagando por el Mediterráneo, aunque no haya ido más allá del islote de S’Espalmador. Y Formentera –a diferencia de aquella en la que espera Penélope al héroe griego– no es la casa de Samuel, no es su Ítaca, sino El Viaje, aquel sueño hippie de libertad y juventud por cuyas aguas lleva 40 años perdido. Lejos de lo grandioso de la mítica epopeya, ‘Formentera Lady’ narra la pequeña odisea de un hombre cuya mayor heroicidad, en el tramo final de su vida, será la de ahondar en su propia conciencia, aquejado por ese dolor tan humano, por esa incapacidad de regresar. Porque –volviendo a Kundera– ¿no fue Ulises el primer nostálgico?

Fuente: Vértice 360