Tras los acontecimientos ocurridos en la extraordinaria Infinity War, Marvel estrena nuevo filme y se trata de un cambio de tercio respecto a la anterior entrega del MCU. ‘Ant-Man y la Avispa’ es una vuelta al universo más terrenal de la franquicia, y deja a un lado las conexiones directas con otros personajes y tramas para focalizarse nuevamente en la historia de Scott Lang. Esta película supone un merecido descanso para el espectador tras gigantesca escala de Infinity War y las consecuencias que acarreó, proporcionando a su audiencia una aventura independiente y ligera muy en la línea de la anterior entrega del personaje. No obstante, la ejecución de esta historia no es tan redonda como su predecesora y voy a intentar explicaros por qué he salido del cine con una sensación agridulce.

El peso de la urgencia dramática

La cinta de Peyton Reed intenta emular algunas características del filme anterior no sólo a la hora de desarrollar ciertas subtramas sino también en lo que respecta a los personajes y sus interacciones. La relación entre Scott Lang (Paul Rudd) y su hija Cassie sigue teniendo peso, pero queda en un segundo plano porque no parecen saber exprimir dicha subtrama para que tenga entidad por sí misma. Los personajes de Judy Greer y Bobby Cannavale son meros cameos que sólo sirven para contextualizar la nueva situación en la que se encuentra Scott, y nunca funcionan como una capa narrativa relevante para el núcleo emocional. Entiendo que los personajes aparezcan porque forman parte de la vida de Scott, pero la película se sentiría más rica si no fueran simples elementos informativos.

Por otra parte, Luis (Michael Peña) y sus dos compañeros han recibido una subtrama sobre la que desarrollar una historia paralela que complemente el hilo narrativo principal, pero parece más una imposición que un desarrollo natural de los acontecimientos. Hay momentos en los que la película intenta manejar tres tramas que se entremezclan y en varias ocasiones se sienten forzadas a coexistir, de ahí que se le vean las costuras cuando inventan escenas o diálogos específicos para que las piezas del puzzle encajen. Luis y compañía siguen siendo divertidos, pero al darle una historia que por sí misma no tiene fuerza y con el único propósito de crear excusas que avancen la trama me parece tramposo y poco esforzado por parte de los guionistas.

Otro aspecto importante de la historia es la trama que encabeza Ghost, villano de la película que es presentado de forma misteriosa y de primeras funciona como amenaza a tener en cuenta por Scott y Hope (Evangeline Lilly), pero cuanta más información vamos obteniendo del personaje, menos interés suscita porque hay una misión más importante en la película y esta subtrama se siente más como un obstáculo en el camino que un peligro inminente.

De los personajes de Walton Goggins y Randall Park casi ni hablo porque directamente se trata de clichés andantes que sólo sirven para entorpecer o retrasar la misión de Scott Lang o simpemente aportar alivio cómico. No hay conflicto ni contexto.

En definitiva, la película intenta manejar elementos muy distintos en la misma historia y no sabe cómo conectarlos de manera fluida para que se alimenten entre ellos y el tercer acto tenga el impacto que merece. Su predecesora sabía exactamente qué partes debía destacar para que el corazón estuviera en el lugar adecuado durante el desenlace. ‘Ant-Man y la Avispa’ presenta historias con potencial pero su ejecución se siente torpe e inestable.

Por cierto, me resulta especialmente sorprendente la enorme cantidad de exposición que tiene la película. Durante el primer acto hay 2-3 conversaciones que sólo existen para dar información al espectador, y se sienten tan impostadas que me sacaron de la película. Hay numerosas formas de aportar contexto e información al espectador, y creo que han escogido las más burdas y obvias.

Ant-Man y la Avispa dirigida por Peyton Reed

The Wasp/Hope van Dyne (Evangeline Lilly) y Ant-Man/Scott Lang (Paul Rudd) en “Ant-Man y la Avispa”. Fuente: Walt Disney

Ant-Man y la Avispa, corazón y humor

La principal baza del primer filme es la relación entre padres e hijas y cómo éstos consiguen rectificar errores del pasado para ser la mejor versión de ellos mismos y recuperar aquello que tanto anhelan. En esta secuela, la relación entre padres e hijas se mantiene presente pero se siente más superficial/artificial que en la anterior. ‘Ant-Man y la Avispa’ no parece encontrar las excusas adecuadas para que Scott forme parte de la misión de manera natural, así que utiliza la misma excusa una y otra vez para forzar la decisión de Scott. Suelo tener problemas con películas cuyo objetivo es arrastrar al héroe por un camino que no desean realizar, principalmente porque la fuerza no reside en aquello que le mueve, sino en su resignación a la hora de llevarlo a cabo. Quizás por este motivo no siento que esta secuela contenga el mismo peso dramático que la anterior.

Además, creo que el filme se equivoca reafirmando su propia naturaleza y personalidad llevándola al extremo. ‘Ant-Man’ era un filme ligero, directo y simple a nivel conceptual, pero estaba bastante bien equilibrado en el aspecto tonal. Esta película se regodea en su ligereza y apuesta por el gag por acumulación. Quiere introducir tantos gags cómicos que acaba desequilibrando el tono del filme y disminuyendo la urgencia dramática. Las escenas de mayor tensión y dramatismo deben respirar el tiempo suficiente para que el espectador sienta el poso que provocan los acontecimientos. Incluir elementos cómicos en casi todas las situaciones que la historia posee resta impacto y sensación de peligro respecto a nuestros héroes. Hay una escena en particular que habría supuesto una catarsis emocional maravillosa, y es diluida por un gag cómico que resulta innecesario y que no encaja en ese preciso instante. En la anterior ocurre algo similar, cuando Hank Pym (Michael Douglas) cuenta la verdad sobre su esposa a su hija Hope. Scott rompe esa escena para meter una coña que luego nos lleve a la siguiente escena. Me parece un recurso facilón de una comedia para realizar una transición entre escenas.

Obviamente no todo en ‘Ant-Man y la Avispa’ es negativo, ya que a nivel visual expande lo asentado en la primera entrega e introduce nuevos elementos y formas de utilizar la tecnología de Hank Pym en favor del espectáculo y el entretenimiento. En ese sentido no tengo queja y creo que todos estos recursos están utilizados con criterio para expandir las posibilidades de esta saga individual. Además, la banda sonora sigue siendo una delicia. Christophe Beck recoge su trabajo de la anterior entrega y añade nuevas texturas transformando temas recurrentes en nuevas melodías que encajen con esta cinta sin alejarse de su origen.

Por otro lado, la química entre el trío protagonista sigue siendo estupenda y da gusto verles interactuar y compartir escenas. Hay una sintonía especial entre ellos y su presencia aporta entidad al filme. Eso sí, la relación entre Scott y Hope en esta película no es tan redonda como en la anterior, ya que hay un constante juego de amor y resentimiento que se vuelve algo redundante y que realmente no sirve de mucho porque vuelven a terrenos conocidos de una escena a otra. Creo que un desarrollo más gradual y un conflicto más potente habrían ayudado a su historia y se habría sentido más auténtica.

Termino. ‘Ant-Man y la Avispa’ es una correcta aunque irregular secuela que mantiene varias de sus bazas intactas pero es incapaz de exprimir su universo de manera acertada debido a un guion que fuerza tramas a unirse en vez de encontrar el camino adecuado para que su fusión sea pertinente y satisfactoria. Me parece una cinta menor en el MCU tras encadenar tres estupendos filmes como ‘Thor: Ragnarok‘, ‘Black Panther‘ (en menor medida) y sobre todo ‘Infinity War’. No obstante, estoy deseando volver a ver a estos personajes en el futuro. Quizás en mejores manos.