Ladrón de bicicletas‘, la obra maestra de Vittorio De Sica y máximo exponente del neorrealismo italiano, cumple 70 años. Además, el Festival de San Sebastián ha elegido esta producción para inaugurar, en su 66ª edición, la sección Klasikoa que proyectará cada año un clásico restaurado. Considerada una de las mejores películas de la historia de cine, ‘Ladrón de bicicletas’ fue premiada con un Oscar a la mejor película en habla no inglesa en 1949. En una época como la nuestra, una llamada a la conciencia solidaria como la que transmite sigue despertando interés porque el filme de Vittorio De Sica es, sin duda alguna, una película fuera de lo común, inclasificable, como ocurre con obras maestras de las demás artes.

Antonio, María y Bruno, una bella historia de solidaridad familiar

En una zona de los suburbios de Roma, un obrero en paro, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), encuentra trabajo como fijador de carteles pero, para poder realizarlo, necesitaría una bicicleta. Lo malo es que esta fue empeñada para hacer frente a necesidades mas urgentes, y Antonio no sabe de dónde sacar el dinero para recuperarla. María (Lianella Carell), su mujer, resuelve el problema empeñando las sábanas de su propia casa para poder recuperar la bicicleta.

El primer día de trabajo parece comenzar bien, pero todo se tuerce de improviso cuando un joven, quizá todavía más necesitado que él, le roba la bicicleta aprovechando un descuido. Ello ocurre un sábado y a Antonio solo le queda el domingo para intentar recuperarla, puesto que el lunes ha de reemprender el trabajo. Acompañado por su hijo Bruno (Enzo Staiola) y con la ayuda de Baiocco (Gino Saltamerenda), un basurero amigo empieza una búsqueda cada vez más angustiosa.

Enzo Staiola

Enzo Staiola, a los 8 años en “Ladrón de bicicletas” (1948) y en la Mostra de Venecia a los 74 años en 2013.

En pleno e infructuoso esfuerzo, Antonio contempla con envidia un enorme aparcamiento con miles de bicicletas. Se encuentran ante un estadio de fútbol y parece que nadie ronda por las cercanías. La tentación es fuerte y el hombre se deja llevar por ella e intenta apoderarse de una, pero desgraciadamente es descubierto y está a punto de ser detenido por robo. Las lágrimas de Bruno, al ver como su padre es abofeteado públicamente, enternecen a la gente, y los policías le reprochan su conducta a Antonio, pero, a la postre le dejan marchar. Hundido, el hombre se aleja entre la multitud, mientras Bruno, viéndole tan triste coge su mano.

Ladrón de bicicletas, más que un alegato social

Ladrón de bicicletas‘, séptima película dirigida por Vittorio de Sica, fue filmada en 1948, cuando la casi recién estrenada República Italiana se encontraba todavía inmersa en las dificultades económicas de posguerra. En este contexto, el cine había apostado por el llamado neorrealismo italiano, no solo por hacer películas de bajo costo, sino por la necesidad de mostrar la verdad para que la ética prevaleciera.

Ladrón de bicicletas (1948) dirigido por Vittorio De Sica

Rodaje de “Ladrón de bicicletas” (1948) dirigido por Vittorio De Sica

El cineasta italiano contaba con unos actores improvisados según los cánones no escritos del Neorrealismo, pero de ningún modo escogidos al azar. Con solo verles, el espectador recibe la suficiente información para entenderles sin caer en los tópicos. El trío central de actores, Antonio, encarnado por un auténtico obrero; María, interpretada por una periodista; y Bruno, que el propio De Sica había escogido personalmente entre el público de un rodaje adquieren categoría de reales porque el director conocía aquello que debían representar, no en vano una de las mejores bazas como actor y como director, era su capacidad de observación.

Ladrón de bicicletas‘ retrata la realidad de millones de italianos de aquel momento. Existe el alegato social pero también se narra una bella historia de solidaridad familiar, una referencia explícita al valor de la amistad y, especialmente, un emocionante retrato de la relación entre padre e hijo. La película constituye una llamada a las conciencias del mayor número de personas posibles, pero no hace, ni pretende hacer, un análisis de por qué y cómo se ha llegado a tal situación, ni tampoco esbozar siquiera soluciones. Se queda en la denuncia, ricamente descrita, de una realidad con el propósito que de la contemplación nazca la reflexión, y de ella, la toma de posición. En definitiva, una obra maestra del cine.