El autoconocimiento es algo que nos acompaña toda la vida. Nadie nos prepara para vivir ésta. No hay un manual de instrucciones, por suerte o por desgracia. La adolescencia es un camino hacia la adultez. Adultez obligatoria desde la infancia. Es un aprender a ser mayor sin, a veces, querer serlo. Lara, revestida en forma de niño, tiene que aprender a ser mujer. Es ‘Girl’, una autentica perla que ha cautivado en el Festival de San Sebastián.

Lara (Victor Polster) es una chica adolescente de 15 años atrapada en un cuerpo con genitales masculinos.  Quiere ser bailarina pero su paso por la adolescencia y su camino para ser mujer no se lo ponen nada fácil. La adolescencia es una transición. Es una transición hacia el nosotras del mañana; el adulto que queremos ser. Lara tiene que llevar a cabo una doble transición; de niña a mujer, de lo masculino a lo femenino. Es en ese punto donde lo extravagante de su situación deriva en una búsqueda necesaria de su normalidad.

El cuerpo dictamina quienes deberíamos ser, aunque no lo seamos. La sociedad dictamina cómo nos tendríamos que comportar, sin comportarnos de ese modo. Paso, giro, vuelta, plié, adagio, allégro, arrière, assemblé, cáete, levántate, plié, bisé. Perfección. Agitación. Autoexigencia como modo de llegar a la adultez. Como parte de la creación de esa identidad, aunque el cuerpo no acompañe.

Girl dirigida por Lukas Dhont

Escena de “Girl” dirigida por Lukas Dhont. Fuente: Vértigo Films

Lara es esa historia. Historia de esa lucha interna que tenemos todas. Es una narración acerca de la autoexigencia como camino, enseñado, para crear identidad. Identidad conformada entre la correspondencia entre cuerpo y mente y, socialmente, con qué cuerpo y qué mente se apropian los demás sobre una misma.

Aunque el entorno sea favorable para la creación de dicha identidad, no siempre es suficiente. El peor de nuestros enemigos somos nosotros mismos. Impulsados, en parte por el entorno, somos capaces de odiarnos por no llegar a las exigencias que nos marcamos para conseguir nuestra meta. Meta, por otro lado, idealizada.

Meta, para Lara, dictaminada por la traición de su cuerpo. Cuerpo, en parte, que no es suyo; no le pertenece. No le pertenece cuando, en el despertar sexual de la adolescencia, sus compañeras de clase le piden, en una apropiación del cuerpo de Lara por éstas, que le enseñe el pene. No le pertenece cuando, entre plié y adaggio, cae al suelo y su profesora de ballet le comenta que la modificación de los pies para ser bailarina empieza a los 12 años.

Al final, ‘Girl’ es la historia de qué pasa cuando nos miramos en el espejo y la imagen que éste nos devuelve no es la que nos gustaría ver. Es la historia de la inclusión social de la persona. Inclusión dictaminada más por la imagen que devuelve el espejo que no por el ser en sí. Es la historia de la conciencia corporal, de transiciones, de cambios físicos y emocionales. Son las emociones frente a la imagen que devuelve el espejo.

Ventana que merece que nos asomemos. Merece que conozcamos. No es un relato de la transexualidad. Es el relato de Lara. De su lucha con ella misma. De la apropiación de su propia imagen. Una imagen, creada por Lukas Dhont, que dice más por lo que calla que por lo que muestra. Una imagen, en este caso, sí que vale más que mil palabras. 

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