Crítica: Quién te cantará


Quién te cantará dirigida por Carlos Vermut

El cine español parece estar en pleno esplendor estos últimos meses: en septiembre se estrenaban la demoledora ‘Las distancias’, de Elena Trapé, y la frenética ‘El reino’, de Rodrigo Sorogoyen; y ahora en octubre, la dolorosa ‘Petra’, de Jaime Rosales, y la que aquí nos atañe: la notabilísima y retorcida, además de bergmaniana y almodovariana, ‘Quién te cantará’ del madrileño Carlos Vermut, ganador de una Concha de Oro y una Concha de Plata por su anterior película, ‘Magical girl’ (2014).

El comienzo del filme es ya de por sí sintomático: en él vemos, en cámara lenta, a Lila Cassen (Najwa Nimri) —cantante española de éxito en la década de los noventa pero que desapareció sin previo aviso del panorama musical— desfallecida sobre la arena de la playa, mientras que Blanca (Carme Elias), su representante, intentar prestarle ayuda. En esta secuencia no solo se presenta el desencadenante de todos los sucesos que van a tener lugar a continuación, sino que se descubren ya las formas por las que van a vehicular los mismos: ese travelling de acercamiento —repitámoslo— en slow motion, envuelto por una opresiva banda sonora, anticipa que el espectador está a punto de adentrarse en un relato de lo más retorcido.

Después del malsano segmento introductorio, observamos a Lila en un hospital. La dirección de Carlos Vermut es delicadísima, llevándonos de un plano detalle de las manos de la cantante hasta su mismo rostro. Es en unos instantes después cuando nos damos cuenta de que ella no recuerda casi nada sobre la vida que lleva, que padece amnesia. Tal y como Blanca le informa, necesita volver a los escenarios si quiere seguir gozando de su lujosa vida (por ejemplo, la mansión que posee al lado de la playa, desde la que puede ver el océano; ese océano tejido del color favorito de la protagonista, a la par que simbólico).

Entonces, ‘Quién te cantará’ entra en una segunda parte de su historia, presentándonos a Violeta (en pantalla Eva Llorach), una gran fan de Lila Cassen que intenta evadirse de su situación familiar —el maltrato psicológico por parte de su hija Marta (Natalia de Molina)— de la única manera que parece proporcionarle cierta felicidad: interpretando canciones de Lila en el karaoke del bar donde trabaja. Ya desde la primera secuencia en que la vemos en pantalla observamos el intento de asemejarse a su ídolo con la peluca que viste, además de que su mismo nombre parece entablar cierto parecido con el de la cantante.

Poco después, debido a la incapacidad de Lila de poder volver a ser como antes, Blanca acude a Violeta para que ayude a la cantante a recobrar su identidad. Desde entonces, el filme de Carlos Vermut se convierte en un ente fantasmático, en el que predomina un proceso de vampirización entre las dos personas, llegándonos a plantear la máxima de qué pasaría si hay una persona que se parece más a ti que tú mismo. En esta cuestión radica el eje central de relato al contarnos una historia de lo más retorcida pero soterrada en las miradas y silencios de las protagonistas femeninas.

Quién te cantará dirigida por Carlos Vermut. Festival de cine de San Sebastián 2018
Najwa Nimri en «Quién te cantará» dirigida por Carlos Vermut. Fuente: Caramel Films

Pese a ello, la película, a través de relación de los dos personajes principales, nos habla también acerca de las adaptaciones de nuestra personalidad, de cómo cambiamos nuestra manera de ser en detrimento de las personas que tenemos a nuestro alrededor, para —incluso— terminar olvidándonos de quienes somos en realidad. Y esto, que es algo que está hogaño muy presente en la sociedad, también tiene cabida en el mundo de la fama en el que vive Lila.

De igual manera, ambas viven atormentadas por fantasmas del pasado, en especial, con aquellos que tienen que ver con su familia. Si ‘Magical girl’ contaba cómo un padre no tenía ningún tipo de escrúpulo a la hora de chantajear a la gente pare conceder los caros caprichos de su hija enferma de leucemia, y en el primer capítulo de ‘Diamond flash’ (2011) Eva Llorach encarnaba a Violeta (¿coindencia?), madre consternada por la desaparición de su hija , ‘Quién te cantará’ parece alargar la sombra de sus predecesoras otorgándonos una intricada relación entre madres e hijas. Y es ahí donde la fuerza del personaje encarnado por Natalia de Molina cobra sentido: esa hija que maltrata a su madre porque quiere un móvil nuevo (lo cual es mostrado en un solo plano sin apenas movimiento que hace que el espectador se retuerza en su butaca), y la amenaza con suicidarse si no obtiene lo que quiere.

A todo ello se suma el perfeccionismo a nivel formal que envuelve todo el filme, privilegiando una puesta en escena soberbia, a ratos simbólica y metafórica. Piensen, por ejemplo, en la cantidad de encuadres en los que vemos la figura de Violeta mientras que a sus espaldas tiene la mítica e icónica imagen de Lila Cassen, por la que padece una incontrolable obsesión. De esta manera, además de las narrativas señaladas anteriormente, se pone en consideración el tema del doble, y, por ende, de la vampirización que antes mencionábamos, haciendo que sea imposible no vincular la película de Carlos Vermut con las obras maestras ‘Persona’ (1966), de Ingmar Bergman, y ‘La piel que habito’ (2011), de Pedro Almodóvar.

Aun así, ‘Quién te cantará’ es, ante todo, un musical muy original: las secuencias en las que la música está presente, ya sea extradiegética o diegeticamente, producen una amalgama de sentimientos en el público, debido a la brillantez con la que cineasta madrileño conjuga las imágenes que registra con el poder inconmensurable que se destila de muchas de las canciones. Incluso la secuencia de la fiesta en el parking, impregnada con temas electrónicos que propician el nerviosismo en el espectador, se nos antoja soberbia.

Quién te cantará’ supone el tercer largometraje de Carlos Vermut; director que desde su ópera prima, la anteriormente mencionada ‘Diamond flash’, parece estar extremadamente interesado en ciertas cuestiones como la familia —tema que, en mayor o menor medida, está presente en cada una de sus películas— y el descenso a los infiernos a los que sus personajes se someten para contentar a sus seres queridos. Queda esperar para saber cuál será el próximo proyecto de Vermut y si este seguirá la estela temática que ha forjado hasta ahora, pero sí algo tenemos claro es que con su último filme —si es que no lo había hecho ya con ‘Magical girl’— se ha consagrado como uno de los grandes nombres de nuestra cinematografía.

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