Burning‘ es la sexta película de Lee Chang-dong, uno de los directores del cine surcoreano más prestigiosos y relevantes de los últimos 20 años. Chang-dong carece de una filmografía prolífica, ya que solo ha dirigido seis filmes y suele tomarse bastante tiempo entre uno y otro (su anterior cinta, ‘Poesía’, se estrenó en el año 2010). ‘Burning’ es su vuelta a la gran pantalla y ha sido abrazada por la crítica de medio mundo, obteniendo el Premio FIPRESCI en la pasada edición del Festival de Cannes.

A nivel personal solo he visto tres de sus seis películas: ‘Oasis‘, ‘Secret Sunshine’ y ‘Burning‘. ‘Oasis’ me parece una obra maestra y ‘Secret Sunshine‘ es un buen filme que flojea en su segunda mitad tras un inicio espléndido. ‘Burning’ es un animal muy distinto, y no es fácil expresar en palabras los sentimientos que genera su visionado. Intentaré explicaros por qué ‘Burning’ me ha parecido una cinta notable a la par que frustrante.

Misterios sin catarsis 

La película comienza enfocada como un drama romántico “convencional”. Pero a mitad del filme se introduce por un camino muy distinto y se transforma en un thriller repleto de misterios sin respuesta aparente. Lo que diferencia esta película a otras de premisa similar es su acercamiento. A Chang-dong no le interesa dar respuestas a todas las incógnitas que se van apilando en la historia, sino que decide jugar al despiste e imprimir ambigüedad a muchas de sus escenas para que sea el espectador quién decida qué ha ocurrido y encajar las piezas a su manera. Hay múltiples escenas con dobles lecturas, acontecimientos que podrían ser interpretados de formas muy distintas y personajes con comportamientos que invitan a dudar de sus intenciones.

Burning dirigida por Lee Chang-dong

Escena de “Burning” dirigida por el surcoreano Lee Chang-dong. Fuente: Vértigo Films

Quizás estas decisiones conscientes del director inviten al debate posterior y conviertan a ‘Burning’ en un rompecabezas al que volver en más de una ocasión, pero en ocasiones se vuelve en su contra. A título personal, a lo largo del filme me sentí algo frustrado porque la historia nunca busca satisfacer al espectador, igual que no satisface (no del todo) la curiosidad de su protagonista, Lee Jong-su (un fantástico Yoo Ah-in). En filmes donde existen preguntas sin respuestas o misterios que impulsan la trama, el espectador se encuentra en una constante necesidad de catarsis. En la dosis justa, esta catarsis puede generar una gran satisfacción en la audiencia porque los eventos anteriores han sabido atraparlos de tal forma que buscan expulsar la tensión generada como si de una válvula de escape se tratase. Pero esos momentos nunca terminan de llegar y cuando los créditos aparecen te deja con sensaciones encontradas en tu butaca.

No obstante, resulta estimulante asistir a un filme que se interesa más por su personaje protagonista y cómo le afecta cierta información que al hecho de descifrar incógnitas que sacien la curiosidad de éste y de la propia audiencia. Lee Chang-dong no nos cuenta una historia cimentada en la resolución de interrogantes, sino en cómo afecta a Lee Jong-su el desarrollo de dichos acontecimientos. Su obsesión creciente, su calma tensa, su búsqueda constante de respuestas mueven la trama hasta el final, y en ese sentido me parece una película muy coherente consigo misma y lo que intenta conseguir.

La exquisitez de un maestro

El director surcoreano domina todos los elementos esenciales de su labor con una suficiencia insultante. La belleza de sus planos, las metáforas visuales que utiliza a lo largo del filme y su interés por atrapar pequeños instantes de humanidad y realidad enriquecen la película de manera constante. El trabajo de fotografía de Hong Kyung-pyo (‘The Wailing’, ‘Mother‘) está en completa sintonía con la intención de Chang-dong, y utiliza colores específicos o breves instantes de luz para subrayar el núcleo temático de la historia (los tonos violetas, el naranja intenso de una llama). Hay planos preciosos que cuentan muchas cosas sin necesidad de diálogos explicativos, porque Chang-dong se ha encargado de establecerlo con anterioridad.

Por otra parte, la contraposición de elementos permanece presente en todo el filme, ya que es esencial para perfilar a los dos personajes masculinos que expresan interés por Shin Hae-mi (Jeon Jong-seo). Existe un choque de clases muy claro, no sólo a nivel visual (el tipo de casa, ropa y vehículos que usan) sino a nivel de lenguaje, ya que el coreano que utiliza Ben, el personaje de Steven Yeun, es un coreano de clase alta, resaltando las diferencias entre él y Lee Jong-su. En este sentido, resulta curioso que Jong-su sea un personaje parco en palabras, teniendo en cuenta que es un escritor en ciernes. Aún más curioso es el hecho de que solo le veamos escribiendo una vez, y sea una carta que necesita su padre. Todo esto mantiene la línea de lo anteriormente comentado respecto al misterio y la búsqueda de respuestas: los personajes no son definidos por su labores, sino por sus actos y por sus reacciones. Hay un plano de un bostezo que define a la perfección a uno de los personajes, y eso demuestra la capacidad de Lee Chang-dong no sólo para escribir buenos diálogos sino para prescindir de ellos y seguir ahondado en los personajes.

El único problema que le veo al filme a nivel narrativo es la incorporación de subtramas que nunca son desarrolladas de manera apropiada y se quedan como meras pinceladas de contexto para el personaje de Yoo Ah-in. Ambas situaciones aparecen de forma fugaz en la trama pero no son esenciales ni aportan algo que no pueda ser mostrado de otra forma más natural. Eliminando este par de escenas la película no se habría sentido tan larga de forma innecesaria y quizás habría fluido mejor. Pero es un mal menor ya que personalmente no transformó mi valoración global de la cinta.

En definitiva, ‘Burning’ es otra estimable película de Lee Chang-dong, dirigida con una clase de la que pocos pueden alardear, y regalando al espectador auténticos cuadros en los que perderse no solo por su belleza sino por su subtexto. No es un visionado convencional, y mi sensación es que no convencerá a todos, pero sin duda alguna es un esfuerzo encomiable y una de las experiencias más interesantes que he vivido este año en una sala de cine. Mi único deseo es que Chang-dong no espere otros ocho años para estrenar una nueva película.

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