Este año tengo el privilegio de cubrir el Festival Cineuropa 2018 para la web, y lo hago con mucha ilusión aunque mi trabajo me impida ver películas que en otra situación habrían formado parte de mi crónica semanal. A lo largo de las próximas tres semanas iré publicando mi opinión sobre todas las películas que vaya viendo, intentando abarcar distintas secciones y géneros variados para que os hagáis una idea aproximada del funcionamiento del festival y de su tremendo nivel. Filmes de algunos de los festivales más prestigiosos del mundo han llegado a la edición número 32 del Cineuropa, y será un placer haceros partícipes de esta experiencia.

Antes de iniciar mi repaso a las tres primeras películas que vi la pasada semana, quería destacar el visionado de ‘El Gabinete del Doctor Caligari‘ con música en directo. Esta proyección ha sido un auténtico gustazo y una de las experiencias más interesantes que he vivido en una sala de cine. Revisitar la cinta de Robert Wiene en la gran pantalla con una orquesta poniendo música a las imágenes a apenas unos metros de distancia ha otorgado una capa más de emoción a su visionado, y debo reconocer que me ha gustado más que en un primer acercamiento. El expresionismo alemán posee multitud de títulos imprescindibles, y esta película ha trascendido esta corriente cinematográfica por derecho propio. Si alguna vez tenéis la oportunidad de ver una película con música en directo, no os lo penséis dos veces. Y ahora sí, repasemos las películas vistas en los primeros días de festival.

Mirai, mi hermana pequeña (Japón). Dir. Mamoru Hosoda

Mirai‘ es la séptima película como director de Mamoru Hosoda, uno de los mayores exponentes del cine de animación asiático de la última década (‘La Chica que Saltaba a Través del Tiempo’ es una maravilla). En este filme Hosoda retrata la historia de una familia japonesa de clase media y los cambios que provocan la llegada de un nuevo miembro. La historia es contada desde la perspectiva de Kun-Chan, el hijo del matrimonio protagonista, y observamos cómo le afecta personalmente la llegada a casa de su hermana recién nacida. Kun-Chan se siente desconcertado por la transformación que sufre su vida diaria. Antes, al ser hijo único, todo giraba en torno a él, y ahora se siente desplazado a un lugar secundario, creando una frustración creciente en su intento por encontrar su lugar en su hogar.

La primera media hora de ‘Mirai’ me ha gustado mucho principalmente por su capacidad para contar una situación verosímil desde un punto de vista particular y hacerlo sentir natural y comprensible. Además, Hosoda nos muestra la vida de una familia moderna, alejándose de los clichés y el conservadurismo que aún perdura en nuestra sociedad, sobre todo en Japón, en la que los roles de género siguen algo estancados. En esta película, la madre es la que se marcha a trabajar mientras el padre trabaja desde casa a la par que cuida de los niños, y es un soplo de aire fresco observar una historia de animación desde una perspectiva actual. Creo que el primer acto de la película es notable precisamente por su manera de perfilar a los miembros de la familia y mostrarnos con naturalidad cómo hemos avanzado a nivel social (y desgraciadamente, lo que nos falta por avanzar).

Mirai, mi pequeña hermana dirigida por Mamoru Hosoda

Escena de “Mirai, mi pequeña hermana” dirigida por Mamoru Hosoda

No obstante, la segunda mitad del filme no me ha terminado de convencer por varios motivos. En primer lugar, creo que el cambio que sufre la película es bastante pronunciado y no termina de encajar lo visto anteriormente con esta sección más fantasiosa y “mágica”. Además, la historia parece querer recuperar al público más infantil y se vuelve redundante a la hora de mostrar nuevos personajes y situaciones. Llega un momento en el que asisto al desarrollo de acontecimientos con cierta indiferencia ya que hemos dejado a un lado la historia de la familia para construir mini aventuras que expandan el concepto de familia, pero nunca con el foco que necesita. Entiendo el objetivo de Hosoda y el mensaje final es muy bonito, pero creo que no lo sabe hilar de manera equilibrada. Creo que su idea tenía mucha fuerza pero no lo ha sabido rematar de la mejor manera.

En definitiva, ‘Mirai’ es una hermosa historia familiar con un inicio estupendo que nunca logra mantener a causa del cambio que se genera en un momento determinado de la trama. No me ha enganchado la parte más aventurera y el uso de saltos temporales parece anárquico de primeras y sólo tiene impacto cuando ya es tarde. No es un mal filme ni mucho menos, pero me ha dejado algo frío tras abandonar la sala.

Un asunto de familia (Japón). Dir. Hirokazu Koreeda

Un Asunto de Familia’ es la nueva película de Hirokazu Koreeda, y se trata de la ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2018. He ido al cine con mucha expectación pero reconozco que se trata de la primera película que veo del director. Desconocía su estilo y su forma de contar historias, así que he asistido a su visionado sin saber qué esperar. Afortunadamente, la película me ha embriagado gracias a su capacidad para transmitir humanidad.

Koreeda nos cuenta la historia de una familia poco convencional, y lo hace desde un prisma cercano y espontáneo. La cámara está permanentemente pegada a los personajes y nos muestra su día a día sin tirar de maniqueísmo barato. La historia no busca juzgar a los personajes por sus actos, sino que muestra las características que los hacen humanos y cómo su interacción refleja el amor y cariño que existe entre ellos. Es una película que podría haber tirado de conflictos melodramáticos a mitad de historia y manipular al espectador a través de la música y la lágrima fácil, pero nunca tira por ese camino. La trama gira en torno a la familia protagonista en todo momento y se ve una intención clara de perfilarlos de manera individual al separarlos a lo largo del día (ya sea por trabajo o cualquier otro motivo) para que nos hagamos una idea bien definida de quiénes son.

Un asunto de familia dirigida por Hirokazu Koreeda

Escena de “Un asunto de familia” dirigida por Hirokazu Koreeda

Por otra parte, uno de los aspectos que más me han emocionado es la forma en la que Koreeda captura hábitos e inercias que de primeras no parecen tener peso específico en la historia. Hay secuencias que no están relacionadas con el conflicto principal, pero no importa porque dichas escenas resultan esenciales para conocer a estas personas y conseguir que empaticemos con ellos. Los momentos más íntimos son precisamente los más poderosos porque reflejan la realidad de sus vidas, y existe un equilibrio perfecto entre todas las microhistorias que componen esta familia, por eso funciona de forma tan extraordinaria.

Esta película ha conseguido algo que ninguna otra película había hecho nunca: conseguir que me emocione con una escena que muestra la felicidad más pura de sus protagonistas. No es una escena que provoque catarsis en el espectador. No es la resolución de un conflicto o la revelación de un giro. Es simplemente una escena en la que una familia es feliz junta y no necesitan nada más. Es realmente hermoso observar cómo Koreeda apela a nuestras emociones más viscerales de manera sutil, sin apenas darte cuenta.

Un Asunto de Familia‘ es una historia que reinterpreta la definición de familia. Nos cuenta que los lazos de sangre no siempre son suficientes para que podamos conectar con otro ser humano a un nivel familiar. En ocasiones, tu familia puede estar formada por amigos, personas que has elegido, no por aquellas que te han creado pero no te aportan lo que deseas y mereces. Y me parece un mensaje precioso porque, a cierto nivel, estamos rodeados de familiares y creo firmemente que muchos de ellos no tienen lazos de sangre con nosotros. Porque considerar a alguien ‘tu familia’ va mucho más allá de la genética.

The Guilty (Dinamarca). Dir. Gustav Möller

En Cineuropa 2018 pudimos ver también ‘The Guilty’, el debut en la dirección de Gustav Möller, cineasta que solo tenía experiencia en televisión y cortometrajes. Se trata de un thriller establecido en un mismo espacio, como ya hiciera Steven Knight en la fabulosa ‘Locke‘ (2013), aunque en este caso el escenario se encuentra en una oficina de servicio de emergencias. El protagonista es un policía que se ve relegado a este trabajo y cuyo deber es recoger llamadas de gente que ha sufrido accidentes o algún tipo de percance y asistirles de la mejor manera posible. No todas las llamadas poseen la misma magnitud, pero una de ellas cambia por completo la inercia de su trabajo. Hasta ahí puedo leer.

The Guilty dirigido por Gustav Möller

Escena del thriller “The Guilty” dirigido por Gustav Möller

Esta película ha sido considerada por muchos como uno de los mejores thrillers del año, y no es por casualidad. Möller demuestra una pericia espectacular tras la cámara, ya que pese a su inexperiencia es capaz de mantener al espectador en tensión absoluta durante 90 minutos a pesar de que no abandonamos el lugar de trabajo del protagonista. La premisa es potente, pero sin la ejecución adecuada podríamos haber estado ante un filme soporífero y carente de urgencia dramática. Afortunadamente, el director es capaz de construir un estilo visual coherente y tirar de montaje sólo cuando la escena en cuestión se lo permite. Del resto, la cámara suele estar restringida a planos fijos, principalmente planos medios y primeros planos, pero nunca se siente estática porque los planos detalle cobran una importancia brutal y ayudan a trazar una línea de pensamiento en el espectador que se alinee a los pensamientos del protagonista, consiguiendo que nos metamos en su piel y busquemos soluciones a los problemas constantes a los que se enfrenta.

En un escenario tan constreñido, el guion y el desarrollo de la trama son indispensables y su funcionamiento es vital para que la historia no se vuelva redundante. Resulta tremendamente gratificante observar cómo los acontecimientos se van hilando con elegancia, criterio y una búsqueda constente de incertidumbre. Aunque se trate de un mismo espacio, la película tiene espacio para las sorpresas y revelaciones que no sólo abrumen al protagonista sino al propio espectador. Y en este sentido debo aplaudir el brillante trabajo de Jakob Cedergren, protagonista absoluto de la película y con la responsabilidad de mantener a flote una historia que depende en todo momento de su lenguaje corporal y su capacidad para transmitir multitud de emociones, muchas de ellas sutiles y variadas.

The Guilty‘ es un triunfo porque establece una serie de características que llevará hasta las últimas consecuencias a lo largo de su metraje y nunca defrauda. Su propuesta es atrevida, su ejecución es sobresaliente y nunca se limita a estirar el chicle del ‘gimmick’. Podría haber caído en efectismos burdos pero siempre transmite una seguridad en sí misma admirable. De lo más estimulante que he disfrutado este año en una sala de cine.

No dejes de leer