Crítica: Aquaman


Aquaman dirigida por James Wan

‘Aquaman’ es la sexta película del denominado DCEU (DC Extended Universe) y la primera individual del personaje tras su cameo en ‘Batman v Superman’ y su aparición en ‘Liga de la Justicia‘. La película está dirigida por James Wan, director conocido principalmente por sus películas de terror (‘Saw’, ‘Expediente Warren’, ‘Insidious’) pero con experiencia en grandes blockbusters (‘A Todo Gas 7’). Se trata de un proyecto arriesgado y con varios factores en su contra, pero a nivel personal debo decir que he salido muy satisfecho de la sala de cine.

De cero a héroe

La historia de ‘Aquaman’ nos traslada al presente del personaje y vemos su vida diaria desde un punto de vista cercano, pero a lo largo de la película se nos van mostrando flashbacks del personaje que funcionan como contexto pero también como piezas de un rompecabezas que ir encajando poco a poco. Obviamente no es una película difícil de seguir, me refiero a la forma de perfilar la figura de Arthur Curry (Jason Momoa), que es mostrado en diferentes etapas de su vida y observamos su transformación gradual. Creo que la película acierta con este acercamiento, ya que no busca contar una película de orígenes al uso, y tira del mismo mecanismo que ‘El Hombre de Acero’ para contextualizar a su protagonista. En este sentido, el montaje sabe cuándo y cómo introducir dichas secuencias, y nunca rompen el ritmo de la película porque en muchas ocasiones dichos flashbacks explican motivaciones a través de la acción.

Por otra parte, aunque el viaje del protagonista transita lugares comunes y no muestra nada nuevo, creo que funciona no sólo por la presencia física de Jason Momoa, que abraza su personaje con naturalidad y sentido común, sino por el tono que imprime James Wan a la historia. A ratos divertida, a ratos aventurera y en muchos momentos realmente épica y ambiciosa. Arthur recorre el camino del héroe superando escollos y tropezando en varias ocasiones hasta comprender su verdadera naturaleza y aceptar su destino. Hay pinceladas de conflicto realmente interesantes, pero la película va a toda velocidad en su primera mitad y quizás no ahonda lo suficiente en las dinámicas que crea alrededor de ciertos personajes. Algunos de ellos desaparecen por un largo periodo de tiempo para ser recuperados cuando ya casi habíamos olvidado su trascendencia inicial. Afortunadamente, cuando reaparecen suelen tener escenas para brillar y recuperar el impacto perdido o diluido por otras tramas. Arthur intercambia frases y golpes con un gran número de personajes, y en líneas generales todas ellas tienen tiempo suficiente para calar hondo, más que nada porque James Wan dirige de forma portentosa y nunca se olvida de aportar épica a sus personajes.

Personalidad necesaria 

Uno de los principales problemas de ‘Aquaman’  es su simplicidad y cierta torpeza a la hora de construir diálogos entre personajes. Pocas frases consiguen quedarse en la memoria cuando abandonas la sala, y en mi caso personal sentí que el guion no estaba suficientemente trabajado en este sentido. Las bromas en muchas situaciones eran realmente simplonas y no siempre aterrizaban como debían, creando una sensación de desequilibrio entre lo que aporta Wan tras la cámara y el material del que ha tenido que partir para dirigir la película. Creo que el filme podría haber sido mejor con mayor mimo a las escenas más pequeñas y menos ruidosas, y la emoción habría enfatizado el conflicto de la cinta.

Aquaman dirigida por James Wan
Imagen de «Aquaman» dirigida por James Wan. Fuente: Warner Bros

No obstante, el verdadero dueño y señor del filme y artífice de muchos de sus triunfos es James Wan, que demuestra tener una personalidad siempre presente en pantalla y parece haber desarrollado un sello personal que lo define, especialmente en la forma de rodar la acción. A lo largo del filme me vinieron a la mente las hermanas Wachowski, ya que éstas comparten con Wan ciertos elementos a la hora de filmar combates cuerpo a cuerpo. En primer lugar, el uso de planos sin cortes que siguen los movimientos de los personajes y que giran en torno a ellos para aportar agilidad a la secuencia. En muchas ocasiones, Wan tira de este tipo de planos, y queda visualmente espectacular, aunque reconozco que quizás llega a abusar de ellos porque en casi todas las escenas de acción hay al menos un plano así. Por otro lado, el uso del plano cenital y los movimientos de cámara hacia adelante y atrás ayudan a aportar variedad a dicha escena y también a realzar detalles del escenario que serán útiles a lo largo de la secuencia, ya sea un sofá, una puerta o unas botellas. Los golpes de los personajes se sienten pesados porque Wan repite lo acontecido de manera breve desde perspectivas distintas, consiguiendo enfatizar dicho golpe. Sinceramente pienso que James Wan ha dirigido unas escenas de acción portentosas, alejadas de la inercia habitual en este tipo de filmes y consiguiendo trascender en un género en el que ya hemos visto de todo.

Luz, agua y destrucción en Aquaman

Las secuencias bajo el agua eran uno de los grandes peligros de la película porque, si no funcionaban o se sentían artificiales, la cinta se venía abajo. Afortunadamente han sido listos y sólo han modificado la imagen de tal forma que sientes que los personajes están bajo el agua pero puedes observarlos al detalle sin perderte nada de lo que ocurre. El pelo suelto también ayuda a mostrar el lugar en el que se encuentran al ver su movimiento natural bajo el agua, y también han sido inteligentes a la hora de recoger o atar el pelo de muchos personajes (la mayoría secundarios o extras) para que el trabajo de post-producción no fuera un infierno. Se nota que pensaron mucho en cómo conseguir que estas secuencias se sintieran realistas a la par que cinematográficas.

La fotografía de la película destaca por su alto contraste, su uso constante de tonos cálidos (sobre todo fuera del agua) y por su manera de acentuar colores específicos, ya sea el rojo intenso de la melena de Mera (Amber Heard), el blanco de los soldados o de Atlanna (Nicole Kidman) y el dorado de Orm (Patrick Wilson) o el propio Arthur. Se nota que DC ha dado un giro de 180 grados en su forma de iluminar sus películas, y ya vimos los primeros vestigios de este cambio en ‘Wonder Woman‘ e incluso ‘Liga de la Justicia’. Sin embargo, aunque me encanta la paleta cromática que usa la película y creo que le sienta realmente bien al tipo de historia y tono que posee, hay momentos en los que se nota que los personajes están frente a una pantalla verde. El exceso de luz en momentos puntuales (sobre todo amaneceres, atardeceres y similares) crea una sensación de falsa realidad que juega en contra de la escena. Quizás con un mejor acabado en este sentido, o simplemente con un mayor control de la luz para disimular el croma habrían ayudado a ciertas escenas.

De todas formas, debo decir que los efectos visuales de la películas son magníficos en su gran mayoría. La ambición y escala de ‘Aquaman’ es descomunal, y hay escenas en las que están ocurriendo muchas cosas a la vez y casi todo lo que ves en pantalla es CGI. Afortunadamente, las texturas están bien realizadas, el diseño de producción es hermoso y Atlantis luce de maravilla, y la batalla final es un despiporre de CGI como pocas veces he visto en mi vida. El gran acierto de James Wan a la hora de dirigir esta secuencia es su decisión de ir de lo general a lo particular y viceversa. Si un plano general contiene demasiada información para que el espectador la asimile, hace un ‘zoom in’ o un travelling que acerque la cámara a elementos específicos como humanos o animales en plena batalla. Todo se siente fluido porque los planos son largos y la cámara tiene una libertad absoluta a la hora de moverse, y como si se tratara de dibujos animados, se mueve vertiginosamente de un extremo del escenario al otro para que entendamos quiénes se están enfrentando, con qué armas y en qué lugar concreto. Ha tenido que ser un trabajo insufrible de pre-producción, pero los resultados en pantalla son espléndidos.

En definitiva, ‘Aquaman‘ es una película muy entretenida, visualmente espectacular, con unas secuencias de acción impresionantes y una historia simplona, algo manida pero lo suficientemente sólida para que no se venga todo abajo. Hay problemas, sin lugar a dudas, pero lo esencial funciona. Los villanos están bien perfilados aunque luego su desarrollo no sea el mejor, pero la química entre Momoa y Heard es palpable y Nicole Kidman aporta dignidad y decencia  a un filme que no tiene miedo a pensar a lo grande, a arriesgar en su propuesta y abrazar la locura en momentos puntuales. Cada semana voy al cine con la ilusión de vivir una experiencia cinematográfica que me transporte a mundos nuevos, a historias que me emocionen o sorprendan, a que el cine haga su magia y olvidemos por unas horas que estamos sentados en una sala de cine. Y ‘Aquaman‘ lo ha conseguido. No es de lo mejor del género ni mucho menos, pero es mucho mejor de lo que había esperado.

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1 Comment

  1. Carlos
    24 diciembre, 2018
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    Coincido con las críticas en términos básicos porque no soy un especialista pero si un dilettante que diariamente ve cine. Además me ayudan a ver y gozar más allá de la inmediata sensación.

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