Adam McKay dirige ‘El vicio del poder‘, una visión entre bastidores y nada convencional del antiguo vicepresidente estadounidense Dick Cheney y su sigiloso ascenso de becario del Congreso al hombre más poderoso del mundo.

El camaleónico Christian Bale se encarga de meterse completamente en la piel del reservado personaje que cambió el mundo de forma que pocos líderes han podido hacer en los últimos 50 años. El reparto también incluye a Steve Carell, como el afable pero duro Donald Rumsfeld, Amy Adams, como la ambiciosa mujer de Cheney, y Sam Rockwell, como el maleable George W. Bush.

El vicio del poder: entre lo político y lo personal

Como tantos otros estadounidenses, el director Adam McKay tenía muy poca información directa sobre el esquivo y aparentemente inescrutable Dick Cheney, que ejerció de copresidente virtual de George W. Bush entre 2001 y 2009, y, con ello, cambió la historia estadounidense si no para siempre, desde luego para las décadas siguientes. “No sabía gran cosa sobre Dick Cheney, pero, a medida que empecé a leer sobre su vida, me quedé fascinado con él, con lo que lo impulsaba, aquello en lo que creía. Seguí leyendo más y más y me quedé pasmado con la sorprendente manera con la que Cheney fue adquiriendo poder y lo mucho que ha influido en el lugar que ocupan actualmente los Estados Unidos en el mundo”.

Dick Cheney fue un gran aficionado a la pesca con mosca, un deporte que requiere paciencia, una virtud que le resultó muy útil en su metódico ascenso por el escalafón, tanto en política como en los negocios, arguye McKay. Sin embargo, nada de eso habría importado sin los ánimos y la ambición de su mujer, la antigua Lynne Vincent, su amor desde los tiempos del instituto. Después de que Cheney fracasara en sus estudios en Yale y lo pillaran un par de veces conduciendo bajo los efectos del alcohol, su mujer lo ayudó a enderezarse. “Sin duda, fue la naturaleza ambiciosa de Lynne lo que transformó a Dick Cheney”, afirma McKay. “Aquellos que la conocían entonces decían que con quienquiera que se casara, llegaría lejos. De otro modo, Dick podría haber acabado llevando una vida tranquila en Wyoming, como sus hermanos”. Cheney se convirtió en el conducto de Lynne al poder, según McKay. “Tenía el cerebro y la ambición, pero se dio cuenta de que, al ser mujer, le estaban cerradas ciertas puertas. Así que, aunque ella no pudiera manejar personalmente los hilos del poder, sabía cómo situar a alguien para que los manejara por ella”.

Después de una documentación intensiva y de numerosas entrevistas personales, McKay consiguió delimitar más el enfoque que quería darle a la historia y empezar a escribir el guion. Naturalmente, en este caso, concretar la historia suponía empezar en Wyoming en la década de 1950 y llegar hasta los primeros años del siglo XXI.

personajes de El vicio del poder

George W. Bush (Sam Rockwell), Dick Cheney (Christian Bale), Colin Powell (Tyler Perry) y Donald Rumsfeld (Steve Carell) en “El vicio del poder”

En sus comedias y en su guion ganador del Oscar para ‘La gran apuesta‘, McKay ya matizaba elementos que vemos en ‘El vicio del poder’, como una narración que avanzaba en el tiempo con elementos poco ortodoxos, un narrador poco convencional, romper la cuarta pared, momentos de humor surrealista e imágenes documentales que crean un género híbrido con el que los espectadores podrán conectar. Películas como ‘La gran apuesta’ y ‘El vicio del poder’ no son estrictamente dramas ni estrictamente comedias. Pero incorporan elementos de ambos. Su particular estilo es casi parte de su ADN.

“Es una historia profundamente ambiciosa, más épica que biográfica. ‘El vicio del poder’ recoge 40 años de política estadounidense y cómo hemos llegado a la situación en la que nos encontramos actualmente. Pero también trata sobre la cultura estadounidense y cómo ha cambiado nuestra sociedad a lo largo del tiempo”.

Adam McKay hace uso de un narrador no convencional (interpretado en la película por Jesse Plemons, de ‘Los archivos del Pentágono‘ y la serie ‘Fargo’). Un personaje metafórico, un sustituto de los espectadores que adopta distintas apariencias a lo largo del filme. Se trata de una forma de representar al hombre corriente en esta historia, alguien que se siente igual que la mayoría. Y McKay lo hace con humor y especificidad, permitiendo al personaje mantenerse como eje emocional de la película. Una manera de abordar esta historia a través de una persona que no procediera del mundo de la política, sino de la vida americana corriente. Es un recurso muy inteligente que se entrelaza con la historia y tiene un efecto emocional.

El vicio del poder‘ examina a la familia Cheney y el ascenso político del propio Cheney, el cual se consideraba a sí mismo un hombre de familia. Lo motivaba su mujer, Lynne, a quien la unía un vínculo común. Ambos compartían ideas con muchos de los personajes de la película, un deseo de asegurarse de que su familia estuviera segura, aunque tal vez esa seguridad pudiera venir a veces a expensas de otras personas que no formaran parte de la familia.

Películas como ‘El padrino‘ trataban ese mismo tema. Cuesta reconciliar a un dedicado padre de familia con algunos de los sucesos que se produjeron mientras ocupaba su cargo y eso es una parte importante del arco dramático de la película. La historia de la familia Cheney no solo permite rastrear su origen como político, sino que también dota de dimensionalidad y humanidad a la historia.

Fuente: eOne Films