Vera Caspary, la mujer que escribió Laura


Vera Caspary

Hoy hablaremos de la importancia que tuvo Vera Caspary en el film noir de Hollywood, pero antes hablemos de las fuentes literarias del cine negro norteamericano de postguerra. Los años inmediatos al final de la Segunda Guerra Mundial marcan el inicio de una fase crucial en la creación y popularización de la ficción literaria y cinematográfica. Una serie de eventos que suceden simultáneamente hacen posible su desarrollo: la producción en Hollywood de un número creciente de películas pesimistas, el estreno en Europa de películas estadounidenses y la aparición en Estados Unidos del libro de bolsillo. Cuando en Francia se estrenan las películas ‘Double Indemnity’ de Billy Wilder y ‘Murder, My Sweet’ de Edward Dmytryk (ambas en 1944), queda claro que «los estadounidenses también están haciendo películas oscuras».

Para crear este cine negro, Hollywood se basa en el trabajo de autores que escriben sobre crímenes y delitos. A la hora de llevar sus novelas al cine, muchos de ellos son contratados para trabajar también como guionistas. Entre los más destacados están David Goodis, Raymond Chandler, James M. Cain, Dashiell Hammett, Graham Greene o Ernest Hemingway entre otros.

Algunos de los grandes clásicos de la época también han sido adaptaciones de novelas de ficción pulp y hardboiled escritas por mujeres de gran talento, como Dorothy Hugues, Leigh Brackett, Zenith J. Brown, Vera Caspary, Elizabeth S. Holding, Zoe B. Akins, Valerie Taylor, Faith Baldwin, Tereska Torres, Rita Weiman, Dorothy L. Sayers, Clara Beranger y Lenore J. Coffee.

Muchas de estas desarrollan, además, un rol indispensable como guionistas en la realización de clásicos como ‘Dead End’ (William Wyler, 1937), ‘Now, Voyager’ (Rapper, 1942), ‘Laura’ (Preminger, 1944), ‘The Big Sleep’ (Hawks, 1946), ‘Bedelia’ (Comfort, 1946), ‘The Blue Gardenia’ (Lance Comfort, 1946), ‘Ride the Pink Horse’ (Montgomery, 1947), ‘Possessed’ (Curtis Bernhardt, 1947), ‘Beyond the Forest’ (Vidor, 1949), ‘In a Lonely Place’ (Ray, 1950) y ‘Sudden Fear’ (Miller, 1952), entre otros títulos. De hecho, durante la primera mitad del siglo XX, Hollywood cuenta con casi cuarenta escritoras y guionistas.

Leigh Bracket
Howard Hawks, Leigh Brackett, Lauren Bacall y Humphrey Bogart en el rodaje de «El sueño eterno»(1946)

Es bien conocido el trabajo colaborativo entre Raymond Chandler y Billy Wilder o el de John Huston y Dashiell Hammett, pero ¿sabías que la escritora Leigh Bracket era la mano derecha de Howard Hawks, y escribió los guiones de ‘The Big Sleep’ y ‘The Long Goodbye’, entre otros? ¿O que Dorothy B. Hughes fue la escritora de las novelas ‘In a Lonely Place’, ‘Ride the Pink Horse’ y ‘The Fallen Sparrow’, posteriormente llevadas a Hollywood?

Se desconocen las grandes colaboraciones no sólo entre escritoras o guionistas y directores o directoras, sino también entre guionistas y actrices. El libro de Marsha Mc Creadie, The Women who Write the Movies: From Frances Marion to Nora Ephron (1994), ha hecho un magnífico trabajo de recuperación de las múltiples relaciones de colaboración entre las profesionales del séptimo arte a lo largo de casi todo el siglo XX y la importancia de éstas a la hora de desarrollar personajes femeninos fuertes y complejos.

Mc Creadie subraya la relación profesional que se establece entre la guionista Lenore Coffee, quien escribe para Joan Crawford y Bette Davis, o la de Zoe Akins y Mary Mc Call, quienes trabajan en muchos filmes dirigidos por Ida Lupino. También se habla de los vínculos profesionales entre las directoras y productoras con las actrices, guionistas y editoras, puesto que muchas de ellas, como Ida Lupino, Dorothy Arzner y Joan Harrison, se desarrollan en todas estas áreas.

El universo criminal de Vera Caspary

En la ficción pulp de los años cuarenta, las tramas giran a menudo en torno a secretos criminales sensacionalistas, a menudo narrados en primera persona o enmarcados como testamento o confesión. Son historias que tienen como protagonistas a hombres violentos y víctimas auto-engañadas, criminales, policías torcidos, asesinos, psicóticos y mujeres traicioneras. Vera Caspary (1899-1987) llega a convertirse en una de las escritoras y guionistas más prolíficas de la época, a pesar de la escasa investigación que se ha hecho sobre su trabajo. De sus más de 20 novelas, varias de ellas fueron llevadas a la pantalla noir, como es el caso de las célebres ‘Laura‘, en cuyo guion no pudo participar, y ‘The Blue Gardenia’o o ‘Bedelia’, adaptación donde ella misma trabajó como guionista.

Vera Caspary y sus obras Laura y Bedelia

Vera Caspary rechaza imitar las historia que se basan en la rivalidad entre mujeres para conseguir al hombre. También se opone a caracterizar a sus protagonistas mediante versiones dualistas y antitéticas del comportamiento femenino, como la buena vs la mala, pues no consideran que sean las únicas posibilidades de comportamiento de la mujer. Sus novelas, por lo tanto, combinan la búsqueda de identidad y amor de las mujeres con los complots de asesinato. El deseo de independencia es el elemento clave de muchas de sus protagonistas, cuyas historias giran en torno a mujeres que sufren algún tipo de amenaza, sin por ello ser víctimas que tienen que ser rescatadas.

Laura, película pionera del ciclo noir

Muchos estudios críticos sobre el film noir y sus orígenes situan esta película entre las pioneras del género. Caspary, en su obra autobiográfica The secrets of grown-ups (1979), comenta que la historia comenzó como una obra de teatro, pero no suscitó interés y quedó sin terminar. Tras reescribir la trama en formato de un guión de veintidós páginas para ser llevado a la pantalla, y que tampoco pudo vender, su amiga Ellis St. Joseph le sugirió que probara el método de Wilkie Collins, mediante el cual cada personaje cuenta su propia versión de los hechos, revelando u ocultando información de acuerdo con sus propios intereses.

«Mi agente escribió uno de los peores contratos jamás escritos. Lo firmé tan descuidadamente como un cheque de cinco dólares. Como me recordarían en restaurantes y estacionamientos, había firmado un millón de dólares. ¿Quién hubiera pensado que una película que por toda su elegancia no era cara, cuyas estrellas no eran consideradas importantes en ese momento, se convertiría en un éxito de taquilla y en una leyenda de Hollywood?». Vera Caspary

La novela cuenta la historia de Laura Hunt, a quien todos dan por muerta de asesinato en su apartamento. Mientras el inspector de policía Mark McPherson investiga el crimen, el retrato de Laura y sus posesiones lo atraen fuertemente hacia esta mujer misteriosa. Un día, Laura reaparece para sorpresa de todos, y se verifica que la víctima era una modelo de gran parecido a Laura. Los sospechosos del asesinato incluyen ahora al prometido de Laura, con quien la modelo tuvo un flirteo, y la propia Laura. La novela concluye con una repetición de las circunstancias originales y se descubre al verdadero asesino, llevado por unos deseos obsesivos por poseer a Laura.

Siguiendo el método Collins, Vera Caspary utiliza las perspectivas de tres narradores: Lydecker, Mc Pherson y Laura. En la película, los puntos de vista de Lydecker y McPherson se mantienen con el uso de la voz en off, flashbacks y documentaciones con la cámara de las búsquedas de un atormentado McPherson en el apartamento de Laura. El testimonio de Laura, sin embargo, se pierde, con lo cual queda relegada a un mero objeto en lugar de permitirle cerrar la historia, como sucede en la novela.

A diferencia de la película, en la novela Caspary profundiza en las diferencias de clase entre Lydecker y PcPherson. El problema no es tanto la herencia de la heroína, sino el carácter de la nueva mujer. Lydecker es el mentor de Laura y no puede aceptar que la misma elija libremente a otro hombre, según él, de menor estatus social y cultural.

Bedelia, retrato de una mujer desesperada

Vera Caspary escribe esta novela en 1944 y algunos estudios confirman que la novela está inspirada en otra novela decimonónica, Lady Audiey’s Secret, escrita por Mary Elizabeth Braddon en 1863 sobre un suceso que causó mucho revuelo para la época. Bedelia se centra en la relación de la joven pareja Charlie y Bedelia Horst, recientemente casada. Viven en una casa de campo en Connecticut y Charlie descubre que su esposa perfecta ha intentado envenenarlo y que sus exmaridos habían muerto por esta misma causa. La novela se ha interpretado como una historia que refuerza los roles de género de la época, castigando a las mujeres que intentan transgredirlos. Son consideradas mujeres peligrosas, capaces de matar por poder y dinero. No obstante, si se tiene en cuenta la trayectoria literaria de Caspary, así como las influencias recibidas por la novela victoriana de Braddon, se puede afirmar que la novela expone una preocupación acerca de los valores imperantes que limitan las oportunidades de emancipación de la mujer en la América de los años 40.

El final de la novela expone la tensión entre el deseo de independencia socio-económica de Bedelia y la aceptación de los modelos de feminidad socialmente aceptados. Subraya así la precariedad de los matrimonios de conveniencia y, por ende, alerta al público lector de los peligros tanto para el hombre como para la mujer de este tipo de relaciones, donde la mujer depende completamente de los ingresos y del estatus social del hombre. La culpa recae en las estructuras sociales donde la falta de oportunidades laborales para la mujer y los roles de género artificiales promueven la creación de estas mujeres asesinas. Se puede decir que el personaje de Bedelia, al igual que el de Laura, vislumbra la llegada de la mujer profesional, la llamada career woman.

A diferencia del final literario, que termina con Charlie sentado junto a Ellen, la que iba a ser su esposa antes de conocer a Bedelia, la última escena de la película muestra a una Bedelia que acepta el suicidio impuesto por su esposo y se toma el veneno. Seguidamente aparece un primer plano de Bedelia pintada en un cuadro mientras una voz en off reafirma la intención de Bedelia de matar por dinero –there was no mistery about the murderess, she killed for money, but there was still an enigma, the enigma of the soul of a human being to commit murder. Bedelia could caress, and with the same soft hands she could poison in cold blood. In that delicate balance of good and evil lies the deepest of human misteries. The problem that no detective, physician or psychologist has ever solved.

Àl finalizar la producción de la película, Caspary le escribe una carta a Joseph I. Breen y dirigida a la Motion Picture Association, en la que protesta por el final de la adaptación fílmica, alegando que la tragedia de Bedelia reside en darse cuenta justo antes de ser descubierta de que el amor de su marido es lo único por lo que vale la pena vivir, con lo cual el suicidio puede interpretarse como una escapatoria a sus remordimientos, y no tanto para evitar el castigo de la ley. Su defensa del mensaje de la novela y del guión indican que Vera Caspary buscaba que el lector/espectador simpatizara con la protagonista y considerara la posibilidad de un matrimonio feliz si su marido no hubiera intervenido en el destino trágico de Bedelia.

Más allá de los finales maniqueos de las producciones cinematográficas de la época, que censuran otras interpretaciones posibles y limitan la fuerza de las voces femeninas, Vera Caspary crea a sujetos femeninos que responden a un contexto social específico, marcado por una crisis de identidad social y sexual. Sus protagonistas se enfrentan a situaciones adversas y violentas que facilitan la empatía del público, quien toma conciencia de la vulnerabilidad en la que se encuentran y la impotencia que sufren, evitando la condena moral de sus acciones.

El reconocimiento de las escritoras y guionistas que colaboraron en el desarrollo del cine negro ha pasado desapercibido por gran parte de la crítica fílmica y los trabajos de estas profesionales siguen siendo prácticamente desconocidos por el público aficionado al género. Al igual que Vera Caspary, Dorothy B. Hughes es autora de una serie de novelas criminales, muchas de las cuales son llevadas a la gran pantalla de posguerra. Cabe destacar el film clásico ‘In a Lonely Place‘, protagonizado por Gloria Grahame y Humphrey Bogart, un proyecto que se enmarca en la tercera fase del ciclo noir, entre 1949 y 1953, y se caracteriza por la acción psicótica y el impulso suicida de sus protagonistas. En la adaptación de la novela de Hugues se realizan unos cambios importantes que cambian la perspectiva del público hacia el protagonista masculino. Pero esto es material que amerita otro artículo.

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