Crítica: La favorita


La favorita dirigida por Yorgos Lanthimos

La favorita‘, una de las películas más esperadas de este año, llega a la cartelera con una aureola de nominaciones y reconocimientos en la temporada de premios. Ya desde el estreno en 2009 de la inolvidable ‘Canino’, convertida en un clásico de culto moderno, el cineasta griego Yorgos Lanthimos ha logrado mantener un estilo reconocible, insistiendo en una serie de obsesiones recurrentes (la condición humana y sus contradicciones, la familia vista como extraña construcción social) a medida que sus proyectos crecían en envergadura y presupuesto. Tanto en la notable ‘Langosta’, su salto al cine en lengua inglesa, como en la posterior y más discutida ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’, el director dejó clara su vocación de mantener intacto su sello de autoría, que atrae a intérpretes de la talla de Colin Farrell, Nicole Kidman o Rachel Weisz, protagonista de su nuevo filme junto a la oscarizada Emma Stone y la oscarizable (parte con ventaja en las apuestas de este año) Olivia Colman.

En ‘La favorita’, Lanthimos sorprende ya de mano al trasladar a la pantalla un guion ajeno, escrito a cuatro manos por Deborah Davis y Tony McNamara. Pero el temor de sus seguidores a encontrarse ante un mero encargo se disipa ya en la introducción de esta atípica cinta de época ambientada en la corte británica del siglo XVIII, en la que el espectador percibe la renuncia al encuadre academicista habitual en el género, y una arriesgada apuesta por un lenguaje contemporáneo y absolutamente anacrónico, como las locas danzas palaciegas y la música pop que se entremezcla con los clásicos de Bach, o la iluminación naturalista que puede remitir al ‘Barry Lyndon’ de Stanley Kubrick.

La película, que fabula acerca de la vida en la corte de la reina Ana Estuardo (sobresaliente Olivia Colman) sin ceñirse a acontecimientos reales y contrastados, tiene mucho de perversión de arquetipos, comenzando por los del propio género de intrigas palaciegas de cuyos encorsetados clichés se libera pronto. Pero su principal transgresión reside en sus personajes y en su condición femenina. El hecho de que las luchas de poder cruzadas y las estrategias moralmente reprobables por alcanzar (o mantener) un determinado escalafón social estén encarnadas en tres ambivalentes y temibles mujeres, convierte a ‘La favorita’ en una drama de época que va mucho más allá de la autoafirmación feminista light de, por ejemplo, algunas recientes revisiones de clásicos de Jane Austen.

La favorita dirigida por Yorgos Lanthimos
Escena de «La favorita» dirigida por Yorgos Lanthimos

A medida que asistimos al travieso duelo entre dos cortesanas (Rachel Weisz y EmmaStone, en un enfrentamiento digno de Bette Davis y Joan Crawford) por ejercer de favorita de la reina, constatamos que Lanthimos sigue hurgando en los rincones más oscuros de la condición humana, a través de personajes que hacen gala de una inmoralidad propia de un animal salvaje luchando por su propia supervivencia. Algo que impacta aún más cuando sus protagonistas portan los inmaculados trajes de la corte británica y se mueven entre sus imponentes escenarios, lo que nos sitúa ante otro elemento recurrente en la obra del director griego: la escandalosa impostura de determinados constructos sociales.

En definitiva, ‘La favorita’ es un filme que trasciende el mero producto de época academicista para presentar al espectador una estimulante reflexión sobre los límites de la ambición y la erótica del poder, por medio de un guion que -pese a caer en su segunda mitad en algunos lugares comunes del subgénero- posee un tan pertinente como provocador giro feminista que consiste paradójicamente en arrebatar a los hombres la exclusividad de la mezquindad humana. Todo ello, elevado por una labor excelsa de sus tres magníficas protagonistas.

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