Crítica: High Life


High Life dirigida por Claire Denis

High Life‘ es la nueva película de Claire Denis, y en este proyecto la directora se embarca en un viaje espacial en el que la parte más visceral y primaria del ser humano hace acto de presencia. La cinta comparte similitudes con filmes como ‘Moon’ (Duncan Jones, 2009) y ‘2001: Una Odisea del Espacio‘ (Stanley Kubrick, 1968), no tanto a nivel narrativo como a su forma de aislar a sus protagonistas y convertir el espacio en un lugar solitario contra el que no es fácil luchar.

Denis no se anda con medias tintas, y nos presenta un lugar agresivo y perturbador desde casi el primer momento. La película comienza con un solitario Monte (Robert Pattinson) y cómo su vida se ha reducido a una repetición de hábitos diarios, y muestra resignación ante una situación de la que no parece haber salida. Con el paso de los minutos, el montaje cobra mayor protagonismo y empezamos a ver flashes de un pasado relativamente reciente, mostrando la relación de Monte con el resto de la tripulación, y cómo sus instintos se adueñan de sí mismos hasta convertirlos en animales que sólo en momentos puntuales son capaces de razonar. Cada personaje se encuentra ahí por un motivo distinto, y sólo de manera sutil conocemos los porqués de su estancia en dicha nave. Es una historia que requiere paciencia porque las respuestas no siempre son obvias y su narrativa fragmentada apela al pensamiento activo, a la construcción de un rompecabezas que por otra parte no resulta difícil de resolver.

High Life dirigida por Claire Denis
Escena de «High Life» dirigida por Claire Denis

Además, todo ello está apoyado por una dirección elegante aunque nunca instrusiva, y una fotografía repleta de contrastes y colores intensos que enfatizan esta hermosa pesadilla. Denis tira de numerosos recursos para meternos en la piel de los protagonistas, desde primerísimos primeros planos hasta POV para introducirnos en la mente de Monte y ver las cosas a través de sus ojos. A nivel formal, creo que tiene ciertas similitudes con ‘Under the Skin‘, la extraordinaria cinta de Jonathan Glazer, en el sentido de que la belleza de las imágenes no nos nubla a la hora de observar situaciones realmente inquietantes, y nos regocijamos al mismo tiempo que torcemos el gesto debido al contenido de las imágenes. Si a todo ello sumamos a un espléndido Robert Pattinson en un papel contenido y sereno pero con matices esenciales, (muy alejado de lo que nos mostró en ‘Good Time‘, uno de sus mejores trabajos), la película termina de alzar el vuelo y alcanzar una trascendencia que deleita, confunde y desconcierta a partes iguales.

Mi sensación es que ‘High Life’ ha recibido opiniones muy divididas allá donde se ha estrenado porque no tiene miedo a mostrar situaciones extremas o incómodas, y hay escenas realmente violentas no sólo a nivel físico sino también emocional que nos atraviesan la piel. La cinta se enfanga y nos hace partícipes de ello, por lo que abandonamos la sala sintiéndonos sucios y consternados tras lo que acabamos de ver. Pero precisamente por eso he disfrutado su visionado y ha sido una de las experiencias más estimulantes que he vivido este año en una sala de cine. Porque la película no tiene miedo.

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