Crítica: Glass


Glass dirigida por M. Night Shyamalan

19 años ha tardado M. Night Shyamalan en finalizar su trilogía con ‘Glass’. En el año 2000 estrenó ‘El Protegido’, filme de superhéroes desde un punto de vista realista, minimalista y emocional. La cinta hizo dinero, pero no fue tan bien recibida como lo hizo ‘El Sexto Sentido’ (lo cual dice mucho de las expectativas que construimos antes de entrar en una sala de cine). En 2017 se estrenaría ‘Múltiple’, película (ATENCIÓN SPOILERS) en teoría original e independiente que resultó ser una secuela encubierta de ‘El Protegido’ tras mostrar en los últimos segundos de la misma a David Dunn (Bruce Willis) FIN SPOILERS.

Dicho filme fue un auténtico éxito y devolvió a Shyamalan a las grandes ligas tras una década enlazando decepciones y fracasos. Con todo este bagaje, y tras recuperar cierto prestigo y la confianza de los estudios, Shyamalan se puso en marcha para finalizar su trilogía con ‘Glass’, idea que ya tenía en mente desde el estreno de ‘El Protegido’. ¿Ha conseguido cerrar esta historia de forma digna y satisfactoria? Sí y no, y ahora os intentaré explicar por qué.

Deconstruir una idea

‘Glass’ es una película que intenta conjugar elementos de ambos filmes anteriores, pero siempre buscando tener personalidad propia. Podría haber tomado caminos más convencionales, pero opta por un acercamiento más reflexivo y analítico. Shyamalan quiere hablarnos sobre la idea del héroe, y busca profundizar en lo que implica convertirse en uno. Plantea preguntas en torno al origen y construcción del héroe desde un prisma escéptico y racional, pero también desde la admiración. Los personajes dudan de sí mismos, de sus habilidades y de lo que los define, y esa sensación se extrapola al espectador, que asiste a la historia con incertidumbre. Me parece admirable que Shyamalan no haya escogido el camino fácil y haya querido ahondar en ideas que no suelen ser examinadas de esta forma, ya que filmes con esta temática suelen quedarse en la superficie salvo honrosas excepciones.

Por otro lado, gran parte de la historia queda constreñida a un solo espacio, permitiendo que la dinámica de personajes se adueñe de la historia y el ritmo lo marquen las sensaciones y reflexiones que los personajes ponderan. Aunque tiene alguna que otra secuencia de acción, el verdadero núcleo de la historia recae en el trío de protagonistas en primer término y Ellie Staple (Sarah Paulson) en un nivel inferior. La citada Staple tiene un papel importante en la trama porque sus diálogos con los personajes son los que incitan al conflicto y desarrollo de sus propios arcos dramáticos. Mi problema reside en la incapacidad del personaje de defender su tesis de una forma interesante, convincente y que choque con las preconcepciones de Elijah, Kevin y David. Es el típico personaje que intenta controlar la situación pero que nunca tiene suficiente entidad para otorgarle el peso que realmente tiene a nivel de guion, aunque no de ejecución. El desenlace del personaje es anticlimático porque no se han establecido ciertos aspectos para que esa resolución cale en el espectador.

Kevin

James McAvoy merece un apartado focalizado en su interpretación. En ‘Múltiple’ ya dio un recital interpretativo en el que era capaz de construir numerosas identidades a través de un mismo personaje, y un papel que podría haber rozado la comedia o el exceso resultó ser toda una revelación. En ‘Glass’ acentúa todo lo que hizo grande su interpretación previa, y tiene más margen de maniobra a la hora de juguetear con sus identidades. Además, el estilo de Shyamalan tras la cámara le permite brillar en numerosas escenas, porque el director suele filmar planos muy largos y sin cortes que permitan enfatizar la emoción que el intérprete desprende. Hay un par de secuencias en las que McAvoy salta de un personaje a otro en apenas segundos y en ningún momento dudas de quién está hablando, porque hay diferencias en el lenguaje corporal, en su tono de voz, en su cadencia a la hora de hablar. Es una interpretación para estudiar en las escuelas, un papel que por momentos absorbe toda la película porque es fascinante y siempre que vuelves a él la cinta crece.

La transformación de McAvoy no sólo es a nivel interpretativo, sino también físico, y demuestra haberse curtido un cuerpo repleto de músculos que se realzan en los momentos en los que la bestia hace acto de presencia. Es capaz de empequeñecerse cuando aparecen personajes más frágiles o vulnerables, o volverse dominador del espacio cuando la personalidad que toma el control es más visceral e inestable. Pero curiosamente, los planos en los que McAvoy brilla con luz propia son los primeros planos sin cortes en los que observamos la evolución de emociones y su transición desde un sentimiento concreto a otro. Bajo mi punto de vista, no sólo es una interpretación antológica, sino una demostración de que McAvoy no tiene nada que envidiar a intérpretes como Michael Fassbender o Tom Hardy, incluso me atrevería a decir que es un actor con mayor rango interpretativo que ellos. Si esta película merece la pena ser vista, es principalmente por su trabajo, y estoy seguro que hablaremos sobre Kevin Wendell Crumb durante décadas. Es uno de los personajes más fascinantes del siglo XXI.

Glass dirigida por M. Night Shyamalan
Escena de «Glass» dirigida por M. Night Shyamalan. Fuente: Disney

Elijah 

Samuel L. Jackson vuelve a interpretar al personaje que vimos en ‘El Protegido’, y en ‘Glass’ observamos a un Elijah más contenido a la par que cerebral. Hay dos versiones a lo largo del filme, pero la que realmente trasciende es aquella en la que Jackson tiene vía libre para tirar de carisma y utilizar los diálogos para convertirse en una versión mejorada de sí mismo, expandir su potencial a través de su inteligencia y poner en jaque a todo aquel que osa interponerse en su camino. Su viaje no está exento de dolor, un dolor que siempre ha sido protagonista en su vida, pero esta vez Elijah se nutre de su propio dolor y del de los demás para alcanzar sus objetivos.

Aunque en el primer acto del filme Elijah pasa algo desapercibido, el segundo acto lo hace suyo y consigue otorgar a ‘Glass’ de una nueva textura, de una dinámica distinta, algo que aporta frescura a la historia y pone en un primer plano todo aquello en lo que él cree de una forma sugerente y cautivadora. Creo que la resolución de su arco dramático es correcta, si bien funciona mejor el fondo que la forma. Es una película que entrega un acto a cada protagonista para que brille, y en líneas generales creo que hay cierto equilibrio. Aunque debo decir que los verdaderos ganadores de este envite son Jackson y McAvoy, porque Willis se va diluyendo durante el transcurso de la trama.

David

Como ya he dicho, cada personaje tiene una presencia mayor en actos concretos de la película, y David lidera el primer acto. Su personaje mantiene los elementos que lo identificaban con lo que pudimos ver en ‘El Protegido’, y con la familia como componente reseñable a la hora de mantener su identidad intacta. Dunn es un personaje construido desde los silencios, las miradas y los actos, y no tanto desde la verbalización de pensamientos. Creo que esto se mantiene en ‘Glass’, pero con el paso del tiempo se vuelve algo redundante. Su viaje es estimulante, y hay coherencia detrás de cada sensación, pero en el tercer acto, Elijah y Kevin se nutren el uno del otro, quedando David en un segundo plano del que nunca consigue salir.

Mi sensación es que Shyamalan no ha sabido encontrar el camino adecuado para que David Dunn sea tan interesante como en la cinta original, y al tener que conjugar numerosas partes móviles y dar tiempo suficiente a Kevin y Elijah en pantalla, David cae en un conflicto redundante que, si bien funciona, no aporta nada especialmente nuevo a su personaje. Y la forma en la que cierran su conflicto en el clímax final es la peor ejecutada de todas, porque entre medias se introduce información nueva que no parece encajar en dicho lugar y que nos aleja de lo verdaderamente importante. Creo que mayor mimo al personaje y una resolución más satisfactoria habrían ayudado a que el desenlace no se sienta agridulce.

Si bien es cierto que a nivel temático Shyamalan introduce referencias, homenajes y comentarios constantes sobre el género de superhéroes y los cómics, creo que esta vez hay más brocha gorda y menos sutileza en su forma de atacar paralelismos y metáforas. Siguen funcionando, pero no existe la elegancia narrativa que sí poseía ‘El Protegido’. A nivel técnico la cinta apenas tiene problemas, ya que el uso de los colores sigue estando presente en todo momento, la fotografía es preciosa en espacios cerrados y Shyamalan vuelve a permitirse ciertas licencias en la composición de planos, ya sean POV o planos anclados a los personajes muy al estilo Aronofsky. Realmente no ha perdido su personalidad tras la cámara y sabe crear imágenes que se graben en nuestra retina.

Sin embargo, creo que el clímax de ‘Glass’ es algo más plano a nivel visual. Quizás el lugar en el que se establece no permite un mayor contraste de colores y una atmósfera más atractiva, pero reconozco que se me hizo algo larga la resolución porque a parte de ser algo repetitiva no podía agarrarme a su ejecución técnica para seguir estimulado por las imágenes. Es el único punto negativo para mí a nivel visual. Por otra parte, West Dylan Thordson pasa algo desapercibido en la composición de la banda sonora. Aunque hay elementos destacables como el tic tac de un reloj o ciertos instrumentos que entremezclen los tonos de ‘Múltiple’ y ‘El Protegido’, en ningún momento sentí que la música tuviera la suficiente personalidad. Y no hablo de composiciones intrusivas, sino de una música que acompañe a las imágenes de tal forma que no sólo enfaticen dichas imágenes sino que evoquen sensaciones concretas en el espectador. Es una composición correcta pero está lejos de lo hecho por James Newton Howard en anteriores trabajos de Shyamalan.

En definitiva, ‘Glass’ es una película difícil de valorar tras sólo un visionado, porque sus virtudes son realmente dignas de aplauso pero sus defectos lastran el conjunto hasta el punto de crear cierta frustración. No he visto al Shyamalan con precisión de cirujano que sí he visto en otras ocasiones, y algunas decisiones narrativas para que ocurran ciertos eventos o avancen la trama me han resultado perezosas. Entiendo la división que está generando entre el público y la crítica, y a cierto nivel así me encuentro yo: en una tierra de nadie donde no sé por dónde tirar. Quizás un revisionado me ayude a aclarar mis ideas, pero ahora mismo me ha parecido un filme arriesgado, ambicioso a nivel temático y arrebatador por momentos, pero sus problemas ensombrecen un segundo acto fantástico y dejan al filme en terreno desconocido.

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