Los griegos siempre fueron pioneros a la hora de crear y narrar historias. A través de sus relatos mitológicos, intentaban acotar distintas parcelas desconocidas de su realidad y dotarlas de significación. Al mismo tiempo, podríamos encontrar las bases más primitivas de gran parte del séptimo arte en las obras teatrales de Eurípides, Sófocles y Esquilo o textos como la Poética de Aristóteles. Yorgos Lanthimos, uno de los directores más reconocidos del país, ha sabido canalizar toda esa tradición y darle a su vez un nuevo enfoque.

Una gran parte de las tragedias de Yorgos Lanthimos deambulan por los ríos de la distopía, aunque el mar donde van a morir se asiente sobre los pilares de la realidad más cruel. Al igual que ocurría en el teatro griego clásico, la aparición de dioses, figuras mitológicas o imaginarios irreales buscaban el generar un efecto de catarsis en el público para abordar así los temas que afectaban a la sociedad.

En ese sentido la “rareza”, y la grandeza, del cine de Lanthimos reside en su capacidad para habitar el umbral que separa, o conecta, el mundo real con los imaginarios de la ficción. Si tuviera que equiparar esa capacidad del director griego para tratar la condición humana en historias que dialogan con estas dos partes del umbral realidad-ficción distópica con alguna figura de nuestra contemporaneidad, el primer nombre que me vendría a la cabeza sería el del escritor francés Michel Houellebecq. Algunas de las novelas de este autor toman como punto de partida los horrores de la cotidianidad para desembocar en un futuro hipotético y desalentador para la sociedad, véase el caso de Las partículas elementales.

Es este particular tratamiento de la realidad, lo que posibilita a este realizador trabajar con los oscuros márgenes de las sociedades.

Canino (2009), los gatos son terribles depredadores

Escena de Canino (2009) dirigida por Yorgos Lanthimos

En ‘Canino’ (2009), Lanthimos construye un microcosmos a través de la manipulación del léxico y lo semántico, ampliando el abanico de posibilidades del lenguaje (a la manera de René Magritte en Esto no es una pipa). En esta película, los gatos son terribles depredadores, el mar es una silla, una vagina es una lámpara grande, la autopista es un viento muy fuerte y una excursión es un material con el que se cubren los suelos. El universo de esta familia rota por la sobreprotección de un patriarca manipulador (Christos Stergioglou) acaba en la entrada de una casa “amurallada” y aislada del exterior, un Jardín del Edén perverso en el que libertad viene dada a cuentagotas por parte de los dos progenitores. De este modo, el espectador se introducirá en un incómodo relato-puzle en el que tendrá que ir encajando las nuevas significaciones con las que el director juega.

Resulta extraño que, en pleno auge de la crisis griega, el director optara por desplazar la trama a unos espacios completamente ajenos a la situación que estaba sufriendo su país en esos momentos. Lo que Lanthimos pretende, y consigue, es mostrar la fuerza que ese contexto tiene aun trasladándolo al fuera de campo y su capacidad para trastocar la estructura familiar. La realidad griega con la que convive el director es incapaz de acoger una historia de este tipo, y es por ello que opta por trasladarla a las afueras de la “polis” y en el seno de una familia burguesa.

Alps (2011), humanoides alienados

Escena de Alps (2011) dirigida por Yorgos Lanthimos

Será en su siguiente trabajo, ‘Alps’ (2011), donde este director nos mostrará su particular visión acerca del difícil momento que atraviesa su país. Lo que podría entenderse en esta película por un trabajo acerca de la nostalgia, la resurrección de los seres queridos por medio del gesto y la palabra o la idea de pérdida, oculta una lectura mucho más terrorífica.

Nos encontramos ante unos personajes, como es el caso de la enfermera protagonista (Aggeliki Papoulia), obligados a recurrir al pluriempleo más terrible para sobrevivir. Los miembros de esta extraña compañía o empresa que vienen a ocupar el espacio habitual de la pérdida, son expuestos a continuas situaciones de maltrato, despotismo e, incluso, violencia física, lo que acaba por afectar finalmente a su personalidad. Fuera de ese perverso juego de dependencias, resulta difícil relacionarse de nuevo con tu verdadero yo. Nos encontramos, por tanto, ante la alienación absoluta del ser humano, convertido en otra pieza más de la sociedad de consumo.

Langosta (2015), sin pareja te transformarás en animal

Escena de Langosta (2015) dirigida por Yorgos Lanthimos

Langosta’ (2015), la primera producción de este director en habla inglesa, nos presenta un futuro en el que la soledad no está permitida. Es por ello que los humanos se ven obligados a encontrar pareja recluyéndose en recintos donde tras 45 días de “búsqueda”, aquellos que todavía permanezcan solteros serán convertidos en animales.

La película constituye un canto a la libertad y a la necesidad de replantear nuestras relaciones sociales. El poder de la metamorfosis ya no reside en los dioses de la antigüedad, si no en las estructuras que controlan y rigen nuestros afectos. Al igual que Orfeo y Eurídice, los personajes de Colin Farrel y Rachel Weisz realizarán un viaje que les aleje del infierno al que se ven abocados aquellos que no forman parte del sistema.

El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), el mito del sacrificio de Ifigenia

Escena de El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) dirigida por Yorgos Lanthimos

Por otro lado y en relación a esto último, en ‘El sacrificio de un ciervo sagrado‘ (2017) Lanthimos vuelve a sus raíces y trae a nuestros días el mito del sacrificio de Ifigenia, hija del rey Agamenón que fue entregada a los dioses como compensación tras arrebatarle su padre la vida a uno de los ciervos sagrados de Artemisa.

Podríamos considerar esta obra como una relectura del ‘Teorema’ (1968) de Pasolini, ya que la incorporación de un misterioso y joven muchacho huérfano de padre a los circuitos de una familia de clase alta introduce a sus miembros en el caos y la desgracia. Esa crítica a los estratos más altos de la sociedad que parte una puesta en común con distintos elementos surrealistas, además de la atmósfera claustrofóbica, hace que la película dialogue también con cintas como ‘El ángel exterminador’ (1962) o ‘El discreto encanto de la burguesía’ (1972) del realizador español Luis Buñuel.

La favorita (2018), personajes femeninos de época

Escena de La favorita (2018) dirigida por Yorgos Lanthimos

Finalmente, el reciente estreno de ‘La favorita’ ha supuesto un punto de inflexión en la filmografía del director ya que, por primera vez, abandona ese juego con las fronteras de nuestra realidad y trabaja con una historia ajena (el guion está escrito por Deborah Davis, Tony McNamara). Lanthimos, mostrando su capacidad camaleónica para adaptar mediante un lenguaje más clásico los entresijos de la realeza británica del siglo XVIII, bebe de los trabajos de Stanley Kubrick y Peter Greenaway en lo referente a la construcción de la imagen por medio del empleo de amplios planos y angulares forzadas y un tratamiento “tenebrista” de la luz en las escenas nocturnas.

Concluyendo, la producción cinematográfica de Yorgos Lanthimos se ha ido sofisticando de forma gradual a lo largo de los años que van de su etapa griega a la norteamericana. No obstante, su carismática firma permanece en todas su filmografía. El cambio de rumbo en su última película, pese a lo grotesco de algunas escenas, nos obliga a estar pendientes de sus futuros trabajos para ver si ‘La favorita’ representa un simple paréntesis o un punto y aparte en la carrera de un cineasta que busca nuevos estímulos.