Festival de Sundance 2019: crónica 2


crónica del Festival de Sundance 2019

Muy temprano el equipo de Macguffin007 se pone en marcha para otro día de cine muy prometedor. Park City se prepara para recibir otra tanda de visitantes ansiosos por comenzar el día en las pistas de esquí o en las salas de los cines. El Festival de Sundance 2019 ofrece un variado repertorio de proyecciones, eventos, actuaciones, entrevistas y paneles.

De camino al hotel Marriot, donde se encuentran las oficinas principales del festival, pienso que será casi imposible conseguir una entrada para la proyección de ‘Paradise Hills‘, pero a la vez recuerdo el famoso dicho “no hay peor gestión que la que no se hace”. Mientras espero confirmación en la sala de prensa, comienzan a aparecer un sinfín de periodistas. Saludos matutinos, cafés, preguntas y comentarios acerca de las proyecciones del día anterior, lamentos por no tener entradas para tal y cual largometraje. Y yo sigo esperando. Finalmente, alguien se dirige hacia mí y me dice con tono afable “Aquí tienes tu entrada. Has tenido mucha suerte, era la última. Un soplo de alivio. ¡Misión cumplida! Ahora comienza otro gran día.

Una de las muchas cosas que he aprendido durante mi estancia en Park City durante el Festival de cine de Sundance es la tremenda organización del viaje, lo cual incluye la elección de horarios y películas tan pronto se abre el periodo de compra, entender el funcionamiento del sistema de transporte que te lleva a las salas de cine y, yo recalcaría que sobre todo, decidir a qué restaurantes ir a cenar y hacer las reservas lo antes posible (me han aconsejado hacerlo con dos meses de antelación). Si esta opción falla, prepárate para una buena tanda de pizzas. Creo que esto, y alojarse lo más cerca posible de Park City, son las claves para disfrutar el festival de cine al máximo. Y traer ropa abrigada.

A continuación, seguimos con los resúmenes de los largometrajes vistos en el Festival de Sundance 2019 hasta el momento: ‘Dirty God‘, un drama sobre el rol de la maternidad y la aceptación y ‘Paradise Hills’, un thriller fantástico que habla sobre la importancia de no imponer modelos de conducta o belleza y de dejar que una sea lo que quiere ser. Cabe mencionar que estos dos largometrajes incluyen un fuerte protagonismo femenino que, como indican las propias directoras, es fruto de un momento histórico cultural y social importante. Prueba de ello es el interés de estas y muchas otras cineastas por crear ficciones atrevidas y potentes sobre personajes femeninos complejos y variados, víctimas y heroínas, que actúan llevadas por la solidaridad y el deseo de cambio.

Dirty God (Holanda). Dir. Sacha Polak

La película comienza con unos primerísimos planos de las cicatrices de un cuerpo que ha sido quemado por el ácido. A medida que la cámara recorre la piel deformada, se escucha en clave extradiegética una canción, cantada por una voz femenina, cuya letra dice “I am flesh, bones, skin, soul. I am human, nothing more than human” [Soy carne, huesos, piel, alma, soy humana, nada más que humana]. Tras esta impactante escena de apertura que posee una fuerte carga sensorial (pues las imágenes apelan no solo al sentido de la vista y del tacto, sino que también conectan con lo auditivo) vemos el rostro de la joven Jade (Vicky Knight), una mujer que ha sido víctima de un ataque de ácido.

Dirty God, que compite en World Cinema Dramatic, está dirigida por la cineasta holandesa Sacha Polak, quien fue galardonada por ‘Hemel y Zurich’, llega a la gran pantalla de Sundance tras haber recibido muy buenas críticas en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Supone su gran debut en lengua inglesa y cuenta una historia intensa acerca del coraje, la maternidad y la aceptación.

Jade es una madre soltera que vive con su hija Rae (Eliza Brady-Girard) de dos años en el apartamento de su madre (Katherine Kelly) en un barrio obrero londinense. Jade ha sufrido quemaduras de primer grado en partes de su cara y su cuerpo y, tras varias operaciones, su cara es reconstruida, aunque Jade tiene la esperanza de que una operación más le pueda devolver la belleza perdida. A pesar de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra, Jade rechaza verse y que la vean como una víctima que se ha dejado vencer, y hace todo lo posible por mantenerse a flote. Comienza a trabajar, se masturba delante de la cámara del ordenador, delante de hombres a los que no conoce, y decide tener una cirugía plástica en Marruecos. A pesar de sus esfuerzos por recuperar la normalidad, en el camino toma decisiones que la llevan a situaciones humillantes y a relaciones familiares y personales que se van desmoronando.

Escena de «Dirty God» dirigida por Sacha Polak.

La cineasta Sacha Polack explica en una sesión de Q&A que lo que le interesa es observar cómo una joven madre soltera lucha por recuperar un sentido de normalidad en su vida y, en última instancia, por aceptar su deformación física. Creo que este propósito está bien logrado en el filme, privilegiando un uso de la cámara que está constantemente enfocando a Jade en un primer plano y la sitúa en el centro de la acción, y que recurre en ocasiones a imágenes especulares (de la protagonista mirándose en el espejo o reflejada en las ventanas) para que el público sea capaz de sentir la asfixia que experimenta la protagonista. Esta asfixia es tanto física como psicológica y se transmite a través de la presencia visual de los pájaros, elemento simbólico que representa el trauma de Jade y su lucha por liberarse del miedo.

La ausencia de protagonistas masculinos, así como de figuras paternas es otra de las decisiones conscientes de la directora, quien afirma que lo que más le interesaba era la posibilidad de profundizar en la relación entre madre e hija, así como las dificultades que supone para una mujer adoptar el rol materno.

Dirty God‘ es una película profundamente realista, que nos remite a eventos trágicos de una realidad que existe en la sociedad londinense y en el mundo. No obstante, Sacha Polack evita caer en el drama social basado en la frustración y devastación, y para ello incluye momentos esperanzadores. Este deseo de alcanzar un cierto equilibrio en la estructura narrativa está muy bien logrado, en gran parte gracias a la actuación magistral de la actriz novel Vicky Knight, una joven que carece de experiencia profesional en el cine, pero cuya experiencia traumática en la vida real la lleva a identificarse con su personaje (la propia actriz sufrió quemaduras graves por un accidente de fuego cuando era niña). Por otro lado, las escenas en las que Jade sale con sus amigos conectan muy acertadamente con la cultura popular actual, y permiten que Jade se evada de la realidad que la perturba. Los efectos visuales, que se combinan con unas secuencias de montaje atractivas y una música diegética contemporánea, muestran a una joven cuyo deseo es volver a disfrutar de su juventud y su sexualidad y se convierten en momentos de distensión también para el público.

Paradise Hills (España). Dir. Alice Waddington

Paradise Hills‘ es el primer largometraje de la directora española Alice Waddington, un proyecto atrevido que se centra en Uma (Emma Roberts), una joven decidida que se levanta una mañana en Paradise Hills, un centro de tratamiento de primera clase en una isla del Mediterráneo. Este lugar es regentado por la Duquesa (Milla Jovovich), y es donde las familias de dinero envían a sus hijas para que se conviertan en versiones perfectas de ellas mismas. Uma acaba de llegar y se rebela ante este supuesto paraíso. Allí conoce a Chloe (Danielle McDonald), Yu (Awkwafina) y Amarna (Eiza González) y juntas descubren que debajo de esa realidad fantástica se esconde un secreto siniestro.

Escena de «Paradise Hills» de Alice Waddington (única presencia española en el Festival de Sundance 2019).

Esta película forma parte de la sección NEXT, un espacio que reconoce proyectos innovadores y que reflejan miradas alternativas. ‘Paradise Hills’ se enmarca en el thriller de fantasía, un género propicio para reflexionar sobre (y denunciar) las diferentes formas en las que la sociedad impone unos roles de género inflexibles y fomenta en determinadas clases sociales unas expectativas e ideales en las jóvenes. Para mostrar esta visión crítica de la sociedad, la directora recurre a la proyección de un mundo distópico (desde la perspectiva de las protagonistas), donde predomina el uso de los colores vivos que nos recuerdan al estilo de Alicia en el país de las maravillas. El vestuario futurístico y la imaginería visual son de una belleza extraordinaria, pero que llega a saturar la vista, cumpliendo así con el efecto deseado en el plano narrativo. Uma y sus amigas se sienten asfixiadas en este espacio y buscan liberarse de la prisión en la que se encuentran.

La trama nos remite a historias distópicas recientes, como la de la serie The Handmaiden Tales o la atrevida versión de Barbazul de Catherine Breillat, a la vez que incluye momentos sorprendentes e inesperados. Durante la primera parte, el hilo argumental se desarrolla siguiendo un tempo que nos permite disfrutar de las imágenes, empatizar con las protagonistas y reflexionar acerca de lo que está pasando. No obstante, considero que la segunda parte incluye un cúmulo de eventos que, si bien contribuyen al desarrollo del tema, se desarrollan de forma apresurada, lo cual dificulta el rapport creado en la primera parte.

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