Hablar de Mia Hansen-Løve es hablar de una de las miradas más personales y sensibles del cine contemporáneo. Pues a lo largo de una todavía joven pero lúcida filmografía, con resonancias a sus más admirados de la Nouvelle Vague– Éric Rohmer, François Truffaut, Renoir o Eustache-, también a lo mejor de Bergman, Mia Hansen-Løve (París, 1981) ha logrado uno de los grandes retos del arte: hacer de la vida una bella ficción.

Sus películas, a través de lo que el cine tiene de extraordinario respecto a las demás artes –“ser el resumen de todas“, como decía Wenders-, logran una de las más nobles virtudes del mismo: la capacidad de emocionar, de transmitir emociones y sentimientos.

La joven cineasta francesa sabe jugar de una forma natural y sugerente con los recursos cinematográficos. Las imágenes, la música, las palabras, la literatura, la filosofía que hay en sus películas, su estructura, el devenir y el ritmo de los tiempos, los espacios y los paisajes en los que transcurren, todo ello crea un universo muy singular, y logra expresar con sensibilidad y belleza sensaciones, estados de ánimo, etapas y momentos de la vida; cosas que todos, de una forma u otra hemos vivido, o que de algún modo nos llegan.

Pues en las películas de Mia Hansen-Løve siempre hay lugares comunes: el paso del tiempo, la fuerza y la levedad de los sentimientos y emociones, la ausencia, la perdida, nuestros miedos e ilusiones, nuestras pasiones y amores. De hecho, Hansen-Løve nunca ha escondido el carácter autobiográfico de su cine. Reconoce que sus películas siempre hablan sobre historias cercanas, sobre la gente que ama y ha formado o forma parte de su vida. Pues como declaraba en una entrevista para Cineuropa con motivo del estreno de ‘Maya‘, su último filme, este será el primero de toda su carrera cuya inspiración no es totalmente biográfica o autobiográfica.

Así, en ocasión del estreno del mismo, (ya presentado en la pasada edición del Festival de Cine de Sevilla, y estrenado el pasado 19 de diciembre en Francia), a fin de ir calentado la espera y hacerla algo más llevadera- pues no será hasta la próxima primavera cuando llegue a nuestras salas- hemos querido revisar la filmografía de la joven directora francesa.

Todo está perdonado (2007), la voluntad de volver al pasado

Escena de Todo está perdonado (2007) dirigida por Mia Hansen-Løve

-¿Cualquier puente puede caer? – pregunta una niña.

A lo que su madre, después de que el padre le haya contado la historia del derrumbe del puente que había en el lugar del que ahora tienen enfrente, trata de responder:

-El material de ahora es mucho más fuerte. Los puentes son indestructibles-.

Así cierra la primera parte de la ópera prima de Mia Hansen-Løve, ‘Todo está perdonado‘. Con esta hermosa secuencia, Hansen-Løve nos habla de lo que será el tema central del relato: las relaciones humanas y de como el paso del tiempo altera la mirada que tenemos sobre las mismas. La imagen del puente constituye una bella metáfora de la fuerza de las relaciones humanas y de como a través del tiempo, de la memoria, podemos reconstruir el pasado. Además, también nos adentra en el lenguaje cinematográfico que conformará el universo de la directora francesa.

Pues en su ópera prima, Hansen-Løve nos habla de la vida familiar de Pamela, una historia que parecía haber quedado destruida con la separación de sus padres cuando ella era una niña y su padre un drogadicto incapaz de superar su adicción, aunque fuese por los seres que amaba. Sin embargo, años más tarde, una joven Pamela tratará de reencontrar al padre y reconstruir aquella relación.

Ahora bien, más allá de su argumento, lo excepcional del filme radica en cómo se cuenta. Como a través de las imágenes, de primero planos para retratar las emociones y los sentimientos de los personajes, de una estructura narrativa separada por espacios temporales, de los silencios y la libertad que deja al espectador, de la música, de bellos y expresivos recursos como una carta o un poema, logran construir un relato natural e íntimo sobre la voluntad de volver al pasado, de comprenderlo para sólo así poder reconstruirlo. Un relato cuyo solo final ya da muestra de la lucidez que progresivamente la realizadora francesa ha ido reafirmando a lo largo de su filmografía.

En definitiva, un relato en el que música, literatura, silencio e imagen se funden conformando una hermosa y sugerente ópera prima.

El padre de mis hijos (2009), una hermosa película de amor al cine

Escena de El padre de mis hijos (2009) dirigida por Mia Hansen-Løve

-Pero el alma de papá vivirá en sus películasexplica una madre a sus hijas tras el suicidio de su padre, un productor de cine independiente ahogado por las numerosas deudas económicas a las que le han llevado la lucha por su ideal.

Con su segunda película, Mia Hansen-Løve filma un bello y honesto homenaje a la figura del fallecido productor francés Humbert Balsan, encarnado por el personaje de Grégorie Canvel. Y de nuevo aquí lo extraordinario del filme radica en la mirada que la realizadora francesa nos ofrece sobre los hechos, en esa interrogación constante, en ese respeto y honestidad hacia lo narrado; en ese espacio de libertad que las imágenes, los silencios y la música dejan al espectador.

Un relato que se interroga sobre cuestiones tan inherentes a la condición humana como son el peso de la muerte en la vida, las formas de enfrentarse a la perdida de un ser querido, el sentido de la libertad, la fuerza de los ideales o hasta qué punto merece la pena luchar por aquello en lo que creemos. Un relato, que como reseñaba Jonás Trueba, “es un canto a la vida y al cine”.  Pues lo brillante del filme radica en la sinceridad y belleza con la que Hansen-Løve logra retratar la luz y la oscuridad que hay detrás de las películas que disfrutamos.

En suma, ‘El padre de mis hijos‘ constituye una hermosa película de amor, de amor al cine. Una estimable reflexión y homenaje al séptimo arte que todo aquel que sienta debilidad por este difícil y precioso oficio debería ver.

Un amour de jeunesse (2011), de enamorarse, perderse y reencontrarse

Escena de Un amour de jeunesse (Primer amor) (2011) dirigida por Mia Hansen-Løve

-El amor es lo único que me importa. Es mi razón de vivir– le dice Camille (una fantástica Lola Créton) a su enamorado Sullivan.

Esta frase de la protagonista del filme podría ser una perfecta síntesis del mismo. Pues la película habla de eso, del amor, del hecho de enamorarse y de cómo el paso del tiempo altera (o no) esas emociones y sentimientos; de enamorarse, perderse y reencontrarse.

En su tercer filme, uno de los más estimables y característicos del singular universo que recorre la filmografía de la cineasta francesa, Mia Hansen-Løve filma el primer amor de adolescencia de Camille, y como ese amor marcará su educación sentimental. Un filme en el que la estructura en espacios temporales, la sensibilidad, la delicadeza, la melancolía que destilan sus imágenes, los espacios entre naturaleza y ciudad nos seguirán recordando a lo mejor de la Nouvelle Vague, a esos amores de los veranos y las primaveras de las películas de Rohmer, al Antoine Doinel de Truffaut o a esa nostalgia que desprende el cine de Renoir o Eustache.

En suma, con ‘Un amour de jeunesse‘ Hansen-Løve consolida su inconfundible mirada logrando imágenes de gran expresividad e intimidad y regalándonos un bello y sugestivo desenlace que de nuevo será un canto a la esperanza. Un final en el que el lenguaje de lo implícito cobrará toda su fuerza logrando una de las fortalezas del arte: hacer de lo pasajero, de un río, algo duradero.

Eden: Lost in music (2014), un retrato generacional

Escena de Eden: Lost in music (2014) dirigida por Mia Hansen-Løve

-Tú serás escritora y yo seré DJ. Seremos ricosle dice Paul (el DJ protagonista) a una de sus primeras novias (Julia, protagonizada por Greta Gerwig) en una secuencia de la primera parte del filme en la que todavía sus sueños están intactos.

En su cuarto largometraje, y a pesar de ser el más disonante de su filmografía, la realizadora francesa vuelve sobre sus lugares comunes, sobre los temas, recursos y elementos que han conformado su filmografía, sobre una manera de entender y hacer cine. Pues de nuevo, Hansen-Løve recurrirá a una construcción a través del detalle y la metáfora y a una estructura separada por espacios temporales para filmar un retrato generacional ambientado en la escena nocturna parisina entre los años 90 y 2000 con la eclosión de la cultura de la música electrónica.

Pues como en sus anteriores películas, lo mejor de esta estimable, aunque imperfecta obra, es el modo y la mirada a través de la que Mia Hansen-Løve narra el mundo interior de un personaje y su evolución personal. Una mirada que además de trascender la historia personal del protagonista del filme- el ascenso y decadencia de un DJ- también logra escapar de un discurso moralista y victimista sobre el fracaso y las renuncias personales en un desenlace que de nuevo hará discurrir el relato entre la tristeza del vacío y la esperanza hacia el futuro y la continuidad de la vida.

En definitiva, un filme en el que nuevamente Hansen-Løve reafirmará su excepcional capacidad expresiva, haciendo de la música un elemento narrativo más de ese mundo interior y evolución del personaje protagonista. Sin embargo, lo repetitivo de algunas secuencias musicales hace que no siempre ese juego con la música termine de funcionar, y en consecuencia que el filme no alcance la gran virtud de las buenas películas, la de no envejecer con el tiempo.

El porvenir (2016), la madurez de Mia Hansen-Løve como cineasta

Escena de El porvenir (2016) dirigida por Mia Hansen-Løve

-Mi vida intelectual me llena. Me basta para ser feliz- explica Nathalie (protagonizada por una siempre excelente Isabelle Huppert) a su antiguo alumno predilecto de Filosofía, con el que mantiene una estimable relación de amistad, a propósito de la seperación de su marido.

Con ‘El porvenir‘ asistimos a la madurez de una cineasta cuya filmografía podría constituir- desde el respeto y la admiración a sus referentes- una profunda y sugerente disección de las relaciones humanas y los sentimientos en las distintas etapas de la vida.

Pues con su último filme, Hansen-Løve vuelve sobre sus lugares comunes: personajes que se hallan ante una encrucijada que culminará en un canto a la esperanza ante la continuidad de la vida. Una encrucijada que a través del lo cotidiano, del detalle, los espacios, la música y una estructura narrativa en líneas temporales, nos permitirá adentrarnos en el mundo interior de los personajes y en su evolución o toma de consciencia personal.

En este caso, nada más claro que el mismo título del filme: ‘El porvenir. Pues Mia Hansen-Løve narra con sutilidad y elegancia el porvenir en las distintas etapas de la vida: las ilusiones, la necesidad de amor, la incertidumbre, la resignación, el deseo de libertad y realización personal, y la muerte, en la juventud, la madurez y la vejez.

Un filme en el que las palabras brillan con acertados discursos filosóficos y espléndidos diálogos como en el que el personaje de Isabelle Huppert dice algo así como “Creo que soy mayor para el radicalismo (…) Ya lo hice. Ya estuve allí. De acuerdo, he cambiado”, a lo que una joven le responde: “Pero el mundo sigue igual. Incluso peor”: un perfecto reflejo de esas distintas miradas ante la vida. En suma, una elegante y madura reflexión sobre la felicidad cuyo desenlace reafirma una vez más el virtuosismo expresivo de la joven realizadora.

En conclusión, es todo esto, ese juego elegante, natural y sugerente con la metáfora, con el lenguaje de las palabras, las imágenes y los sonidos; también con el lenguaje de lo implícito, el lenguaje del silencio, los andares, los gestos y miradas, con lo que también la ausencia de palabras dice de nosotros, esas claras influencias de Éric Rohmer y François Truffaut, lo que hace del cine de Mia Hansen-Løve algo tan especial y genuino; que después de ver sus películas siempre queramos volver inmediatamente a ellas y que por muchas veces que volvamos a ellas nunca nos aborrezcan, que siempre tengamos sed de más.

Mi propósito aquí solo ha sido realizar un breve recorrido por la filmografía de la joven cineasta, a modo de revisión y homenaje a su cine. Evidentemente hay mucho más. Os animo pues a aprovechar la ocasión para revisitar sus películas, y para aquellos que todavía no las hayáis visto, a poneros las pilas de cara a la fecha. Todavía hay tiempo. Vale la pena.