Velvet Buzzsaw’ es el grupo de rock en el que Rhodora Haze (Rene Russo) participó en su juventud, y cuyo logotipo (una sierra circular) tiene la susodicha tatuado en su nuca. De esos tiempos de -presupuesta- actividad en el panorama underground poco queda ya, puesto que la antigua música es ahora la jefa de una galería de arte, a la caza continua de nuevos talentos y alimentar así un negocio voyante y lucrativo.

Ésta creo que es una prueba de que la película sí que hace algo bien de manera genuina, dejando de lado sus defectos por un momento. Aunque tiene una evidente intención satírica, hay actitud de denuncia frente a la conversión del arte contemporáneo en un mercado gigantesco, muy lejano a cualquier mensaje o reivindicación. No se entra a debatir, más allá de alguna chanza aislada, de si los objetos expuestos son arte o no -lo que sin duda daría para otros muchos artículos-, sino sobre el tratamiento que gente como Rhodora y Josephina (Zawe Ashton) hacen de las obras, de los artistas, y de sus aspiraciones. Hay una clara crítica a su actitud de depredación, de absorber lo diferente y novedoso -términos de vida efímera, en plena era de Instagram- para mantener la gallina de los huevos de oro en funcionamiento: el capitalismo prospera más con la diversidad que con lo homogéneo. 

El crítico Morf Vandewalt (Jake Gyllenhaal) y el pintor Piers (John Malkovich) se ven atrapados en esta dinámica, cada uno a su manera; Morf es seducido por el poder que consigue como juez y verdugo en la “hoguera de las vanidades”, y Piers se resigna a que su obra se mercantilice, y su inspiración se difumine en la conformidad y la pereza. Al tiempo, los competidores de Rhodora se roban los unos a los otros, en una insana disputa por la hegemonía, las ventas, y la satisfacción de los egos. Y cuando las pinturas de un extraño y desconocido artista salen a la luz, el proceso se pone en marcha, las espadas se afilan, los cheques se mueven… pero esta vez es diferente.

Velvet Buzzsaw dirigida por Dan Gilroy

Escena de “Velvet Buzzsaw” dirigida por Dan Gilroy. Fuente: Netflix

Hasta aquí las buenas palabras. Porque lo que he narrado en estos dos últimos párrafos, más que el corazón de la película, es la cubierta (con el envoltorio de una exquisita fotografía de Robert Elswit). ¿Y qué esconde? Pues un thriller con trama digna de la clase B, predecible y tonto, repleto de clichés. La idea de un arte maldito y rencoroso (que recuerda a la leyenda urbana de los “niños llorones”) se desinfla en su segunda mitad, y no genera demasiada inquietud o terror, y mucho menos intriga (los efectos especiales no invitan a ello, precisamente). Tampoco los personajes -puros estereotipos- son pilares firmes, más allá del esfuerzo que hace su magnífico reparto para que pienses lo contrario.

Dan Gilroy nos sorprendió en 2014 con ‘Nightcrawler’,  un retrato descarnado de la voracidad morbosa en los medios de comunicación, con Jake Gyllenhaal interpretando a una sociópata metáfora del sueño americano; su segundo proyecto fue la irregular ‘Roman J. Israel, Esq.’ en 2017, que aún le valió a Denzel Washington una nominación al Oscar a Mejor Actor por interpretar al idealista abogado protagonista. ‘Velvet Buzzsaw‘ es una nueva decepción, sin llegar ni mucho menos al desastre, pero que durará más bien poco en tu memoria. Tuvo su estreno mundial en el reciente Festival de Sundance.