Crítica: Alita: Ángel de combate


Alita: Ángel de combate dirigida por Robert Rodriguez

‘Alita: Ángel de Combate’ ha sido un proyecto de largo recorrido. James Cameron ha intentado llevar el manga japonés al cine desde el año 2000, incluso estuvo a punto de dirigir el proyecto en 2003 tras anunciar que el guion del filme ya estaba en proceso. En 2005 se confirmó que la película iba sufrir un retraso ya que Cameron se encontraba en pleno desarrollo de ‘Avatar’, una nueva trilogía de películas basada en una idea original del propio cineasta. Alita también estaba pensada como una trilogía, así que Cameron (que firmó para ser productor de ‘Alita: Ángel de Combate’ desde el año 2006) continuó dejando la puerta abierta al proyecto, llegando a comentar en 2009 que había un guion finalizado y listo para su rodaje.

Debido a su interés por concentrarse en las secuelas de Avatar, el proyecto de Alita seguía sufriendo retrasos, hasta que en 2013 Cameron afirmó que la producción de ‘Alita: Ángel de Combate’ comenzaría en 2017. En el año 2016 se confirmó que Robert Rodriguez (viejo amigo de Cameron) se encargaría de dirigir la película, por lo que Cameron se quedaría en un papel secundario como productor y coguionista. Estamos en 2019 y finalmente la película se ha estrenado en cines. Su desarrollo a lo largo de una década ha sido lento pero finalmente ha visto la luz, y aunque la película tiene problemas, creo que la espera ha merecido la pena.

Condensación y exposición 

La película de Rodriguez funciona a muchos niveles, pero me gustaría empezar por uno de sus problemas más importantes ya que procede muy probablemente de la reescritura que el cineasta hizo del guion de Cameron y Kalogridis. Dicho guion inicial tenía 186 páginas (y otras 600 páginas de notas), y si nos ajustamos a la «norma» de 1 página = 1 minuto de película, estaríamos hablando de un filme de tres horas de duración aproximadamente. La reducción era necesaria, pero creo que al filtrar o eliminar ciertos elementos del guion original, algunos personajes han perdido tridimensionalidad y un conflicto lo suficientemente potente para que funcionen en pantalla.

Los diálogos se sienten preestablecidos, como si muchas de las frases que recitan los personajes estuvieran basadas en una plantilla de reacciones. No hay suficiente naturalidad y frescura en las conversaciones entre personajes, y al usar lugares comunes a la hora de mostrar conflictos, te quedas con una sensación de «estos diálogos ya los he oído en muchas otras ocasiones» que afecta al resultado global de la película. Sobre todo hablo de personajes secundarios o periféricos al personaje de Alita, que sin duda alguna es lo mejor de la película.

En cuanto a la forma de perfilar personajes, creo que Robert Rodriguez sólo consigue proporcionar un arco dramático sólido a su protagonista, y el personaje de Ido (un contenido y estupendo Christoph Waltz) tiene cierto brillo y emoción. Del resto, mucha brocha gorda y poco interés por construir personajes que dejen poso. Especialmente sangrantes son los casos de Mahershala Ali y Jennifer Connelly. Ambos tienen arquetipos con poco margen de maniobra, y su limitado desarrollo unido al poco interés que generan los reducen a un terreno bastante indiferente. Ali tiene presencia y su personaje podría haber sido mucho más, pero en todo momento se siente más un peón que una torre o un caballo (si me permitís la analogía con el ajedrez). Nunca valoras el peligro que intenta transmitir porque está supeditado a otros elementos que lo limitan a un espacio en el que poco puede hacer. El caso de Jennifer Connelly me ha molestado incluso más porque todo está muy forzado. El personaje parece tener el don de aparecerse allá donde desea como si de un personaje de Harry Potter se tratase. Sabes que tiene cierta relevancia, e intentan encajarlo en un terreno de grises en el que el misterio pueda hacer acto de presencia. Pero se queda en la nada más absoluta porque la película sólo la usa para aportar contexto o para reforzar temas, nunca para ahondar en su conflicto personal.

Por otra parte, otro aspecto en el que la película se apoya de manera constante es la sobreexposición. Los personajes están constantemente hablando sobre cómo se sienten, sobre todo lo que ocurre a su alrededor. Por momentos parecen narradores cuyo único propósito es informar al espectador. Echo en falta mayor naturalidad a la hora de abordar situaciones, de explicar sensaciones. Creo que si Rodriguez hubiera utilizado más narrativa visual en ciertas escenas, la película sería más fluida y menos obvia. No es un aspecto que esté presente en todas las escenas, pero a veces se pierde el factor sorpresa cuando das todo mascadito al espectador y no buscas el ‘foreshadowing‘ (pistas que el director deja al espectador y que tendrán trascendencia más adelante) o simplemente un uso más visual del contexto.

Alita: Ángel de combate y espectáculo

Si bien la película adolece de problemas importantes en su guion y en la forma de perfilar personajes, hay uno de ellos totalmente ajeno a estos problemas: Alita. La protagonista de la historia es un personaje interesante en todo momento y desprende un carisma abrumador. Alita es un cyborg que vive un viaje personal de gran envergadura. No recuerda quién es y se encuentra en constante aprendizaje, no sólo de aspectos mundanos y superficiales, sino de otros más profundos y complejos. Su transformación es gradual y su arco dramático es probablemente lo mejor de ‘Alita: Ángel de combate’. No estamos hablando de un personaje frágil y temeroso que requiere de ayuda constante para sobrevivir y avanzar (en resumidas cuentas, un rol pasivo), sino de uno con rol activo cuya personalidad arrolladora no sólo consigue el respeto y miedo de ciertos personajes, sino también la simpatía de otros y el propio espectador. Y en este sentido, sólo puedo aplaudir a los guionistas y el propio Robert Rodriguez por regalarnos a una heroína que se vale y se sobra por sí misma y que no está definida por sus miedos, sino por sus virtudes y su fuerza.

Alita: Ángel de combate dirigida por Robert Rodriguez
Escena de «Alita: Ángel de combate» dirigida por Robert Rodriguez. Fuente: Fox

Cuando hablamos de ‘Alita: Ángel de Combate’, me parece esencial destacar el trabajo de Rosa Salazar por un lado y WETA por otro. Rosa Salazar es la actriz que da vida a Alita, y su interpretación es sobresaliente. Los genios de WETA han animado la interpretación de Salazar para la película, y se han conjugado dos elementos indispensables para el triunfo de este tipo de personajes: la expresividad y humanidad que aporta la interpretación de una persona real, y el impresionante trabajo de WETA para conseguir que un cyborg con rasgos humanos no esté constantemente surcando el ‘valle inquietante’. Esos ojos enormes de Alita podrían haber sido un problema grave de cara a que el espectador «comprase» el personaje, pero James Cameron es el más listo de la clase y le dio un consejo simple pero esencial a Rodriguez: haz que las pupilas del personaje sean mayores para que los ojos no se sientan artificiales.

Dicho y hecho. En el primer trailer del filme podíamos observar que las pupilas de Alita eran algo más pequeñas y en el ojo humano se creaba una sensación de rechazo. Pero esta alteración ha resultado ser todo un acierto porque, una vez te acostumbras al ‘look’ de Alita, te olvidas que estamos ante un personaje CGI. Creo que Rosa Salazar va a convertirse en una estrella y con todo merecimiento, porque su trabajo para la película es brillante y gran parte del triunfo que supone el personaje de Alita se debe a su trabajo de captura de movimiento.

Por otra parte, uno de los elementos que destacan casi por encima de todo lo demás es el apartado visual. ‘Alita: Ángel de combate’ nos muestra un mundo avanzado y totalmente distinto al que conocemos. Las calles están sucias, los edificios desgastados, los vehículos parecen antiguos a pesar de utilizar tecnología moderna y la fotografía del filme tira de distintos tonos marrones y similares para enfatizar esa suciedad y polvo que parece formar parte del entorno en el que se mueven los personajes. Creo que el acabado visual del filme es fantástico, pero sobre todo destaca en las secuencias de acción. Robert Rodriguez entremezcla las luchas a gran velocidad con la cámara lenta para acentuar movimientos y expresiones. Los mejores ejemplos de ello se encuentran en los combates cuerpo a cuerpo y en las celebraciones de Motorball, un juego violento en el que cyborgs luchan por una pelota de metal mientras evitan ser destruidos por otros competidores. Rodriguez construye las secuencias de acción con una geografía clara, movimientos limpios y elegancia a la hora de mostrar planos concretos que requieren de una mayor apreciación de los detalles. Tratándose de «chatarra chocando» como en las cintas de ‘Transformers’ de Michael Bay, se agradece que podamos saber dónde se encuentran los personajes y hacia dónde se dirigen. Es algo que no siempre se cuida en los blockbusters, y que yo personalmente agradecí.

‘Alita: Ángel de Combate’ es una película estimable, triunfal cuando acierta pero con problemas de guion y construcción de personajes que lastran el resultado global. Sin embargo, el personaje de Alita es de lo mejor que he visto nunca en captura de movimiento y su personalidad arrolladora convencerá a la inmensa mayoría. Una pena que en sus últimos minutos la película se concentre más en establecer la secuela que en cerrar su propia historia, porque se habría sentido más completa. Ojalá la película tenga éxito y podamos ver una secuela, porque personajes como los de Alita son un ejemplo para niños y mayores. Cuando he abandonado la sala de cine, una madre y su hija se han dirigido inmediatamente al poster gigante de la entrada y la niña se ha sacado una foto orgullosa mientras realizaba la misma pose de Alita con una amplia sonrisa. Una prueba más de que una chica joven puede liderar una franquicia y servir como modelo y representación, algo que en la última década se ha ido apreciando en franquicias como la de Los Juegos del Hambre o más recientemente ‘Wonder Woman‘. Necesitamos más personajes como Alita. 

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