Elisa y Marcela‘ dirigida por Isabel Coixet pasó sin pena ni gloria por la pasada Berlinale, por no decir que realmente fue una decepción para gran parte de la crítica especializada. Sin embargo, el trabajo de la realizadora catalana para Netflix merece la pena ser destacado por el hecho de sacar a la luz la historia del primer matrimonio homosexual en la historia de España.

La película está protagonizada por Natalia de Molina y Greta Fernández, que encarnan a Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, dos maestras gallegas que lograron casarse por la iglesia en A Coruña en el año 1901, para lo cual una de ellas tuvo que hacerse pasar por hombre, aunque finalmente fueron descubiertas.

“Es un proyecto soñado, imaginado y deseado desde hace mucho, muchísimo tiempo, el de dos mujeres que desafiaron a la sociedad de la época con una valentía y una pasión inauditas”. Isabel Coixet

¿De qué va la historia?

La historia nos sitúa en la ciudad de A Coruña en el año 1885. En su primer día de escuela, Marcela conoce a Elisa, con quien entablará una gran amistad, que con el tiempo empieza a ser mal vista por los padres de Marcela, quienes la mandarán a estudiar fuera para poner fin a sus sospechas. Los años pasan, pero los sentimientos permanecen. De vuelta a Galicia, decide ir a buscar a Elisa y vivir felices una vida en común. Pero la gente del pueblo comienza a hablar mal de ellas, y las mujeres deciden trazar un plan: Elisa abandonará un tiempo el pueblo para volver convertida en Mario y casarse con Marcela.

Quiénes son Elisa y Marcela

– Elisa es una chica que se ha criado entre monjas. La vida enclaustrada ha provocado en ella unas grandes ansias de libertad. Su carácter naturalmente rebelde e irreverente provoca tensiones con la autoridad, pero desde cierta picaresca innata ha aprendido a navegar las circunstancias enmascarando su descaro de complacencia. Elisa siempre parecerá que cumple con las normas cuando en realidad hace lo que quiere. Siempre ha sabido que la vida que las monjas querían no era para ella.

– Marcela nació y creció en la incertidumbre. Se crió en un orfanato, entre ratas y pasando hambre, hasta que sus supuestos padres biológicos vinieron a reclamarla. Tuvo que hacerse a la idea de que ella era prescindible en aquella familia, conviviendo con un padre que cree que el aprendizaje no trae nada bueno a una mujer, y que está dispuesto a usar la violencia cuando sus escasas palabras no son suficientes. y una madre que siempre mira al otro lado. Marcela ha vivido con miedo. Miedo al abandono, miedo al silencio y miedo a su padre.

Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, recién casados y fotografiados por José Sellier.

Elisa y Marcela según Isabel Coixet

La historia de estas dos mujeres es un material de oro para cualquier cineasta del mundo. El amor prohibido, en una época donde ni siquiera se poseían términos para definir una relación entre personas del mismo sexo, tiene todos los elementos para realizar una película fascinante: pasión, dificultades sin cuento, persecución feroz, huida sin fin…. Pero hay más. Mucho más. Al profundizar en esta magnífica historia, aparecen dos personajes contrapuestos, apasionados, magníficamente ingenuos, brutalmente contradictorios. Dos mujeres que desafían todas las convenciones de su época y que pagan un altísimo precio por ello.

A partir de los materiales historiográficos, ‘Elisa y Marcela’ se dibujan con nitidez frente a un paisaje vibrante y a un medio social oscurantista. Hacer una película sobre ellas es un desafío y a la vez un inmenso privilegio. La película recoge el inicio de su relación y la cristalización de su sentimiento amoroso, que mostramos en la película como todas las grandes historias amorosas: como una evidencia. Pero, a partir del momento en que empiezan a vivir juntas, no hay tregua para ellas: el aparato implacable de una sociedad, dispuesta a acabar con cualquier desafío a lo establecido se pone en marcha para, literalmente, hacerles la vida imposible. Y es entonces cuando toman la decisión que marcará sus vidas para siempre: Elisa, la mayor, adoptará la personalidad de un hombre y se casará con Marcela. Creen, inocentemente, que este matrimonio les permitirá vivir en paz, pero es tan sólo el inicio de una persecución aún más feroz. Mi aproximación a esta historia parte de una doble base: describir claramente el contexto histórico en que se produce y a la vez acercar absolutamente a estas dos mujeres al público de ahora mismo.

Mi punto de vista es adoptar una óptica radicalmente contemporánea que permita a las nuevas generaciones comprender e identificarse con Elisa y Marcela: su amor, sus desencuentros, su pasión irrefrenable, su increíble determinación. Una película de época que no huela a “película de época”, que sea ágil, rodada cámara en mano, libre, vibrante, cercana a los personajes, que haga que lo único que los separa de nosotros sean unos trajes diferentes que cubren un alma rabiosamente moderna.

Mientras escribía ‘Elisa y Marcela‘, diferentes películas y personajes acudían a mi mente: del Truffaut de ‘Adele H’ a ‘Lady Chatterley’. De ‘Tess’ a ciertos personajes de ‘Sandor Marai’. Pero la historia real que vivieron esta pareja de amantes supera cualquier ficción literaria o cinematográfica: acercarla al público de hoy es una aventura indispensable, que todos los implicados en ella estamos impacientes por emprender.