Así fue Ohlalà, el Festival de cine francófono de BCN


Festival Ohlalà 2019

Reivindicativa y actual. Esta segunda edición de Ohlalà 2019 festival de cinema francòfon de Barcelona nos proyecta, como sociedad, a través de películas, temáticas que tenemos a flor de piel. Pasamos por el amor, por la rabia, por la ira, por la añoranza, por el divertimento,…  Sensaciones. Ohlalà 2019 nos ha enseñado piezas audiovisuales de países francófonos para que desde Barcelona, veamos la gran perspectiva, abramos la mente; visitemos el pasado, el presente y el futuro, abramos el corazón; lloremos, riamos y sintamos. Un paseo muy agradable por las mejores obras audiovisuales de habla francesas; ¡C’EST TRÈS BIEN!

Entre las películas vistas en esta segunda edición destacamos los siguientes títulos:

En liberté! (Francia). Dir. Pierre Salvadori

La libertad no significa nada si viene bañada por la culpa. Yvonne Santi (Adèle Haenel) sufre las consecuencias de ésta debido a los actos pasados de su marido difunto, policía venerado por sus presuntas “buenas” acciones y, desenmascarado por su mujer, como corrupto.

Los actos de él llevaron a Antoine Parent (Pio Marmaï) a tomar la culpa de un atraco que nunca realizó, llevándolo a la cárcel durante ocho años. Yvonne, al descubrirlo, siente la necesidad de liberarlo de la culpa que lo llevó a dicha situación. Situaciones, per se, que llevarán a ambos a una relación marcada por la culpa, por las ansias de sentirse libres –pero de no serlo-  y a recuperar su vida tal como la conocían antes.

La culpa es, en definitiva, responsabilidad o causa de una acción negativa o perjudicial que se atribuye a una persona. Se atribuye, sin que sea verídico, a unas supuestas acciones que conllevan cierta responsabilidad. Dicha responsabilidad es la que Yvonne y Antoine llevan a cuestas, sólo liberada por la realización de los actos en sí, los cuales les harán libres.

Su director, Pierre Salvadori, nos muestra el sentido de la culpa en nuestra sociedad y cómo asimilamos la culpa inflingida; aquel dilema entre lo que se debe hacer y lo que queremos hacer, como si de pulsiones se tratase. Un ejercicio audiovisual, el de Salvadori, ligero, divertido y ameno; de la alegría a la tristeza; de lo singular a lo plural; de lo extraordinario a lo ordinario. Disfrutad de esta montaña rusa.

L’homme qui répare les femmes (Bélgica). Dir. Thierry Michel

República Democrática del Congo. Guerra civil. Conflicto de Ituri. Año 1999 hasta la actualidad.  Atrocidades. El coltán como fuente de dinero y de sangre. Gobiernos separados de la realidad social y, realidad, definida por el horror, por la posesión de los cuerpos de mujeres y niñas por los señores de la guerra.

El doctor Mukwege se dedica a desposeer esos cuerpos, a reestructurar a esas personas, a esas mujeres y niñas que han sido brutalmente violadas, brutalmente destrozadas, física y mentalmente. Poseídas por el horror de la guerra; utilizadas como armas para la perpetuación del horror por guerrillas, por gobiernos.

La utilización del cuerpo de la mujer como arma de guerra, como punto de partida, por los guerrilleros, por el gobierno, como modo de reproducir el horror a base de hacerlo una constante; de ‘normalizarlo’. Pero las mujeres también han sido capaces de tomar su cuerpo. Cuerpo que les pertenece de siempre y que han vuelto a recuperar, después del horror, para empoderarse; para luchar. Ellas, más que nadie, saben que el cuerpo es una arma de guerra: es SU arma y, con la ayuda del doctor Mukwege, luchan pacíficamente para que sepan que su cuerpo siempre les ha pertenecido.

Un documental, el de Thierry Michel, imposible de ver, atroz, horrible, la muestra de un ser humano que no es, para nada, humano. Unas mujeres que luchan, que se empoderan, que sobreviven. Ellas, una muestra de que todo cambio es posible; inspiración. Un documental, en definitiva, necesario.

En guerre (Francia). Dir. Stéphane Brizé

‘La distinction. Critique sociale du jugement’. La distinción. Singularidad. El constructo de los gustos. Las preferencias. La percepción de uno mismo por los demás. La percepción de los demás por uno mismo: clasificaciones. Encuadramientos. Estereotipos. Clases sociales. Clases sociales definidas por un gusto, unas preferencias. Preferencias definidas, a la vez, por el poder. El dinero es poder y, sin él, no hay dominio posible. Por eso, en la fabrica Perrin de Agnes están ‘En guerre’.

Combulsa, estresante, a gritos, reuniones infructíferas, un Estado que no se moja con los trabajadores, una empresa que viene movida por el sistema económico cuando el sistema económico es ella misma, unas personas arriba, otras abajo, una lucha por la dignidad, un sistema esclavista pero maquillado para que se vea bonito.

Esto refleja la película de Stéphane Brizé, la voluntad de los 1.100 trabajadores de la fabrica Perrin localizada en Agnes, Francia, de continuar trabajando cuando la empresa, después de romper un acuerdo donde se prometía mantener el sitio laboral a cambio de una rebaja en el sueldo de los trabajadores por cinco años, se rompe.

Aquí entra lo que es el Dios del siglo XXI: el sistema económico. Lo tomamos como un ente propio, en movimiento, que tiene sus leyes y que, más horrorosamente, las dicta, que nadie puede controlarlo, que nos arrastra. El Estado no puede interactuar con él, los empresarios aluden a la autonomía de éste sistema y los trabajadores se ven relegados a él; a sus dictámenes.

‘En guerre’ muestra, en unas escenas caóticas, a gritos, sin sentido aparente, poco eficientes, que nos arrastran y nos estresan, el neoliberalismo liberado, en su estado puro donde nadie puede hacer nada para cambiar la situación. Donde, para hacer algo, hay que entrar en las reglas del sistema; en el extremo. Extremos que, como vemos en este filme, son escalofriantes. Eso sí, sigamos pensando que es ‘el sistema’ y no el hombre, lo que provoca esto.

Dilili en París (Francia). Dir. Michel Ocelot

París, la Belle Epoque. Dilili es una niña de Nueva Caledonia llegada a París por su voluntad. Con pocos años de edad, trabaja en un zoo humano para mostrar a los franceses las costumbres de su tribu. Adoptada por una condesa que le enseña modales y ella, Dilili, rompe los estereotipos de los parisinos. En un día de trabajo, Dilili conoce al joven Orel el cual le enseñará París desde su triciclo y desde personajes que han cambiado la historia de la Ville des Lumières.

En su primer paseo por la ciudad, Dilili y Orel escuchan que diversas niñas han sido secuestradas por el grupo ‘Machos Alfa’ que pretenden sacar el resplandor de la Belle Epoque y devolver París a sus tonos grises. Dilili y Orel, entonces, deciden averiguar dónde están las niñas secuestradas y desmantelar a los “Machos Alfa’.

Con este pretexto, ’Dilili à Paris’ es una obra feminista e histórica dirigida a los más pequeños pero, también, a aquellos que quieren visitar o revisitar un instante de la historia que definió una corriente europea. La película es una fotografía. Un instante de la historia que definió un concepto de estilo de vida. Michel Ocelot nos dibuja una Ville des Lumières plana, pero con mucha profundidad; utilizando un sistema de dos dimensiones para los personajes y unos escenarios basados en tomas reales fotográficas para, después, adaptarlas a su historia, a la historia de Dilili.

‘Dilili a Paris’ es, en definitiva, una obra audiovisual pedagógica; ambientada para mostrarnos un París reluciente pero, a la vez, oscuro. Un bullicio de gente, ideas, personas diferentes, arte, luz, color, oscuridad, pobreza, estereotipos y oportunidades. Para ancianxs, niñxs, jovenes, extranjeros, parisinxs, Michel Ocelot lo deja claro: no hay luz sin oscuridad, no hay mejor visión para aprender que esta.

Como una imagen (Francia). Dir. Agnès Jaoui

La imagen que devuelve el espejo. Agnès Jaoui, padrina de Ohlalà! 2019, nos trae el filme ‘Como una imagen’ donde una adolescente — Lolita Cassard (Marilou Berry)— aspirante a cantante intenta encontrarse y encontrar a su entorno. Intenta demostrar que una imagen no vale más que mil palabras —o mil cantes, en su caso— y, sobre todo, intenta encajar en un entorno donde todxs están muy preocupados mirándose el ombligo como para ver el de las demás.

Agnès Jaoui nos retrata la vida ocupada en nuestra época; el individualismo imperante, el ego alimentado por lo que uno fue e intenta mantener, un mundo cada vez más empujado por el parecer que por el ser. Un padre, el de Lolita, admirado por las líneas que escribió en su tiempo y por estar demasiado tiempo ocupado haciendo el intelectual, de fiesta en fiesta, como para ver la magia de su alrededor.

‘Como una imagen’ es una instantánea de nuestros intereses guiados, desgraciadamente, por la impresión; por la imagen; por la primera vista como un acto primario de relación entre los seres humanos obviando, tragicamente, todo lo que tenemos detrás y nos construye.

Es, en definitiva, un drama. Pero no hay drama sin comedia. No hay sabor dulce si no hay amargo. Así nos lo hacen notar Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri, guionistas de este filme ganador a mejor guión en el Festival de Cannes de 2004.

Les rois mongols (Canadá). Dir. Luc Picard

Años setenta, Quebec. Manon (Milya Corbeil-Gauvreau) y Mimi (Anthony Bouchard) viven con sus tíos porque su padre se está muriendo de cáncer y su madre, a consecuencia de la situación que la supera, sufre crisis nerviosas y depresión generalizada. Sólo tienen pocos años de edad pero ya les ha tocado vivir su propio infierno. En el exterior de este, en Quebec, se cuece también otro infierno: Le Crise d’Octobre. El enfrentamiento entre el gobierno canadiense y el Front de libération du Quebec.

Dos hechos paralelos conectados por un espacio y un tiempo. Unos niños y preadolescentes comportándose como adultos porque la situación lo requiere. Un deseo de ser feliz irrefrenable y un desastre imparable.

Como adultos tenemos que tener fe en nuestros actos y, lo más importante, ser conscientes de nuestra capacidad de influencia en nuestro entorno más cercano; la repercusión de ello en los nuestros. Un modelo de conducta no es necesario que sea una conducta modelo. El hecho en sí tiene que ser simple, preciso y sincero para que la influencia sea buena. La repercusión de éstos, eso, es lo que se nos escapa de las manos.

Como a Manon cuando secuestra a una anciana inglesa con Mimi y sus primos para retirarse a una cabaña en el bosque, dejando tras de sí una carta pidiendo la permanencia de su familia a cambio de la libertad de la anciana, magistralmente interpretada por Clare Coulter. Allí, en la cabaña, se influenciarán unos a otros para construir unos lazos, ingleses y quebequenses como en el conflicto de Le Crise d’Octobre, que superaran los ideales supranacionales para hacer énfasis en uno de los ideales más importantes y permanentes de la humanidad: la familia, sin importar si es de sangre, consanguínea, por adopción o por elección.

Luc Picard nos acerca esta historia del Quebec, desconocida para muchos. Esa historia individual, la de Manon y Mimi, tocada por el infierno y por las ganas de salir de él. Picard nos lleva, en definitiva, a ese bello paralelismo que, a veces, notamos que es nuestra propia vida; nos trae esos momentos colectivos e individuales a la vez. Dos historias que es una. Una que, inevitablemente, la hacemos nuestra. El poder del cine en su esplendor.

Pupille (Francia). Dir. Jeanne Herry

Pupille’. Huérfano menor. La historia de un bebé. El recorrido de un niño desde que nace hasta que es adoptado por una familia. Es la historia de los que no tienen culpa, de los que intentan librarse de ella. De buscar un ápice en el sistema. De ver cómo funciona el sistema. El sistema de adopción en Francia.

Jeanne Herry nos muestra el recorrido de un bebé a través de trabajadores sociales, enfermeras, madres  y padres biológicas y adoptivas, psiquiatras, doctores, servicios sociales. En definitiva, toda la rueda, todo el mecanismo.

Humana, dura, con sabor agridulce, ‘Pupille’ nos muestra eso: un ‘huérfano menor’ —como se traduciría literalmente del francés— para ver el funcionamiento de un sistema que pierde lo humano cuando no es capaz de comunicarse verbalmente. Una historia, la de Theo, de comunicación a través del gesto. Una historia que vale —y mucho— la pena visitar.

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