Vosotros sois mi película: mucho ruido y pocas nueces


Vosotros sois mi película

El director Carlo Padial (‘Algo muy gordo’, ‘Mi loco Erasmus’) y el youtuber Ismael Prego «Wismichu» unen fuerzas en ‘Vosotros sois mi película’, documental presentado oficialmente en el pasado Festival de Málaga, y estrenado el 31 de marzo en la plataforma online Flooxer para su visionado gratuito. Produce la empresa Youplanet, especializada en contenido online, y en el proyecto se han visto involucrados desde el ganador de un Goya por el montaje de ‘Un monstruo viene a verme’, Jaume Martí, a influencers como María Rubio (Miare) o Fausto Climent (Forfast WTF).

Para quien haya estado en una cueva la última década (o sea mayor de 30 años), un «youtuber» es, en pocas palabras, un creador de contenido audiovisual en la popular página YouTube. Dicho contenido puede ser muy variado -de videojuegos, humorístico, tutoriales, divulgación, vlogs-, y es habitualmente consumido por un gran número de personas, hasta el punto de que algunos de estos creadores son verdaderas estrellas mediáticas, al nivel de estrellas de cine o deportistas de élite. Un dato: PewDiePie, el mayor youtuber de la plataforma, cuenta con  aproximadamente noventa millones de suscriptores.

Wismichu es el número 22 en España, con algo más de ocho millones. En sus inicios hacía gala de un humor políticamente incorrecto y gamberro, que fue evolucionando hasta desarrollar inquietudes por problemáticas de YouTube, o por causas sociales que van desde el maltrato a los animales al machismo. En 2018 anuncia una bomba: estrenaría una película, titulada ‘Bocadillo’, y encima en el prestigioso Festival de Sitges. La historia, «de tintes autobiográficos» y premisa vaga, partiría de las dificultades de Ismael para encontrar un bocadillo vegetal, y se complicaría en un giro surrealista de los acontecimientos de consecuencias imprevisibles.

Aunque no era la primera producción dirigida por un youtuber en España (ese honor le correspondía a Alberto Redondo «Míster Jägger», y su ‘Jägger Royale’), hubo interés mediático en redes -pese a la desconfiaba que suscitaba el flojísimo tráiler-, y la gente acudió al estreno. Lo que se encontraron fue un bucle de poco más de una hora, en la que una y otra vez, con ligeras variantes, se repetía una misma escena inspirada en un sketch habitual en sus espectáculos teatrales. La sala estalló en aplausos, abucheos, y gritos de «Wismichu, cabrón, devuélveme el dinero».

De performance en Sitges a documental

Tres días después, en los que se sucedieron toda clase de comentarios -muchos negativos- en redes sociales, e incluso el asunto se convirtió en noticia de telediario, Prego subió un vídeo aclarando el concepto detrás de ‘Bocadillo’: era una performance, una llamada de atención sobre ciertos temas: la prioridad de los números sobre el talento, la desinformación en el mundo online, y los prejuicios contra los creadores de contenido en Internet. También anunció que la experiencia de Sitges, así como las reflexiones surgidas de los tres anteriores enunciados, formarían la base de un documental, que luego se revelaría como ‘Vosotros sois mi película‘.

Ante todo, creo que la película peca de excesiva en sus pretensiones, hasta el punto de darse una importancia que realmente no estoy seguro que tenga: aun tomando por exageraciones intencionadas las comparaciones con el Mito de la Caverna, los especiales de comedia de Andy Kaufman, o los ’71 fragmentos de una cronología al azar’ de Haneke, pretende hacer pasar como un suceso cuasi revolucionario en el audiovisual español una broma pesada, y como una gigantesca polémica la comidilla de Twitter durante un par de días. Padial y Prego no han reinventado la rueda, ni creado un nuevo género -una broma que se dice en el documental-, pero da la sensación de que eso mismo nos quieren vender.

Otro problema es que las pocas reflexiones que transmite son endebles, y van perdiendo fuerza a medida que pasan los minutos, de la mano con el interés que suscita en el espectador. Por ejemplo, parece que se quiere hablar del problema de la fama, de las molestias que supone el ser conocido por ocho millones de personas, tema en el que Wismichu se ha sincerado en más de una ocasión en su canal de Youtube: aquí no termina de cuajar, sobre todo porque la película hace muy, muy poco para que empaticemos con su protagonista, o más exactamente con sus angustias. Se vive como un quiero y no puedo, una idea que germina pero no crece. Un momento parece terriblemente angustiado por el revuelo, y unos minutos después se ríe con las reacciones, asegurando además que lo disfruta. Con esto no estoy dudando que la fama traiga incomodidades, y que Wismichu no las sufriera; simplemente, que en el documental no se refleja en demasía.

Rodaje del documental Vosotros sois mi película
Rodaje del documental «Vosotros sois mi película». Fuente: Youplanet Pictures

Y pasa algo parecido con los prejuicios, que parecen algo anecdóticos, teniendo en cuenta la amplia cobertura mediática y la disponibilidad de espacios (entrevistas en La Vanguardia, Cadena Ser, RTVE…) para promocionar la película. Las entrevistas de Forfast apuntan alguna cosa en esa dirección, pero nada que pueda sostener ese enunciado con pilares firmes. Y quizá realizar un tráiler intencionalmente malo no ayudó si se quería evitar el alimentar escepticismos e hipotéticos estereotipos.

El marketing vende mejor que el talento

No se puede negar, sin embargo, que hay cosas que están muy bien ilustradas. El concepto de que el marketing vende mejor que el talento queda perfectamente mostrado en el momento en el que una empresa le ofrece a Wismichu distribuir la película en salas, ¡sin haberla visto! Se podría medio justificar esta actitud con el argumento de que en un negocio como el cine, un producto que tenga garantizada la afluencia del público -y un cierto interés de los medios tradicionales y digitales- es una opción atractiva, pero esa despreocupación por la calidad es realmente preocupante… como igualmente preocupante fue que ningún medio se molestase en corroborar las afirmaciones soltadas sobre la película. Sólo por esto, ‘Vosotros sois mi película’ ya no es un filme inocuo, y merece la pena comentarlo.

Es una lástima que no vaya más allá. El documental se limita a lanzar la piedra al avispero, se congratula del revuelo y los zumbidos, pero no hay más salvo tímidos esbozos (esa conversación pseudo-intimista del final), y nos deja con las dudas: ¿es posible una relación armónica entre los medios mainstream y las jóvenes propuestas online que piden paso? ¿Cuáles son los límites -si los hay- para un creador de contenidos originario de YouTube? ¿Cómo evitamos que la publicidad y el marketing se adueñen de la experiencia fílmica? ¿O hay un término medio? Para presentarse como algo tan radical e iconoclasta, ‘Vosotros sois mi película‘ está vacía de conclusiones satisfactorias.

Por ir acabando: partiendo de unas ideas interesantes, y con unos ejemplos llamativos a primera vista, el documental termina perdiendo fuelle por su incapacidad de cristalizar en unas lecciones claras sobre la experiencia de ‘Bocadillo’, al tiempo que se va quemando la curiosidad por ver cómo se planificó la bromita. No es ni la mierda que unos aseguran, ni la obra maestra rompedora que otros proclaman. ¿Para esto tanto revuelo? Pues sí.

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