Crítica: El creyente


El creyente dirigida por Cédric Kahn

No existe redención posible sin un sacrificio previo. O por lo menos, así nos lo da a entender el director francés Cèdric Kahn en su última película ‘El creyente’. Con el objetivo de poner fin al infernal bucle en el que se ha convertido su vida, Thomas (Anthony Bajon, Oso de Plata al mejor actor en la 68 edición de la Berlinale) decide recluirse en una comunidad religiosa situada en medio de las montañas, donde tratan de rehabilitar a adolescentes violentos y drogodependientes como él.

El espacio actuará de marco para la reeducación del muchacho, ya que volverá a descubrir la amistad, el amor y lo que implica tener responsabilidades. De este modo, ‘El creyente’ es la historia de un retorno a la colectividad por medio de la fe y un apoyo comunal que da sentido a la vida de estos individuos, pero también el viaje a una naturaleza primitiva que encoge las formas humanas y en la que espera el milagro.

El creyente dirigida por Cédric Kahn
Escena de «El creyente» dirigida por Cédric Kahn. Fuente: Surtsey Films

Los distintos personajes que acompañan a Thomas (interpretados por Damien Chapelle, Alex Brendemühl y Louise Grinberg, entre otros) forman un coro de voces que aportan riqueza a un relato que se mueve entre la rigidez del dogma cristiano y la adecuación de su protagonista a este modo de vida, así lo demuestran las primeras escenas en las que el joven desentona dentro de un grupo que ha asimilado unas costumbres de las que todavía no es partícipe: cánticos, rezos, trabajos manuales.

No obstante, Kahn simplifica su discurso al optar por la lectura maniquea de una institución como la Iglesia católica. La bondad intrínseca a la fe que plantea el cineasta acaba imponiéndose, casi por gracia divina, ante cualquier claroscuro moral que se vislumbra a lo largo del metraje. La tensión entre elementos antagónicos encuentra en este filme una resolución apresurada, especialmente durante su desenlace.

El realizador corrige de inmediato cualquier aspecto que desentone con la imagen utópica que busca poner en escena, lo que no hace más que resaltar las fisuras de un trabajo que encuentra en la fuerza y la vitalidad de Anthony Bajon su punto fuerte.

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