Crítica: Largo viaje hacia la noche


Largo viaje hacia la noche dirigida por Bi Gan

A partir del ingenioso relato de Edith Wharton en ‘La Edad de la Inocencia’, Scorsese convertía el melodrama entre dos amantes imposibles en un gran ejercicio estilístico en el que los recuerdos vividos y los deseos callados del protagonista se entrelazaban en su mente en un in crescendo cada vez más difuso. No muy alejado de las narrativas clásicas del melodrama e interesado también en los difusos matices que separan a la memoria del sueño, y yendo más allá, al propio cine y la fantasía de la realidad, el cineasta chino Bi Gan explora en su segundo trabajo, ‘Largo viaje hacia la noche‘, estas capas protagonizadas por otros dos amantes imposibles y salpicadas por los tintes del cine noir.

“La diferencia entre una película y los recuerdos es que las películas siempre son falsas. Sin embargo, los recuerdos mezclan la verdad y la mentira.” – Luo Hongwu (Largo viaje hacia la noche)

Largo viaje hacia la noche‘ se abre en una de esas noches de música jazzística y bajos fondos, una noche de cigarros tan vaporosos como los recuerdos casi olvidados de una mujer. Luo Hongwu regresa a su Kaili natal e intenta dar con Wan Quiwen, de la que se enamoró tiempo atrás. La investigación y el recuerdo (vivido o no) de Luo se funden en un único seguimiento del pasado donde los relojes parecen no tener cuerda y las paredes inundadas de humedad y los abundantes charcos de agua revelan (y reflejan) la verdadera naturaleza de las emociones.

En uno de los recuerdos que Bi Gan pone en escena, un plano secuencia de escasos minutos muestra a Wan Quiwen, envuelta en un suntuoso vestido verde, caminando por una carretera. De pronto la imagen se emborrona por la abundante lluvia y revela que la cámara se encuentra en realidad dentro de un coche que persigue a la mujer. Tras la acción del limpia parabrisas la cámara vuelve a enfocar a la mujer, que se gira para revelar una vez más que camina cerca de la ventanilla bajada del conductor. Este plano, que se auto-transforma cada pocos segundos como los recuerdos casi oníricos de Luo, anticipa y configura desde ese instante el flujo inmaterial por el que navegará el propio filme.

Largo viaje hacia la noche dirigida por Bi Gan
Imagen de «Largo viaje hacia la noche» dirigida por Bi Gan. Fuente: Surtsey Films

Cuando Luo entra en una sala de cine y se pone unas gafas (y los propios espectadores con él), la propuesta muta a un único y virtuoso plano secuencia en tres dimensiones de casi una hora de duración, donde la investigación y la memoria de la primera parte del díptico se fundirán también con el sueño. Frente a la vigilia, que es plana, el sueño se torna tridimensional y el título de la película aparecerá al fin en pantalla, funcionando como bisagra hacia ese otro universo dentro del primero.

Bi Gan decide empapar a su protagonista de la fatiga y la consciencia necesarias para entrar en su propia exploración interior. El amor como motivación inicial desaparece y lo que queda es, literalmente, el largo viaje hacia la noche de uno mismo, la exploración de un complejo subconsciente donde buscar las respuestas y razones que le han llevado a su situación actual. En ese viaje regresan detalles de la investigación, a veces donde no deberían aparecer, mezclando las diferentes capas de realidad y sugiriendo, a través de la reconstrucción onírica, una epifanía para el protagonista. Si en la primera hora del filme el reloj detenido era detonante de cualquier ley espacio-temporal concebida, en la segunda lo será una bengala que parece no apagarse nunca.

En muchas ocasiones, los fuegos artificiales y las bengalas resultan engañosas. Tienen mucho de virguería y artificio, y realmente poco de fuego o sentido, por lo que resulta complejo condensar en un mismo espectáculo el simple carácter estético y la intencionalidad significativa del artista. Sin embargo, existe una certeza en cuanto al efecto que generan en cada uno de los presentes: la mirada fija e inamovible, la fascinación por las formas y la sinfonía visual generada por los colores y los sonidos. Son hechizo e ilusionismo y producen una experiencia colectiva de ensimismamiento. ‘Largo viaje hacia la noche‘ es arte pirotécnico.

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