La cápsula del tiempo de Agnès Varda


Varda by Agnès, el último documental de Agnès Varda

El 29 de marzo el mundo despedía a una leyenda del cine europeo: Agnès Varda. Si bien no disfrutó, como sí lo hicieron sus compañeros de la Nouvelle Vague, del estatus y reconocimiento que merecía hasta los últimos años de su vida, Varda consiguió labrar, en seis décadas de actividad, una de las carreras más prolíficas del panorama europeo, compuesta no solo de películas sino también de fotografías, exposiciones museísticas y video-instalaciones. Este repaso artístico, que en muchas ocasiones corre a cargo de teóricos y críticos de cine, quienes ofrecen interesantísimas y lúcidas lecturas críticas de una trayectoria, lo traza la propia Varda en su última cinta ‘Varda por Agnès‘, articulando una de las despedidas más personales y emocionales de las rodadas en los últimos años.

El filme comienza por el final, es decir, con los créditos de cierre. Todos los letreros que acostumbran a desfilar hacia el final de la sesión, cuando los espectadores se levantan y abandonan la sala, se presentan al principio, lo que obliga a acompañarlas por completo. La elección no tiene nada de anodina: pone sobre la mesa que los cientos de técnicos y colaboradores, a quienes se les agradece cuando la obra ha concluido, son el verdadero tema de la película. Esta es una película sobre el cine, sobre la gente del cine, sobre las ideas del cine. Esta vez, los bastidores se ponen en escena.

Las playas de Agnès (2008) dirigida por Agnès Varda
Escena de «Las playas de Agnès» (2008) dirigida por Agnès Varda.

Nada es más coherente, de cualquier manera, que comenzar por el final en un proyecto que se anuncia como testamento. Agnès Varda prometió a los 90 años de edad que este sería su último filme. Así, decide regresar a las momentos principales de su carrera, a sus aciertos y a sus errores, a sus elecciones cinematográficas y a su compromiso social. Si bien es cierto que algunos pasajes resultan reiterativos con el enfoque encontrado en ‘Las playas de Agnès‘ (2008), ambas se diferencian desde su concepción: aunque las dos obras dialogan entre sí, el documental anterior ofrecía una especie de autoficción sobre la vida personal de Varda. Esta vez, se preocupa más por su legado cinematográfico, privilegiando su carrera como cineasta y artista visual y rodada en clave de clase magistral dirigida al espectador/oyente, a quienes ofrece las herramientas críticas precisas para desengranar sus filmes.

El nuevo proyecto es más técnico, teórico y voluntariamente didáctico, sin ninguna connotación peyorativa del término. Combinando escenas de conferencias y debates celebrados por la propia cineasta, además de grabaciones inéditas para la película, Varda lleva a cabo un proceso de curaduría de su propia vida, separando los momentos que considera prioritarios en más de sesenta años de trabajo con las artes. Es importante destacar que Varda no se vanagloria, ni reclama en ningún momento un mayor reconocimiento del público y de los críticos. Con su característica humildad y sentido del humor, justifica sus elecciones de encuadre, iluminación, montaje y temática. No en vano, Varda va en busca de los actores que protagonizaron sus películas para hablar sobre su dirección de casting (‘Fuiste muy dura conmigo’, recuerda Sandrine Bonnaire, actriz que protagonizó en 1985 la soberbia ‘Sin techo ni ley‘) y a su vez confiesa sus inesquivables fracasos como cineasta con ‘Las cien y una noches’ (1995).

Sin techo ni ley (1985) dirigida por Agnès Varda
Escena de «Sin techo ni ley» (1985) dirigida por Agnès Varda.

En un momento dado del filme, como labrando a su vez una pequeña oda al ejercicio de la crítica cinematográfica, la cineasta francesa, que ha dedicado su vida a reflexionar sobre las distintas formas de arte, se rinde ante sus influencias godardianas y cahieristas, reforzando la idea de que “el travelling es una cuestión de moral”. Afirma que cada imagen y cada escena de sus películas ha sido pensada dentro de una ideología, de una creencia artística y cinematográfica y de una forma de vida. Su lucha por las minorías, su empoderante feminismo e ideología progresista y su afán por retratar de la manera más “real” lo que veía a través de su visor, afectó a cada una de sus elecciones, y que ahora, en 2019, muestra con una impresionante capacidad de distanciamiento. El resultado es una excelente clase de dirección cinematográfica, así como una forma madura de reflexionar sobre la noción de la autoría artística en tiempos de creaciones digitales, híbridas y múltiples.

En determinados momentos, el proyecto se aproxima al reportaje, especialmente en la presentación convencional del trabajo de Varda con las instalaciones y las performances. Así mismo, dedica un tiempo considerable a alabar la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo, utilizando en ciertas escenas lo que parece ser material institucional. A excepción de estos pasajes, el proyecto permite conocer las motivaciones y decisiones artísticas de una mujer que nunca quiso “hacer trucos ni con el tiempo ni con la geografía”. Hasta sus últimos días Varda poseyó una conciencia lúcida sobre las distintas épocas que vivió, disfrutando de su envejecimiento y preparándose para el final de su vida.

Varda por Agnès‘ concluye con una carta de despedida dirigida al cine, al público y a su juventud. La autora se despide con la sensación de haber cumplido, queriendo controlar, hasta el final de su vida, la narrativa sobre su legado. Dicha pretensión se trabaja con una sensación de ligereza, entre chistes, anécdotas, una apariencia casi burlesca y una pasión inconmensurable por la belleza de la vida cotidiana. En su honesta exposición, Varda ha sabido ofrecer un ejercicio de autoanálisis como pocos artistas han tenido el valor de proponer.

Larga vida al legado de Agnès Varda.

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