Crítica: Historias de miedo para contar en la oscuridad


Historias de miedo para contar en la oscuridad dirigida por André Øvredal

Las historias reviven cuando las contamos. Materializan sentimientos y experiencias. A veces representan nuestros miedos más elementales, por eso las compartimos con otros alrededor de una hoguera o en Twitter. Muchas de ellas nos curan, otras desgarran de arriba a abajo. La esperada ‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’, producida por el oscarizado Guillermo del Toro y dirigida por André Øvredal, experimenta estos miedos de terror adolescente donde las pesadillas creepy y los traumas del pasado marcarán a los protagonistas.

‘Historias de miedo para contar en la oscuridad’ nos lleva a 1968. Finales de una década en donde Estados Unidos vive cambios trascendentales: Nixon está a punto de hacerse con el poder y las sensaciones de derrota en Vietnam comienzan a materializarse. Mientras, la ciudad de Mill Valley parece haberse convertido en una maqueta atemporal ajena a cualquiera de estas realidades. Allí, en la mansión de la familia Bellows, cuenta la leyenda que la joven Sarah escondió durante años terribles secretos convirtiéndolos en una serie de escalofriantes cuentos.

El relato se centra en un grupo de adolescentes que encuentra el cuaderno recopilatorio de Sarah, momento en el que las historias de terror se volverán reales. Basada en la homónima serie de libros de terror del escritor y periodista Alvin Schwartz, el noruego André Øvredal, responsable de la aclamada ‘La autopsia de Jane Doe’, dirige esta cinta de terror producida y escrita por el propio Del Toro que vuelve a la producción tras ‘La forma del agua‘.

Historias de miedo para contar en la oscuridad dirigida por André Øvredal
Escena de «Historias de miedo para contar en la oscuridad» dirigida por André Øvredal. Fuente: eOne Films

Encabezada por numerosas caras desconocidas sobre las que recae el protagonismo del relato como Zoe Margaret Colletti, Michael Garza, Austin Zajur, Gabriel Rush, Kathleen Pollard, Gil Bellows o Dean Norris, entre otros, el filme se presenta como un pasadero divertimento veraniego para cinéfilos del terror añejo: el de fantasmas vengativos, mansiones encantadas y monstruos siniestros. Una propuesta más que complementa un verano repleto de títulos del cine de género como ‘Midsommar’, de Ari Aster; ‘Annabelle vuelve a casa’ o la secuela de ‘A 47 metros’.

Asimismo, uno de los puntos fuertes de la adaptación del productor mexicano y el director noruego es haber sido fieles a un elemento clave de la obra original. En ella, las horripilantes ilustraciones de pesadilla de Stephen Gammell son un elemento tétrico imprescindible para entender y disfrutar del trabajo en la gran pantalla. El respeto profundo a ese material logra convertir al filme en una decente mezcla de terror contemporáneo y, al mismo tiempo, un homenaje a las películas de Amblin con las que los creadores crecieron.

Es cierto que Øvredal, del Toro y compañía no arriesgan en una adaptación de historias de made in campamento de verano. Unos relatos que gracias a su simplicidad, jugarán al susto intergeneracional de pequeños y adultos dentro de la oscuridad de una sala de cine. El temor sobre donde apoyas el brazo va a estar ahí y lo sabes.

Previous Crítica: Déjame caer
Next Longa Noite del gallego Eloy Enciso compite en Locarno

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *