Crítica: Ray y Liz


Ray y Litz dirigida por Richard Billingham

Ray y Litz‘ fue el mejor descubrimiento de la pasada edición del Festival de cine de Las Palmas de Gran Canaria. Aclamada en los British Independent Film Awards (BIFA) donde ganó dos estatuillas, Mejor director novel y nuevo productor, llega a la cartelera esta ópera prima británica basada en las memorias del fotógrafo y director Richard Billingham. Una película autobiográfica que se centra en una serie de acontecimientos del pasado que nos conectan con la vida de sus padres Ray y Liz, y en la relación e impacto que tuvieron en el propio Richard y su hermano pequeño Jason.

Ray y liz‘ es un drama áspero y sin concesiones ambientado en los años de Thatcher, que disecciona con austeridad en la descomposición familiar hasta sus últimas consecuencias. Una historia sobre acoso, abusos y alcoholismo que se sitúa en el mejor cine social británico de los últimos años. Con una puesta en escena donde el aspecto mugriento de la vivienda no hace sino reflejar el estado interior de los protagonistas, para lo que su director se ayuda también de una luz sucia y macilenta que acentúa esa descomposición orgánica.

Ray y Liz dirigida por Richard Billingham
Escena de «Ray y Liz» dirigida por Richard Billingham.

Hay mucho rencor y malestar en la película, y eso no debería escandalizar. Hay animadversión incluso contra la propia tradición fílmica, contra el mito del humor británico. Los personajes no se sienten a gusto consigo mismo y a la vez no pueden soportar a nadie más. Por eso son tan antipáticos, incluso el uno con el otro, y por eso pasean su malhumor en constante conflicto y de manera áspera. ‘Ray y Litz‘, como debut y memoria cinematográfica, convierte en arte la expresión del descontento de su propio director.

Richard Billingham, cual entomólogo se vale de los insectos que habitan la casa para establecer un paralelismo con la vida miserable de sus protagonistas y con su estado de pobreza, no solo económica sino moral. Excepcional la interpretación de Joshua Millard-Lloyd dando vida a Jason, el hermano pequeño de la familia. Agobiante la sensación de opresión que refleja la película, y que la convierte en una demoledora denuncia social. Una película detallista, reflejo de una Inglaterra que existió. Y una muestra del talento de la mejor tradición británica del cine social.

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