Crítica: It: Capítulo 2


It: Capítulo 2 dirigida por Andy Muschietti

Tras el éxito rotundo de crítica y público de la primera entrega, Andy Muschietti vuelve a la dirección de ‘It: Capítulo 2‘, que supone el desenlace de la historia de Pennywise y el club de Los Perdedores. Al contrario que en la anterior película, esta secuela entremezcla ambas líneas temporales, tanto la de los adultos como la de los niños, mostrando su pasado y presente al mismo tiempo y acercándose más a la estructura del libro que la cinta original. Quizás dicha estructura sea más fiel al libro, pero creo que la narración se resiente al otorgar demasiada relevancia a los niños, que ya tuvieron una película entera para ellos solos, y sus versiones adultas quedan en un terreno de nadie que no ayuda a empatizar de la forma que sí lo hizo el capítulo anterior.

Este filme sigue manteniendo las señas de identidad del anterior y el apartado audiovisual sigue siendo magnífico, pero creo que asistimos a una película más desigual por varios motivos.

Desequilibrio narrativo

Uno de los aspectos que más me ha sorprendido de ‘It: Capítulo 2′ es su interés por acelerar lo acontecido en el libro de forma tan forzada. Entiendo que cada minuto en pantalla es oro y hay que introducir el conflicto lo antes posible para que la historia posea urgencia dramática, pero ese apresuramiento nos impide conocer a las versiones adultas de los personajes, y solo vemos pinceladas de su vida actual que resultan insuficientes para entender quiénes son y cuál es la carga que les dejó Pennywise cuando eran niños. Hay pasajes del libro realmente poderosos que son mostrados en el filme de forma tan anecdótica que los primeros 30 minutos del filme parecen más una colección de grandes momentos del libro porque «había que meterlos» que una construcción sólida del conflicto que vaya intensificando el drama.

Por otra parte, aunque relacionado con lo mencionado anteriormente, las prisas de su primera media hora de metraje creo que se deben a una decisión artística de la segunda mitad de película. El director ha optado por volver a mostrarnos a los niños en situaciones de peligro en las que vuelven a cruzarse con Pennywise para crear un reflejo con los personajes adultos, y creo que es innecesario. En el anterior filme ya vimos cómo todos los personajes por separado se enfrentaban a sus miedos en escenas individuales. Al repetir este modelo con el único propósito de servir como espejo de los adultos, genera una sensación de redundancia que acaba por lastrar esta sección del filme, no tanto por su falta de ritmo (funcionan muy bien en su cometido) sino por su existencia y objetivo. Si estas escenas se hubieran eliminado y los 10-15 minutos que se ahorran fueran utilizados para contextualizar a los adultos en su nueva realidad, creo que habría conectado mucho más con su situación actual y el resto del filme se habría sentido más coherente y compacto.

El casting de la película es fantástico, no solo porque se parecen físicamente a sus versiones más jóvenes sino porque la dinámica que se crea entre ellos funciona. Realmente se nota que los intérpretes adultos han recogido elementos de las interpretaciones del grupo de jóvenes y los han incorporado a su interpretación. La cadencia de Beverly, la intensidad de Bill, las miradas de Ben, la dualidad emocional de Richie, la madurez de Stan, el miedo de Eddie y el estoicismo de Mike. En este sentido no puedo ponerle ninguna pega a la película. No obstante, en su tercio central siento cierto estatismo en la historia porque los personajes se ven limitados en varios momentos a un mismo espacio (el hotel), y realmente no se aprovecha dicho espacio de la mejor forma. Personajes que entran y salen constantemente, suben y bajan escaleras y apenas exploran el espacio en el que se encuentran. Yo personalmente habría agradecido interacciones en distintas secciones del hotel o directamente en otras localizaciones, ya que aportaría frescura y una sensación de mayor escala, de que realmente Derry está presente y los personajes no se limitan a lugares específicos de la ciudad.

It: Capítulo 2 dirigido por Andrès Muschietti
Bill Hader, Isaiah Mustafa, James McAvoy, James Ransone y Jay Ryan en «It: Capítulo 2». Fuente: Warner Bros

Otro aspecto que no es llevado de la mejor forma posible es el amoroso. No voy a entrar en detalles porque esta reseña está libre de spoilers, pero sí diré que en los libros se explora el romance de manera más abierta y profunda. Entiendo que en una película estás encorsetado a una duración concreta y tienes que saltarte pasos y tirar de elipsis para alcanzar ciertos momentos, pero creo que este apartado no se ha explorado en absoluto, no solo con los matrimonios de algunos personajes sino con lo posibles nuevos romances que puedan crearse. Solo una subtrama ahonda mínimamente en los sentimientos de un personaje y lo hace de forma emotiva y adecuada, hasta el punto de alzar el personaje como una de las grandes bazas de la película. Sin embargo, el resto se debe conformar con meros trazos de información que nunca evolucionan a algo más complejo. Por este motivo el final de algunos personajes se siente frío y poco recompensado.

Virtuosismo libre

Andy Muschietti parece haber tenido mayor libertad creativa en ‘It: Capítulo 2’,, no solo por su extensa duración (2 horas y 49 minutos) sino por ciertas decisiones a nivel estilístico que rara vez vemos en películas de estudio. Muschietti da rienda suelta a su imaginación y construye secuencias llenas de sangre, violencia y monstruos pero también de una belleza perturbadora. En esta película Pennywise es más juguetón que en la anterior y tiene un arsenal de criaturas a su disposición para generar auténtico pavor en el club de Los Perdedores. El director exprime al máximo el personaje e intenta no repetirse a la hora de crear secuencias desasosegantes. Personalmente me considero una persona poco amante del terror de sustos, de los clichés del género que buscan asustar de las formas más tópicas y obvias. Afortunadamente, cada escena te avisa de los sustos que están por venir y, aunque a veces te pillen desprevenido, nunca sientes que Muschietti haya escogido el camino más fácil y burdo, cosa que agradezco. Hay criaturas tan terroríficas en la película que realmente el montaje de sonido resulta crucial en este filme porque intensifica el miedo que provoca a nivel visual con el apoyo sonoro. Está muy claro que el director se siente cómodo en este entorno y quiere introducirnos en un círculo vicioso de locura que se acentúa en el clímax final.

Debo decir que esta película luce más cara que la anterior y parece que Muschietti tiene muchos más medios para que el filme se sienta más grande y visualmente rico, pero a ratos siento que se exceden con el CGI. A veces el terror que insinúa hace más mella en los personajes y el espectador que el terror que se muestra. Además, echo algo de menos a Chung Chung-hoon, director de fotografía de la anterior película. Checco Varese realiza un notable trabajo y sabe crear una atmósfera que encaje con lo visto en la cinta original, pero en la parte final de la película donde la oscuridad puebla cada plano, había momentos en los que no veía con claridad lo que estaba ocurriendo, y el montaje no ayudaba porque en escenas de persecución Muschietti tira de mucho corte en movimiento y acaba por desorientar al espectador. Es un problema menor, pero en mi caso personal agradezco cuando un filme crea suficiente contraste en pantalla para discernir qué esta ocurriendo aunque se encuentren en plena oscuridad. La banda sonora sigue siendo igual de inquietante y hermosa que en la anterior entrega, y creo que acompaña estupendamente a las escenas, enfatizando las emociones adecuadas en cada momento.

No voy a meterme en el terreno interpretativo porque creo que todos hacen un buen trabajo con el material que les han dado y podrían haber brillado mucho más si se les hubiera otorgado más tiempo en pantalla y un contexto más profundo, pero sí quiero destacar la labor de Bill Hader. Su experiencia principalmente en la comedia no le impide brillar por encima del resto no solo en dicha materia sino también en la dramática. El personaje de Richie Tozier es de los mejores perfilados en la película y creo que Hader exprime cada segundo en pantalla. Se ha convertido en una estrella de manera muy gradual (trabajó durante muchos años en Saturday Night Live), pero sus últimos papeles en cine unidos a Barry, la aclamada serie que protagoniza, lo han elevado a la categoría de actor todoterreno. Deseando verle en papeles diversos y comprobar hasta dónde llega su polivalencia interpretativa.

‘It: Capítulo 2’ es una secuela digna, una película ambiciosa y poco convencional en blockbusters de estudio, pero tropieza en su estructura y en su habilidad para manejar dos grupos de personajes en momentos temporales distintos y que se sienta orgánico. Mayor foco en los adultos creo que habría ayudado mucho a la hora de profundizar en sus vidas, pero nos quedamos en un quiero y no puedo que deja un sabor agridulce al final de su metraje. Es un buen filme, y agradezco su valentía en ciertas secuencias, pero le falta calma en su primer acto y le sobra metraje del grupo más joven en el resto.

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