Los tiburones de Lucía Garibaldi regresa a San Sebastián


Lucía Garibaldi, directora de Los tiburones

La uruguaya Lucía Garibaldi escribió y dirigió ‘Los Tiburones‘, su primer largometraje, proyecto con el que ganó el Premio de la Industria en Cine en Construcción en la pasada edición del Festival de San Sebastián. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Sundance de este año, donde Garibaldi fue reconocida con la Mejor Dirección.

En su ópera prima Lucía Garibaldi explora un mundo solitario donde el deseo adolescente fluctúa entre lo rutinario y lo peligroso. Porque ‘Los tiburones’ habla sobre estar rodeado de muchos pero sentirse solo, sobre lo que se esconde debajo de la superficie, sobre la sangre caliente, el mar y la irremediable búsqueda de la empatía. Ahora regresa nuevamente a San Sebastián para ser proyectada dentro de la sección Horizontes Latinos.

¿De qué va Los tiburones?

La tranquilidad de un pequeño balneario se ve alterada por la sospecha de una insólita invasión de tiburones, algo preocupante para los lugareños. Rosina tiene 14, es la del medio de tres hermanos, no tiene amigos y sus intercambios con el mundo no pasan de monosílabos o alguna frase suelta; ella cree haber visto algo en el mar, pero nadie parece prestarle demasiada atención.

En su familia están más preocupados por la ajustada economía doméstica, el trabajo y la temporada de verano que se avecina. Cuando su padre la lleva a trabajar en el mantenimiento de las casas de veraneo de la zona conoce a Joselo, un pescador algo más grande que ella.

Entre piscinas sucias, jardines pomposos y playas desiertas, Rosina empieza a experimentar algo nuevo: el deseo de acortar la distancia entre su cuerpo y el de Joselo. Pero es un interés poco correspondido. Para llamar su atención elabora un plan retorcido y algo torpe, moviéndose invisible y peligrosa, como inspirada por la presencia de los misteriosos depredadores.

Los tiburones dirigida por Lucía Garibaldi
Escena de «Los tiburones» dirigida por Lucía Garibaldi, película en Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.

Lucía Garibaldi reflexiona sobre Los tiburones

Los tiburones‘ cuenta la historia de Rosina, una adolescente que vive en un balneario donde se corre el rumor de que por primera vez en la historia hay tiburones. Es sobre su primer acercamiento con un hombre, es un acercamiento bastante torpe y poco correspondido.

No sé exactamente cómo se me ocurrió hablar de esto. Fue una sumatoria de sensaciones que tuve durante años sobre lo que era crecer, sobre lo que era hacer las cosas por primera vez y sobre ser un poco deforme y ser adolescente, que es raro. Quería hablar de un momento en particular en la vida de alguien, quería contar una historia sin reflexionar tanto sobre eso, simplemente contar una historia.

Rosina es el personaje principal de la película, ella tiene una particularidad y es que cuando tiene que tomar una decisión siempre va a decidir lo menos correcto. Le gusta eso, le gusta manipular, le divierte. Es un personaje que actúa rápido sin pensar mucho las cosas, es un personaje que incomoda y a la vez es tierno, y esa ambigüedad me resultó siempre muy interesante.

Yo tenía mi guion y mi idea relativamente clara hasta que conocí a Romina, la actriz, ahí empecé a re escribir todo en función de ella: de su forma de ser, de moverse, de hablar.

Además, pasaron años de escritura e intervalos de la vida, y cuando finalmente conseguimos el dinero para filmar, la realidad se me vino encima: tenía que hacer una película que tuviera que ver conmigo ahora. Desde ese entonces hasta antes de filmar me pasaron muchas cosas: me enfermé, viajé, vi muchas películas, conocí a un montón de gente, escribí otros guiones, comí cosas nuevas… Esas cosas, y el tiempo, te cambian el interés, creo.

También sucedió que Romina apareció en mi vida con una edad mayor a la del personaje, entonces tenía que apurarme a filmar para que efectivamente fuera ella quien interpretara a la protagonista. Si no filmaba rápido Romina iba a crecer y yo no iba a saber qué hacer. Tuvimos la suerte de que los dos fondos nacionales importantes nos apoyaron en un mismo año y no había pasado el tiempo suficiente para que el cuerpo de Romina cambiara. Igualmente la llamaba cada tanto para chequear si había crecido mucho o no. Por suerte, no.

Romina no es actriz profesional, no. Eso era algo que me entusiasmaba bastante. A veces, a esa edad, algo se conserva intacto cuando no son muy autoconscientes del oficio, creo, y para este personaje yo necesitaba eso.

Vimos varias chicas, cerca de 50. Ella fue la primera que vi. La vi en un video. Era un registro de un ejercicio de teatro del liceo y ella estaba ahí, tranquila, desinteresada, con sus dedos largos y su voz grave. Siempre es así. Durante todo el rodaje, nunca quiso mirarse al monitor. Es increíble.

Fuente: Montelona Cine
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