Crítica: Día de lluvia en Nueva York


Timothée Chalamet en Día de lluvia en Nueva York

Día de lluvia en Nueva York‘ debería haberse estrenado el pasado otoño, pero Amazon Studios lo impidió haciendo referencia a una acusación sin fundamento de hace 25 años contra Woody Allen, vertidas en la época del #MeToo. Su nueva película lo tendrá difícil para verse en Estados Unidos pero a nivel internacional ya hay distribuidoras que apuestan por él, como es el caso, afortunadamente, de España.

No cabe duda que Woody Allen es uno de los cineastas vivos más prolíficos y con mayor talento de su generación. Difícil no sucumbir al encanto de su cine y a los conflictos afectivos de sus personajes. Desde que empezara ha dirigir películas con ‘Toma el dinero y corre’ hace ya 50 años, hemos visto Nueva York con la inconfundible mirada de Allen. Porque nadie mejor que él ha sabido reflejar en la gran pantalla los encantos de la Gran Manzana. Al colocar su cámara en Londres, Barcelona, París o Roma, demostró que su cine podía sobrevivir a Manhattan. Desde ‘Match Point’ no ha parado de dirigir a una nueva generación de jóvenes actores conquistando a un nuevo público, alejado de sus grandes películas de los 70 y 80 como ‘Annie Hall’ (1977), ‘Manhattan’ (1979), ‘Hannah y sus hermanas’ (1986) o ‘Delitos y faltas’ (1989).

Poco importa que ‘Día de lluvia en Nueva York‘ aparezca como «película menor» o «ligera», un empeño absurdo de algunos críticos por comparar cada nueva película suya con sus obras maestras. Hay que hacerse a la idea que, a punto de cumplir 84 años, sus grandes obras ya han sido realizadas y ocupan ya un puesto destacado en el séptimo arte. Por eso, su nueva comedia romántica se disfruta sin este condicionante y porque además resulta ser una comedia muy entretenida.

Woody Allen vuelve a retratar a las clases altas a través de la historia de dos universitarios enamorados, Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning). Sin duda, es el terreno donde mejor se mueve, aunque reconozcamos que en ‘El sueño de Casandra’ se acercó al realismo social, aunque no con tanto éxito. La película sigue a una joven pareja (Gatsby y Ashleigh) mientras su programado fin de semana romántico en Nueva York se precipita debido al encargo que ésta recibe por parte del periódico de su Universidad: entrevistar en Manhattan a su director de cine preferido, Roland Pollard (Liev Schreiber). Gatsby, neoyorquino orgulloso de su ciudad, ansía llevar a Ashleigh a sus lugares predilectos.

Igual que su homónimo en la novela de F. Scott Fitzgerald, Gatsby es una criatura de otro tiempo. Prefiere las películas clásicas de Hollywood, y lo habitual de Gershwin, a cualquier otra cosa contemporánea. Todo eso forma parte del concepto romántico que Gatsby tiene de la vida. Ashleigh (Elle Fanning), como Gatsby (Timothée Chalamet), también ha nacido en un entorno rico, aunque el hacerlo en Arizona la ha convertido en una persona mucho más despreocupada. No le afectan los conflictos interiores que le embargan a Gatsby, y está empeñada en hacerse una carrera como periodista.

Elle Fanning y Timothée Chalamet en Día de lluvia en Nueva York
Elle Fanning y Timothée Chalamet en «Día de lluvia en Nueva York». Fuente: A Contracorriente Films

Los personajes de ‘Día de lluvia en Nueva York‘ tienen problemas que giran en torno a su identidad. Gatsby padece el complejo más obvio: todavía no ha descubierto quién es. Finalmente, su madre (Cherry Jones) se revela como una persona completamente distinta a aquella que su hijo pensaba que era. Una y otra vez se nos recuerda la identidad no formada de Ashleigh: cuando se encuentra con Vega, está tan nerviosa por la fama de éste que no puede recordar su propio nombre.

Estrechamente ligado a este motivo recurrente de la identidad está el anhelo de los personajes por ser vistos. Gatsby quiere que su madre lo vea de verdad y lo acepte tal y como es. De acuerdo con los personajes que luchan por ser reconocidos por lo que son realmente, el estilo visual de la película oscurece a menudo los rostros de los mismos, que quedan con frecuencia en la sombra.

Los lugares que visitan Gatsby y Ashleigh indican asimismo los contrastes en sus personalidades así como en las experiencias que viven durante su tiempo en Nueva York. Gatsby está enamorado del Nueva York de los viejos tiempos, una especie de alter ego del propio Woody Allen, ya que incluso frecuenta vestigios de tiempos pasados, como el Bar Bemelman del Hotel Carlyle, precisamente donde el propio Allen toca todos los lunes que está en la ciudad el clarinete y que está a una manzana de su casa de la Quinta Avenida.

Día de lluvia en Nueva York‘ es la interpretación de Woody Allen de las antiguas películas románticas de Hollywood. Esta es una historia de amor enmarcada en una estampa romántica de Nueva York bajo la lluvia. Su último trabajo resulta mucho más optimista que la mayoría de las películas que ha realizado porque al final Gatsby, su protagonista, se encuentra a sí mismo durante ese fin de semana, logrando una mejor relación con su madre, y llegando a una conclusión sobre la mujer de su vida.

Desde el punto de vista formal, la película está magníficamente fotografiada por Vittorio Storaro, quien ya colaboró previamente con Allen en ‘Café Society’ y ‘Wonder Wheel‘. Solo el italiano es capaz de iluminar ese Nueva York lluvioso y sombrío para hacernos sentir su romanticismo. Porque la lluvia es un personaje esencial de la película, un símbolo romántico que sugiere los distintos modos en que Gatsby y Ashleigh ven la vida. Ashleigh ve en la lluvia tristeza, en tanto Gatsby la entiende romántica.

Woody coloca algunas bromas sobre la alta sociedad y parodia las relaciones amorosas que rodean a las celebridades del mundo del cine. Algunas escenas funcionan mejor que otras en esta comedia de enredos, igual que algunos diálogos, pero se deja entrever nuevamente la marca del gran dialoguista que sabe ser Woody Allen. Y resulta un descubrimiento Elle Fanning, en una divertídisima interpretación, digna de alabar. Y también la de Timothée Chalamet, al que veremos nuevamente tocar el piano y cantar, y que demuestra que es un actor eficaz tanto en drama como en comedia.

Un bonito homenaje, no exento de cierta nostalgia, que nos reencuentra con esos años de juventud donde todo está por descubrir y con ese Nueva York que tan buenas películas siguen inspirando a Woody Allen. No dejen de verla.

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