Crítica: Joker


Joker dirigida por Todd Phillips (con Joaquin Phoenix)

‘Joker’ supone un punto y aparte en la filmografía de Todd Phillips, director reconocido principalmente por sus comedias (‘Resacón en las Vegas‘, ‘Salidos de Cuentas’). En ‘Juego de Armas’ mostró una faceta más oscura y sobria de lo que nos tenía acostumbrados, pero ‘Joker’ ha sido un giro de 180 grados que pocos vimos venir y que ha sorprendido a propios y extraños.

La película viene precedida de opiniones apasionadas y polémicas varias, pero voy a dejar a un lado el ruido externo y concentrarme en sus méritos como película. ‘Joker‘ es un filme que incita al debate, que tiene múltiples lecturas e intenta abarcar diversos elementos sociopolíticos, y resulta refrescante que una película de estudio y basada en un personaje de cómic tenga la valentía de abordar temas incómodos o controvertidos desde un punto de vista tan realista a ratos como aterrador en otros.

Joker, descenso a la locura

El punto de vista de ‘Joker’ es realmente estimulante porque estamos ante un narrador poco fiable ya que vemos la historia a través de sus ojos. Este acercamiento ofrece al espectador la oportunidad de introducirse en su cabeza y ver el mundo de la misma forma que lo ve Arthur (Joaquin Phoenix). En este sentido, Arthur asiste a un mundo deprimente en el que nunca se ha sentido cómodo por el rechazo de los demás o la falta de empatía que han mostrado hacia él. Y creo que es la forma adecuada de atacar la historia porque todo el peso de la película recae sobre sus hombros, así que resulta esencial conseguir que el espectador empatice con su situación aunque las acciones que tome a lo largo del filme sean condenables. Las películas con grandes villanos suelen funcionar bien cuando existe un contrapunto que de equilibrio a la trama. Si esta película hubiera decidido mostrar a un personaje sin aristas y cuya maldad parece forzada e impostada, no solo no habríamos asistido a su viaje personal con interés sino que generaría un sentimiento casi opuesto. Era necesario entender sus motivaciones para establecer la dinámica que servirá como base de la historia, y creo que Todd Phillips ha sido muy inteligente en su aproximación.

Por otra parte, ‘Joker’ se siente tangible y cercana porque muestra una versión hipervitaminada de nuestra sociedad. Aunque a ratos alcance extremos incómodos, la película no tiene miedo de enfangarse y muestra la cara más amarga de nuestro mundo y cómo el día a día de una persona puede ser un infierno personal. Obviamente debemos tener en cuenta que la película golpea al personaje una y otra vez porque quiere que «entendamos» de dónde proviene su tristeza, frustración e ira, pero no busca el hiperrealismo. Por este motivo, es importante resaltar que la película no intenta disculpar las acciones del Joker, sino envolverlo en un entorno hostil que dinamite una psique frágil y dañada con anterioridad. La película no tiene miedo de hablar sobre la salud mental, los recortes en materia social, la lucha de clases y cómo la falta de empatía y el egoísmo alimentan conflictos futuros. Es una película que se retroalimenta a través de distintas vías, pero siempre gira en torno a la figura de Arthur Fleck y su viaje personal.

El personaje del Joker da pie a numerosos acercamientos, algunos más caricaturizados, otros más oscuros y violentos. No obstante, el Joker de Joaquin Phoenix es una versión sombría no por sus actos en sí (que también), sino por cómo ciertos detalles de su vida diaria se van amontonando hasta ahogarlo y generar una reacción visceral en él. Se trata de una interpretación milimétrica, basada en la transformación gradual pero constante de una persona inestable mentalmente con momentos de lucidez y que apelan a nuestra visión personal del mundo. Pocas veces he visto un despliegue interpretativo tan preciso y libre de ataduras.

Phoenix adelgazó 24 kilos, desarrolló un lenguaje corporal específico y trabajó durante mucho tiempo en una risa absolutamente escalofriante, no solo por su sonido sino por cómo está incorporada en su personaje. No se trata de una risa con objetivo burlón o que denote la locura latente del personaje. Sin entrar en detalles, considero realmente fascinante la forma en la que han usado la característica e icónica risa del Joker y le han dado la vuelta para convertirla en algo más siniestro. Joaquin Phoenix es el protagonista absoluto de la película y su interpretación es tan memorable a tantos niveles que resulta realmente terrorífica. Me sobran dedos de una mano para contar las veces que me he sentido tan frágil y angustiado en una sala de cine.

Joaquin Phoenix en Joker
Joaquin Phoenix en «Joker», León de Oro en la 76ª edición del Festival de Venecia.

Armonía estilística

Todd Phillips no solo ha sorprendido a muchos con el tono que ha imprimido a esta película, sino con el apartado estilístico de la misma. La dirección de Phillips es mucho más minuciosa en este filme, ya que intenta introducir al espectador en la mente de Arthur a través de los movimientos de cámara y la narrativa visual. Cuando Arthur está en un estado de éxtasis, la cámara se pega a su cuerpo y danza al son del protagonista como si de un dúo de baile se tratase. Primerísimos primeros planos nos permiten ver con detalle su lenguaje corporal, su manera de expresar liberación y aceptación de su propia naturaleza. Además, en muchos momentos, Arthur muestra tics que denotan nerviosismo o avisan al espectador de una explosión posterior, aunque muchas veces sea impredecible. Pero sobre todo disfruto con la dirección de Phillips cuando me quiere contar cosas con ángulos y cambios de foco.

Hay varios planos en los que Arthur echa su cabeza hacia atrás, y de alguna manera siento que el director quiere decirnos que su protagonista está viendo el mundo del revés, su visión está siendo alterada por él mismo. Otro aspecto que me encanta es el uso de las escaleras. Hacia el inicio del filme, Arthur tiene que subir unas escaleras eternas y lo hace con pesadez y resignación, como si intentara unirse al resto de los mortales en un lugar al que él no pertenece. Pero más adelante vemos cómo baja esas mismas escaleras con una actitud muy distinta, como si ese descenso literal también fuera un descenso al infierno, al caos más absoluto, lugar en el que se siente cómodo. Por otro lado, el foco de muchos planos es esencial porque Phillips usa lentes que difuminan el entorno de Arthur, manifestando la desconexión que existe entre él y lo que le rodea. Son herramientas que siempre son usadas para ahondar en la psicología del personaje, y me encanta que Phillips tire de ellas constantemente porque enriquece el relato, sobre todo en futuros revisionados.

También es digna de resaltar la fotografía de Lawrence Sher, habitual de Todd Phillips en su filmografía, y que en este caso apuesta por un uso de la luz que bebe mucho del cine norteamericano de los 70. El uso de tonos marrones y grises para generar una sensación de suciedad, la aparición de tonos más cálidos para escenas más ligeras o de ensoñación, y el uso del contraluz para destacar la figura del personaje y separarlo del espacio que habita. Estas sensaciones son enfatizadas en todo momento por la banda sonora de Hildur Guðnadóttir (‘Chernobyl‘). La composición musical del filme destaca por unos temas que crean una sensación de dilatación del tiempo con un ‘in crescendo’ que genera desasosiego. La música no tiene una extensa variedad de temas y el propósito es claro: quiere introducirnos en un estado mental concreto y la repetición de instrumentos y tonalidades similares crea un estado de trance que nos va consumiento gradualmente hasta explotar en el clímax de la cinta. Todos los apartados del filme están muy cuidados y hay una sensación de unidad y sintonía que elevan la película a otro nivel.

‘Joker’ es un visionado incómodo y fascinante que apela a nuestras emociones básicas y consigue llevarnos de la mano a un infierno que se siente tangible y sobrecogedor. Es una de las mejores películas del año porque no tiene miedo a abrazar la locura y hacernos partícipes de ella. Y sobre todo, es un filme que generará pasiones e incitará el debate de temas controvertidos. Y en eso consiste el cine. La ficción debe tomarse como tal y no ser utilizada para agendas personales como arma arrojadiza, sino para reflexionar sobre nosotros mismos.

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