Crítica: Parásitos


Parásitos dirigida por Bong Joon-ho

Tras dirigir tres cortometrajes en 1994 (os recomiendo ‘Incoherence’, donde ya demuestra su interés por temas sociopolíticos) Bong Joon-ho inició su carrera como cineasta de largometrajes en ‘Barking Dogs Never Bite’, película estrenada en el año 2000 que supuso el pistoletazo de salida de una filmografía realmente asombrosa. Su consagración llegaría con la extraordinaria ‘Memories of Murder’, thriller sobre un asesino en serie que supondría su primera colaboración con Song Kang-ho, actor fetiche del director surcoreano. A partir de entonces, Joon-ho encadenó películas de géneros variados pero con un nexo común: el comentario sociopolítico. ‘The Host’, ‘Snowpiercer’ y ‘Okja’ nos hablan de clases, de la dualidad social, el capitalismo y el poder de las élites sobre el ciudadano de a pie a través de géneros como la fantasía o la ciencia ficción. ‘Mother’ es su esfuerzo más contenido, aunque posee ese componente social que suele estar presente en toda la filmografía del director. Ahora regresa con ‘Parásitos‘ a su país natal para una película más enfocada en su entorno

En definitiva, una filmografía diversa y envidiable que parece haber coronado con ‘Parásitos‘, película con la que ha hecho historia tras ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes, siendo el primer filme surcoreano que lo consigue. Crítica y público se han rendido ante ella, y todos parecen estar de acuerdo en que estamos ante la película del año. Bong Joon-ho es uno de mis directores favoritos, y he ido al cine como si de un evento se tratase. Las expectativas eran tan sumamente altas que me ha sido imposible desembarazarme del ruido externo. Si bien es cierto que he evitado reseñas y trailers de la película, es difícil entrar a la sala sin ideas preconcebidas, y creo que ningún filme merece tener una losa tan grande como el hype de esta película cuando asistimos al cine. Dicho esto, hablemos de ‘Parásitos’, uno de los fenómenos cinematográficos del año.

Párasitos, choque de clases

Durante su primera mitad, ‘Parásitos’ establece las bases del conflicto a partir de la presentación de ambas familias. Por un lado, la familia más humilde vive en una especie de sótano a través del cual pueden ver cómo la gente de a pie circula a la altura de sus ojos. Desde el primer plano de la película, Joon-ho quiere mostrarnos que la familia protagonista vive en un lugar sucio, rodeado de bichos y apenas llegan a fin de mes con el dinero que generan los cuatro. Les han cortado el teléfono por las deudas y roban el wifi de los vecinos. El director quiere en todo momento mostrar a esta familia desde una perspectiva visual que nos hable de su lugar actual en la pirámide social: abajo del todo. Además, juega muchísimo con la cámara a la hora de mostrarnos la distancia económica que separa a ambas familias. Hacia la mitad del filme hay una secuencia extensa en la que los personajes vuelven a su casa y siempre están bajando escaleras y pendientes, enfatizando la enorme distancia que existe entre la riqueza de la familia Park y la pobreza de la familia Kim. En el filme, mejorar el estatus social implica subir escalones y andar carreteras empinadas que llevan a una vida aparentemente mejor.

Por otra parte, Bong Joon-ho usa mucho el plano cenital y el travelling vertical para destacar nuevamente la posición de los personajes. En ‘Snowpiercer‘, Joon-ho utilizaba el travelling lateral para mostrarnos el camino que los personajes del vagón de cola realizaban de cara a alcanzar los vagones delanteros, aquellos en los que las élites se encuentran. Aquí, la casa de los Park está dividida en distintas secciones que ofrecen la misma oportunidad desde el plano vertical. Se trata de un juego visual constante y realmente inteligente, ya que a los personajes se les recuerda constantemente dónde pertenecen.

Creo que esta película es un complemento interesante (y prácticamente opuesto) a ‘Joker’, ya que ambas hablan en mayor o menor grado de la lucha entre ricos y pobres, las élites y los más desfavorecidos, aunque el filme de Todd Phillips lo hace desde la obviedad y el martillo pilón (y funciona estupendamente). Joon-ho proyecta esta lucha desde un prisma mucho más sutil e hilarante, con diálogos afilados y frases que se sienten naturales pero poseen una carga sociopolítica importante, y funcionan como exposición del conflicto y de eventos que se desarrollarán a posteriori. No hay un paso en falso en este sentido.

Parásitos dirigida por Bong Joon-ho
Escena de ‘Parásitos’ dirigida por el cineasta surcoreano Bong Joon-ho. Fuente: La Aventura

Subvertir expectativas

La principal baza de ‘Parásitos’ es la evolución constante de la familia Kim y todo lo que la rodea. Cada nuevo elemento añadido produce un impacto en ellos y la forma que tienen de salir del apuro supone una tirita en una herida que se vuelve cada vez más profunda. Demuestran mucha inteligencia a la hora de intentar conseguir su objetivo, pero la película no para de poner obstáculos en su camino para llevarlos a puntos de no retorno. La familia Park es uno de esos obstáculos. Ellos llevan una vida de lujo, simple pero muy cómoda, y en todo momento requieren de otras personas para poder realizar sus labores diarias. Son dependientes de sus sirvientes, lo cual crea una contraposición de elementos muy interesante. Por un lado vemos que la familia Kim necesita de la familia Park para salir de la pobreza, pero la familia Park necesita de la familia Kim para mantener su estatus e independencia económica. Son dos caras de una misma moneda, pero la visión de ambas familias es muy distinta. Bong Joon-ho nutre a la historia de muchas metáforas visuales que refuerzan esta situación tan irónica como incómoda.

Quizás, una de las pocas cosas que no han terminado de volarme la cabeza es la fuerza de la familia Park por sí misma, y no como complemento de la familia Kim. Entiendo lo que Joon-ho quiere hacer al perfilarlos de una manera tan elegante a la par que monótona y poco excitante. El problema es que, cuando el foco de atención se establece en ellos, la historia no posee el mismo interés ni el impacto que sí tiene el resto del metraje. Afortunadamente, son escenas aisladas que no rompen el ritmo necesariamente ni hieren de muerte a la película, porque funcionan más como retrato que refuerce las diferencias y siempre intenta sumar a un todo, aunque no siempre acierte de pleno. Además, considero que en futuros revisionados, cada escena podría servir un propósito mayor ya que, con conocimiento de causa, las piezas del puzzle se ven con mayor claridad.

He intentado en todo momento ser muy sutil en la forma de encarar la película porque hay ciertas sorpresas que no quiero desvelar, ya que es un filme que se presta mucho a ser visto sin conocer prácticamente nada de su trama. En este sentido, voy a pasar de puntillas por su tercer acto y simplemente diré que todo lo anteriormente construido explota en pantalla de maneras sorprendentes y consolidan la temática del propio filme. Creo que hay mucha coherencia, aunque puedo entender que a muchos espectadores les pille desprevenidos, pero debemos recordar que el cine surcoreano es especialmente diestro en la mezcla de géneros y tonos sin que chirríen ni generen rechazo. Lo único que echo en falta en ‘Parásitos’ es cierta fuerza emocional en la parte final para terminar de redondear la historia. Sus últimos minutos optan por un camino específico que no sé si funciona del todo, y me habría gustado tener sentimientos más viscerales tras dos horas de película realmente estimulantes y sobrecogedoras. Son pequeños detalles que no ensombrecen el visionado de la película, pero que están ahí y era mi deseo comentarlos para que entendáis por qué la película me parece brillante y digna de admirar pero no me removió por dentro tanto como esperaba.

Parásitos‘ es una película precisa, preciosa de ver, con un guion sobresaliente y una dirección descomunal (de lo mejor que he visto estos años). Es fácilmente admirable porque todas las partes funcionan como un todo, desde el reparto coral donde todos están fantásticos (Song Kang-ho es uno de los mejores intérpretes del planeta) hasta el uso de los espacios para resaltar los temas de la historia. Sólo detalles menores y muy personales se me han quedado a medias y por ello no puedo ensalzarla utilizando adjetivos absolutos a diestro y siniestro, algo de lo que se abusa actualmente en reseñas y redes sociales. Me quedo con que he visto una de las mejores películas del año, Joon-ho se confirma como uno de los mejores cineastas del siglo XXI y deseo que esta cinta suponga una piedra de toque para futuros filmes surcoreanos, y su éxito permita que llegue a más cines de todo el mundo.

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