Wong Kar Wai: el amor es una cuestión de sincronía


cine de Wong Kar Wai

Hace unos meses, y luego de una larga ausencia, se anunció su próximo proyecto. Su nombre es referente de la irrupción del cine asiático de finales del siglo XX y comienzos del actual. Algunas de sus películas hacen parte de las listas de diferentes rankings internacionales y se caracteriza por llevar casi siempre puestas sus gafas oscuras en su rostro. Wong Kar Wai (Shanghai, 1956) comenzó su carrera en la televisión en Hong Kong a donde se trasladó junto con su familia cuando tenía nueve años.

Sus trabajos cinematográficos son una mezcla de géneros donde la acción es a veces inevitable; su violencia, por momentos, se convierte en el malestar del desamor; sus imágenes, casi perfectas, parece que fueran estéticamente descuidadas; y su diseño de producción se transforma, por instantes, en los interiores de una revista de moda. La estética televisa, la publicitaria y hasta el videoclip; las referencias a grandes directores como Antonioni, Hitchcock, Sirk, Cassavetes, al igual que a la literatura de Proust, Stendhal, Manuel Puig, Cortazar; el jazz, la música latina, el rock y pop de los sesentas así como su natal Shanghai, la Hong Kong británica y la Hong Kong moderna hacen parte de una obra donde el amor, el tiempo y la soledad son los principales cimientos.

En las primeras películas de Wong Kar Wai; ‘As tears go by‘ (1988) y ‘Days of being wild‘ (1990), enmarcadas entre tramas criminales y melodramas juveniles, sus personajes son jóvenes y adolescentes que empiezan a descubrir el amor y juegan con él, pero tarde o temprano alguno de ellos termina herido al involucrarse más de la cuenta dejándose llevar por los sentimientos que florecen; se habla de los primeros amores inocentes, de no tomárselo todo en serio y de miedo al compromiso. Mientras que en las siguientes, más adultas y con otras preocupaciones, sus personajes lidian con problemas amorosos y otros de mayor índole al igual que con angustias existenciales notorias.

El ABC del amor

Chungking express‘ (1994), película que lo lanzó a la fama mundial y el cual realizó paralelamente a ‘Ashes of time‘ (1994/2008-Redux), recrea historias de encuentros y desencuentros fortuitos, de la soledad y de cómo enfrentar un duelo después de las pérdida amorosa con dos historias diferentes cruzadas por un mismo tema. En la primera parte, en una trama de policías y criminales, se muestra como un hombre lidia con una decepción sentimental porque su novia lo dejó, colecciona latas de piña para acordarse siempre de ella y corre para no llorar porque la pérdida producto del desamor es tan fuerte que no se puede superar. El protagonista ve la necesidad de sentirse acompañado por alguien más en todo momento mientras supera el abandono de su pareja. En la segunda parte de la historia, Faye, quien trabaja en un puesto de comida, se enamora del Policía 663, quien es cliente de ella y al tiempo está en el proceso de olvidar su anterior relación.

Esta película alude al amor a destiempo, algo que ya había insinuado en ‘Days of being wild‘. Como alguien se va enamorando poco a poco de la persona que intenta dejar atrás lo que siente por alguien más, un juego triangular en donde A deja a B y es B, quien con ayuda de C, supera a A, pero C se enamora de B volviéndose todo una especie de triángulo vicioso en el cual nadie está a salvo de enamorarse. Aquí el amor es el objeto de deseo a través del acercamiento al ser amado por medio de elementos —las latas de piña— o invadiendo su espacio —la inundación del cuarto—, ya sea para olvidarse de él o para enamorase profundamente y sin quererlo.

Posteriormente llega ‘Fallen angels‘ (1995). Aquí también hay dos historias que hablan del amor, de la soledad, de cómo enamorarse de alguien y no ser correspondido, de los primeros encuentros que dejan una marca en los seres humanos. La película muestra, por un lado, a un matón que no quiere involucrarse sentimentalmente con su socia, razón por la cual ella lo manda a asesinar. Y por otra parte, se cuenta la vida de un joven que no se puede comunicar y que termina enamorado locamente de una mujer desesperada que sufre el abandono de su novio. Los personajes de estas dos historias narran desde su interior y lo que no se dice se convierte en el lenguaje del desamor, de la soledad y del paso del tiempo.

Happy together‘ (1997) marca la confirmación de Wong Kar Wai al ganar el premio como mejor director en Festival de Cannes. Una pareja llega a Buenos Aires para darse una segunda oportunidad en su relación. La premisa, esta vez, es volver a empezar. La historia está marcada por personas que viven momentos distintos en sus vidas y que afectan directamente a su noviazgo. Mientras uno quiere estar en la relación, el otro no. Y a pesar de que se cuidan mutuamente, no están dispuestos a amarse nuevamente en ese momento de sus vidas a tal punto que Yu-Fai viaja en solitario a las cataratas de Iguazú, viaje que un principio iba a realizar con su pareja, para olvidarse de una vez por todas de él, para dejarlo atrás.

Esta película es un viaje para olvidar, para empezar de nuevo en un sitio distinto, alejado de todo. Se plantea que cuando se vive un duelo por un desamor, siempre está latente la posibilidad de volver otra vez, empezar desde cero y seguir juntos dándose otra oportunidad. Pero cuando se supera la pérdida y una vez cerrado el círculo, esos recuerdos rondarán por siempre así se dejen a un lado o por lo menos bien lejos. Aquí el encuentro y el desencuentro se da a través de la relación de los dos personajes quienes están desincronizados, cuando uno quiere el otro no, y eso termina afectando su relación amorosa. La soledad, la angustia, los celos están constantemente presentes y es eso lo que no los deja seguir adelante.

El amor, ¿En ruinas?

Fue un momento de inquietud. Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que él se acercase. Pero a él le faltaba valor. Ella dio media vuelta y se alejó (‘In the mood for love‘, 2000). Con ese rótulo inicia la película más significativa, para muchos, de la obra de Wong Kar Wai. Dos vecinos que se cruzan por primera vez al mudarse a su nuevo piso el mismo día, entablan una relación de amistad al descubrir la infidelidad de sus respectivas parejas. La señora Chan y el señor Chow se dan cuenta de que tanto su marido como su mujer son infieles entre sí. A partir de ahí, ellos se vuelven confidentes, comparten la tristeza y el desasosiego que les causa esa situación, se hacen compañía hasta que el señor Chow le confiesa sus sentimientos a Su Lizhen —la señora Chan—. Al no verse correspondido, él decide marcharse, mientras ella calla para siempre y en su interior sus verdaderos sentimientos.

Esta es una historia que transcurre despacio, casi como un vals, donde el amor va surgiendo entre los protagonistas poco a poco y los saca de su rutina, de su encierro personal y espacial. Los pequeños detalles van marcando la relación que se va gestando entre ellos. Sus sentimientos se expresan a través de los movimientos de sus cuerpos y de los espacios en los que concurren al punto que las calles que parecen ruinas abandonadas se convierten en confidentes de esos extraños amigos que no se atreven a volverse amantes y las dos habitaciones del señor Chow terminan siendo el espacio que comparten por el resto del tiempo que pasan juntos.

Los pequeños detalles, como lo fueron las latas de piña en ‘Chungking express’, los vasos y el agua en ‘As tears go by’ o el blueberry pie en ‘My blueberry nights’, y que son sello personal de Wong Kar Wai , en esta ocasión lo son una olla arrocera, unos bolsos, unas corbatas y los tallarines quienes cumplen esa función dramática que hace que las historias avancen. Estos elementos son participes en esta ocasión al hacer ver a los protagonistas que están siendo engañados sentimentalmente por sus respectivas parejas y al mismo tiempo los acerca al ir construyendo una relación entre ambos que poco a poco se transforma en un amor no hablado e imposible.

Por otra parte, se hace uso del fuera de campo como forma de retratar a los personajes solitarios como objetos de deseo. A los protagonistas se les muestra hablando solos, con la mirada perdida que apunta hacia el vacío, hacia lo que no se ve. Pero en realidad le dirigen su mirada y sus palabras a lo que desean, al amor imposible, al que está del otro lado y que el espectador no puede ver. Se revelan los lugares y los espacios vacíos donde alguna vez los personajes estuvieron y compartieron tiempo juntos. Y donde después ya no hay nada, salvo el recuerdo de lo vivido.

Y es el recuerdo de lo vivido, del todo pasado fue mejor, de las pérdidas irreparables lo que marca no solamente In the mood…, sino su filme ‘2046‘ (2004), que va rodando paralelamente a la anterior y que es la terminación de una especie de trilogía que comenzó con ‘Days of being wild’. El señor Chow vuelve a Hong Kong luego de su estancia en Singapur y comienza a trabajar en una novela futurista que mezcla androides y humanos que se enamoran. A su vez, este personaje intenta dejar atrás su pasado y olvidar al posible amor de su vida a través de los encuentros con diferentes mujeres al punto de convertirse en un playboy. Y una vecina, con la que establece una especie de relación basada en el sexo principalmente, termina por enamorarse de él

Acá se vuelve a tocar el tema del amor no correspondido, del tiempo como metáfora para recuperar la memoria. El intentar olvidar el pasado que siempre está y estuvo allí, que se puede ver pero no tocar. Se enfatiza en cómo el miedo a comprometerse en una relación tiene que ver con el préstamo y la inversión del tiempo entre los amantes puede ser muy desgastante, algo que el señor Chow ya hizo —con la señora Chan— y no lo va a volver hacer. La nostalgia y las huellas que deja el enamoramiento están presentes de nuevo aquí. Hay una búsqueda de los recuerdos y el amor perdido, que se tuvo y no volverá. Aquí el amor, los recuerdos y la soledad pasan a ser una individualidad en medio de una cantidad de personas que están en un tiempo ajeno al del protagonista.

El amor es…

Los seres humanos crean vínculos y establecen relaciones a diario. Al tener contacto muy seguido con alguien, se empieza a generar un gusto por ese alguien, se le comienza ver de otra forma de tal manera que, con el paso del tiempo, ese gusto puede convertirse en algo más. Los sentimientos y el aprecio por el otro surgen, se le empieza a ver de una forma distinta, como un objeto de deseo, de pasión hasta que finalmente el enamoramiento nace para bien o para mal. Es casi imposible escoger de quién enamorarse dicen por ahí a tal punto que los sentimientos son algo que no se pueden controlar, algo que menciona el señor Chow. Usualmente cuando un enamoramiento se produce es porque las partes están en el momento justo y en el lugar adecuado. El amor es una cuestión de sincronía, de timing, es algo que no se puede forzar.

La gran mayoría de los personajes de las películas de Wong Kar-Wai, incluso en ‘Ashes of time’ (1994/2008), ‘My Blueberry Nights’ (2007) y ‘The Grandmaster‘ (2013), deambulan entre encuentros y desencuentros, entre el amor, la soledad y el paso del tiempo. Hablan poco o nada, sufren de pérdidas amorosas irreparables que terminan afectándolos por el resto de sus vidas. Son inestables, tristes e infelices, casi siempre les falta algo. Se mueven a destiempo y buscan nuevas oportunidades en distintos lugares como forma de empezar de nuevo.

En el cine del director hongkonés Wong Kar-Wai, como lo dice Peter Brunette, hay una especie de exploración lánguida de cómo el amor, en todas sus formas, puede ser a la vez glorioso y frustrante, convirtiéndose casi como en un juego, como en la cacería que el gato le hace al ratón, pero el gato nunca atrapa al ratón porque los sentimientos casi nunca se concretan y finalmente se deshacen poco a poco.

Artículo anterior Dan Sallitt: "Con más dinero hubiera hecho la misma película"
Próximo artículo Crítica: El hoyo

Sin comentarios

Déjanos tu opinión...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *