Crítica: Las buenas intenciones

Con viñeta gráfica

Las buenas intenciones dirigida por Gilles Legrand

Las buenas intenciones‘ es el nuevo filme de Gilles Legrand. Han pasado tres años desde su último largometraje ‘L’odeur de la mandarine’, un drama bélico y romántico ambientado durante la Primera Guerra Mundial. Con esta película el director cambia totalmente de registro, deja el drama y se pasa a la comedia negra mas cruel, usada hábilmente para desplegar ante el espectador el podrido retrato de la Francia actual, que serviría para cualquier otro país, el nuestro por ejemplo. Desde el primer minuto nos hará sonrojar y reír el esforzado postureo solidario y implicado en mil causas benéficas de la protagonista, Isabelle, que da vida Ágnes Jaoui, intérprete que se mueve en papeles dramáticos y cómicos con tal naturalidad que con este consigue que te den ganas de traspasar la pantalla para decirle que se deje de tanta pantomima porque no es más que otra pija burguesa que se dedica a la caridad que tanto les gusta practicar a los ricos, dar las migajas caídas de su gran opulencia.

Al inicio del filme se presenta toda la realidad que envuelve a la protagonista. Su familia: una hija que reclama su atención, un hijo casi gamer y un marido de origen bosnio que representa el triunfo de un exrefugiado huido de una terrible guerra que ha construido con esfuerzo una vida nueva. Su trabajo: profesora de lengua francesa en un centro cívico, el director la tiene calada desde hace tiempo. Sus estudiantes: un variopinto grupo de personas de diferentes países que acuden a las clases de Isabelle para mejorar su francés. Este grupo de actrices y actores profesionales y actores y actrices noveles que son los estudiantes de Isabelle supone un gran acierto de casting y el motor cómico de la película. No representan los tópicos de las personas migradas, sino sus realidades, sus miedos, dudas y esperanzas, algunos rallan en la caricatura, como el emigrante que se mueve en mil chanchullos para poder sobrevivir o la francesa de pura cepa que abre los ojos ante la realidad de su país. Pese a ser una caricatura es real lo que cuentan. La veterana actriz cómica Martine Schambacher interpretando a Francine Grapinot es una de la que destacan en el grupo.

El conflicto de ‘Las buenas intenciones’ aparece personificado por Claire Sermonne, muy conocida por interpretar a la aristócrata Louise de Rohan en la serie Outlander. Su personaje es Elke, una nueva profesora de lengua francesa que amenaza el estatus de filantropía de Isabelle. Elke es joven, tiene una amplia formación, tiene talento, vocación, es de verdad una buena persona y se dedica en cuerpo y alma porque le apasiona ayudar, a diferencia de Isabelle que lo único que persigue es reconocimiento y notoriedad, que todo el mundo le diga lo maravillosa que es, vamos otra aspirante a Madre Teresa de Calcuta, personaje oscuro donde los haya elevado inmerecidamente a los altares de las buenas samaritanas. Estas dos antagonistas son fruto del guion escrito por la dramaturga Léonore Confino, una premiada autora teatral que ha escrito obras teatrales de gran éxito que destacan por su contundencia y humor negro. El director Gilles Legrand quiso que Confino escribiera un guion sobre el compromiso social en el que se vieran involucradas personas con muy buena voluntad pero sin formación o con muy poca, y con pocos medios para ayudar a las personas emigrantes, es lo que representan Isabelle y Elke, dos caras de la misma moneda, solo que una es útil y la otra no tanto.

Ante la amenaza que supone para Isabelle la eficacia de Elke se desarrolla una película divertida, con los momentos cómicos y dramáticos bien ensamblados en su mayoría. Naturales son la gran parte de las transiciones de drama a comedia, hay momentos dramáticos que están presentados para aligerar lo cómico y los sketches de comedia negra dan paso a una calma dramática contenida. He de advertir que hay momentos que buscan ser cómicos con el actor Alban Ivanov pero se desaprovecha en parte su talento siendo el portavoz de chistes machistas de muy mal gusto, si dejamos a parte eso, el personaje de Ivanov (Attila) es otra muestra social que quiere mostrar el filme, el hijo de inmigrantes nacido en Francia que tiene prejuicios contra gente que vive lo mismo que vivieron su madre y su padre. El actor aporta realismo y comicidad a su Attila.

En definitiva, ‘Las buenas intenciones‘ encaja bien ahora que se acerca la Navidad, donde son todo buenas intenciones las que se tienen, de pronto hay que ser solidarias y participar en causas caritativas, o al menos eso es lo que quiere transmitir la cultura cinematográfica norteamericana. El filme es posible que ayude a detectar a aquellos que conocemos que van con la misma pose que Isabelle, buscando atención y recibir el mérito por el gran esfuerzo que hacen por todas las personas necesitadas. La realidad es que estas personas lo que necesitan es menos trabas burocráticas y menos ayuda de gente bienintencionada. En todo caso, apoyo de profesionales y que el resto de no seamos un obstáculo para estas personas que solo buscan una vida mejor.

Viñeta gráfica de Las buenas intenciones

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