6 en la sombra: Nuevos horizontes del bayhem


Seis en la sombra dirigida por Michael Bay

El cine de Michael Bay alberga una paradoja dentro de sus propios tejidos: por un lado, su average shot length –esto es, la duración media de cada uno de los planos que conforman una película– es de los más reducidos dentro del panorama mainstream estadounidense, lo que podría llevar a pensar que el montaje de sus filmes es un sinsentido, un cúmulo de decisiones azarosas; pero, por el otro, Bay es uno de los cineastas que mayor confianza deposita en el poder y valor de cada una de las –y no son precisamente pocas– imágenes que crea. Empero, ‘6 en la sombra’ problematiza lo que desde hace unos años hemos tenido a bien denominar bayhem, al hacer mutar, variar o, si se quiere, perfeccionar las decisiones de puesta en forma cinematográficas ya que ¿quién es Michael Bay sino uno de los directores que mejor se adapta a los cambios de los tiempos en los que vivimos?

6 en la sombra’, después de una secuencia introductoria, da comienzo con un extracto vertiginoso (al mismo tiempo que el título original de la película –‘6 Underground’– hace aparición en los cortes de una pantalla que funde a negro mediante flashes) donde, en apenas treinta y cinco segundos, a través de un ingente maremágnum de planos detalle extremadamente cerrados, se nos bombardea con un exceso de información que, más tarde, se desplegará ante nosotros. La película sienta sus bases, da la alerta a los despistados (a aquellos que siguen viendo en Bay a un director con solo propósitos comerciales, un bufón erigido en carne para memes): esto es cine que, encuadrándose dentro de la industria hollywoodiense, arrastra a esta última hacia sus propios lindes, conformando cada plano, cada escena, cada secuencia en territorio para la experimentación visual y sonora.

Cine en los límites, espoleado no solo por llevar hasta sus últimas consecuencias las bases de la cinematografía en las que se asienta (cinematografía que, en la mayor de las ocasiones tiende a intentar borrar las huellas enunciativas del cineasta; lo que en el cine de Michael Bay se antoja, sencillamente, imposible), sino por sus concomitancias con otros medios audiovisuales, en algunos de los cuales el director norteamericano trabajó en sus comienzos: la estética de los videoclips, de los anuncios publicitarios, de los videojuegos (como atestiguan esos planos que parecen sacados de un shooter en primera persona)… Hay algunos, incluso, que no dudan en ver en ‘6 en la sombra’ un tráiler de dos horas de duración.

'6 en la sombra' dirigida por Michael Bay
Las explosiones como característica de la estética bayhem en «6 en la sombra», dirigida por Michael Bay. Fuente: Netflix.

Todo se pone al servicio de ofrecer una nueva forma de filmar aquello que parece preocupar más a Bay: la acción. Empero, si el bayhem era conocido por el caos al que se sometían las dilatadas secuencias de acción de sus trabajos anteriores, dada la fugacidad del cambio entre planos, los –a veces imposibles– movimientos de cámara y la profusión de elementos en cada una de sus imágenes, en su última obra todo tiende a una mayor transparencia, hacia una mayor limpieza en su propia puesta en escena, aunque sin llegar a los niveles alcanzados por Paul W. S. Anderson en la cuarta y quinta entrega de una saga como ‘Resident Evil’.

Bay no esconde, no disimula, no finge: su cine, desde siempre, ha sido asertivo. La historia se erige en mera excusa para encadenar una secuencia de acción tras otra (aunque se puedan discernir tres puntos culminantes), no por ello reduciendo la narrativa a su condición más simple sino, incluso, complejizándola a través de saltos temporales que dificultan, en según qué ocasiones, el seguimiento del relato, pese a que, ulteriormente, la trama tan solo sea un simple medio para el fin último de filmar cuerpos y objetos en movimiento imbricados en un paisaje de acción gamificado donde todo límite se disuelve (quizá, la secuencia del derrumbamiento del edificio de ‘Transformers 3: El lado oscuro de la Luna’ [2011] ya no sea la cima, en cuanto a destrucción se refiere, de su cine).

6 en la sombra’ se convierte, pues, en uno de los filmes más importantes del año a la hora de comprender en qué se está convirtiendo el cine de acción contemporáneo junto con ‘John Wick: Capitulo 3 – Parabellum’ (2019) de Chad Stahelski, otra de las grandes obras que ha dado el género reciente y que vuelve a centrar el debate en qué sucede con la narrativa cuando todo se dirige –además de vertebrarse– hacia las set pieces; pudiendo competir ambas por los veinte minutos iniciales más frenéticos del año.

Podemos, a modo de cierre, argumentar que al fin –aunque haya algún otro ejemplo que se consigue salvar– un cineasta ha hecho una película suya para Netflix, y no de Netflix (acostumbrada la productora a estandarizar la puesta en forma de muchos cineastas que han trabajado en ella): ‘6 en la sombra’ es una película de Michael Bay para Netflix, no una película de Netflix dirigida por Michael Bay: su estética saturada habitual rezuma en cada uno de los planos, objetos y personajes que conforman la cinta, desde los colores verdes del vestido de Adria Arjona y el Alfa Romeo de la persecución inicial hasta su milimétrica y precisa planificación manierista quebrantadora del statu quo industrial hollywoodiense.

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