Crítica: Bad Boys for Life


Bad Boys for Life, con Will Smith y Martin Lawrence

La saga Bad Boys ha tenido una trayectoria cuanto menos curiosa. La primera entrega lanzó a la fama a Will Smith y fue un gran éxito de taquilla (recaudó 141 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de 23). Su secuela no se estrenaría hasta ocho años después, aunque el éxito se repitió (eso sí, a menor nivel debido al alto coste de la película). Desde entonces, llevamos 17 años escuchando rumores sobre una tercera entrega, rumores que nunca se materializaban. Hubo varios guionistas atados al proyecto pero nunca recibía luz verde. En diversas entrevistas, Will Smith ha comentado que no querían hacer una tercera entrega a menos que el guion fuera sólido. Una vez alcanzaron ese punto, ‘Bad Boys for Life‘ salió adelante y al fin podemos ver en la gran pantalla las nuevas aventuras de Mike Lowrey y Marcus Burnett.

Michael Bay, director de las dos primeras entregas, no se ha puesto detrás de la cámara en esta ocasión. Esa labor corre a cargo de Bilall Fallah y Adil El Arbi, dos cineastas que llevan una década colaborando juntos en cortometrajes y televisión, aunque con reducida experiencia en largometrajes. El «riesgo» de su elección ha obtenido recompensa, ya que estamos ante una estupenda secuela, reverencial a las anteriores en tono y estilo pero con personalidad propia para llevar la saga por nuevos y refrescantes caminos.

Lugares comunes

A pesar de haber transcurrido casi dos décadas desde la anterior entrega, ‘Bad Boys for Life’ sigue manteniendo el alma de la saga intacta. Socarrona, excesiva, frenética y con una dinámica del dúo protagonista realmente espléndida. Will Smith y Martin Lawrence no han perdido ni un ápice de química en todos estos años, y se dan la réplica de igual o mejor forma que antes. Se complementan en todo momento y desprenden una sensación de familiaridad realmente enternecedora. Si bien es cierto que su amistad no ha cambiado demasiado, sus motivaciones e intenciones sí lo han hecho en cierta medida, principalmente en el caso de Marcus (Lawrence). La edad no perdona a nadie, y rondar los 50 años pone las cosas en perspectiva. De repente, la energía juvenil de un potro desbocado se ha convertido en la apatía de un perro de avanzada edad. Pero, aunque es inevitable pensar en el Murtaugh de ‘Arma Letal’ y su icónico «Soy demasiado viejo para esta m*erda», la película va más allá y nos habla del legado que dejan a sus espaldas, de lo que heredan las nuevas generaciones y lo que pueden aprender de ellas. La rodillas comienzan a fallar, las carreras cada vez son más cortas y las prioridades cambian de forma inevitable. Y creo que, en este sentido, este filme hace un trabajo fabuloso a la hora de retratar a ambos personajes en un mundo que ya no funciona del mismo modo que lo hacía hace 25 años, y es hora de adaptarse a la nueva realidad.

Por otra parte, creo que los directores han realizado un trabajo fantástico a la hora de establecer un estilo similar al de Michael Bay y que la cinta no se sienta un desvío o giro de timón, sino una secuela orgánica que encaje en la saga sin caer en la admiración desmedida. Los planos circulares, el ágil montaje y el nerviosismo de la cámara sigue presente, pero hay mayor tiempo para que las escenas respiren y la geografía quede más clara. Los planos detalle son usados con mucha inteligencia para orientar al espectador, y en todo momento sabes lo que está ocurriendo en pantalla. Lo que sí noto es un acercamiento más modernizado a la hora de componer planos e iluminar escenarios. Hay luces de neón, mucho contraste y tonos coloridos en las escenas nocturnas, y mucha calidez en las secuencias diurnas. Salvando las distancias, esta película toma prestadas ciertas características (pinceladas, realmente) de la saga ‘John Wick‘, y creo que le sienta de maravilla. Nunca aspira a alcanzar esos niveles de coreografía en la secuencias de acción ni lo intenta, pero puedo entender por qué esta tercera entrega se siente algo distinta a las anteriores a nivel visual. No voy a hablar del tercer acto porque hay sorpresas, pero debo decir que la última escena de acción es sobresaliente y hay decisiones a nivel de composición de planos realmente inspiradas.

Bad Boys For Life
Will Smith, Charles Melton y Vanessa Hudgens en «Bad Boys For Life». Fuente: Sony

Familia

Se ha convertido en una «broma» recurrente utilizar el término familia en la saga ‘A Todo Gas’ (aunque su uso en dicha saga sea honesto), y creo que a cierto nivel, ‘Bad Boys for Life’ opta por ese camino pero no por imitar a otras sagas de acción, sino porque realmente es coherente con lo visto anteriormente en la vida de los protagonistas. Mientras que Mike (Smith) ha sido un casanova sin intención real de mantener una relación sentimental, Marcus lleva 25 años casado, tiene varios hijos y su familia es una parte tan vital en su vida diaria que le empuja a replantearse su futuro laboral. Son dos percepciones que chocan entre sí, y que dan pie a secuencias dramáticas notables (y que se agradecen en filmes así). Hay una charla entre Mike y Marcus sobre las prioridades en la vida de cada uno y el motor que mueve sus vidas realmente hermosa, y en esa breve escena, Smith y Lawrence profundizan en sus personajes y se abren a nivel emocional como nunca lo han hecho en la saga. Son escenas como ésta las que alzan la película y la aleja de la etiqueta que define a este tipo de producciones.

La familia es un elemento esencial en esta historia, y no sólo podemos observarlo en las conexiones de sangre, sino también en el trabajo. Esta película introduce un nuevo equipo que trabajará codo con codo con Mike y Marcus y, sin convertirse en personajes tridimensionales del todo, hay cierto mimo con ellos. Conoces detalles que los vuelven más cercanos y tangibles, y entiendes por qué están ahí: son jóvenes, profesionales y eficientes en su trabajo. No son meras comparsas o contrapunto cómico de los protagonistas; en todo momento suman y contextualizan la situación de Mike y Marcus a nivel personal. Incluso se atreven a dar una pincelada interesante a uno de los chavales jóvenes con su pasado y su rol actual en el equipo. Estos detalles son los que hacen que un filme de acción no se quede en un mero entretenimiento que disfrutas y olvidas al instante. Hay verdadero cariño por los personajes y el microuniverso que Bay construyó en 1995, y aunque nunca es Shakespeare ni lo pretende (el humor simplón se mantiene), casi todo lo que intenta funciona. Y es que se trata de una película muy divertida. Hay frases hilarantes y Lawrence nos recuerda que tiene una vis cómica genial. Es el humor que siempre ha tenido la saga, pero adaptado a la nueva realidad de los protagonistas.

Bad Boys for Life‘ es un pequeño triunfo por muchos motivos. Por tratarse de una secuela tardía que llega tras numerosas reescrituras y la sensación de hacerlo demasiado tarde. Además, se estrena en el mes de enero, un mes que siempre ha sido usado por los estudios para soltar lastre. Y a pesar de tener muchas cosas en su contra y estrenarse casi 20 años después de su predecesora, la película consigue alcanzar todo lo que necesita ser: reverencial pero actualizada, familiar pero fresca, complaciente pero capaz de aportar cosas nuevas y alejarse a ratos de su zona de confort. Y todo aderezado por una notable banda sonora de Lorne Balfe que conjuga exactamente todo eso (algo que ya consiguió en su magistral composición de ‘Misión Imposible: Fallout).’

Cabalgan juntos. Mueren Juntos. Rebeldes para siempre.

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