Crítica: Aguas oscuras


Aguas oscuras dirigida por Todd Haynes

Un grupo de jóvenes disfruta de un agradable baño bajo la luz de luna. Sin embargo, algo acecha bajo las profundidades del pantano. No será un tiburón el causante de la catástrofe, por mucho que las inquietantes tomas acuáticas de esta primera escena del filme nos puedan recordar a la película de Spielberg. En ‘Aguas oscuras’, nuevo trabajo de Todd Haynes basado en las investigaciones llevadas a cabo por el periodista Nathaniel Rich para el periódico The New York Times, el enemigo es invisible (por lo menos a simple vista) y mucho más mortífero (a largo plazo).

Oscilando entre el thriller de investigación y el drama social, el director norteamericano construye una historia que pone en tela de juicio el poder actual de las grandes corporaciones. En este caso, recrea el asfixiante proceso judicial que el abogado Robert Bilott (Mark Ruffalo) llevó a cabo contra la compañía Dupont, acusada de emplear productos químicos nocivos para la salud pública. Billot se embarcará en un viaje que pondrá en riesgo su empleo, su vida familiar y su salud física y mental.

Aguas oscuras, dirigida por Todd Haynes
Anne Hathaway y Mark Ruffalo en una escena de «Aguas oscuras», dirigida por Todd Haynes. Fuente: eOne Films

Esperas, tiempos muertos, figuras humanas que se pierden en un maremágnum de informes, padres ausentes, hogares devastados por la enfermedad y la precariedad. Haynes opta por posicionarse junto a los olvidados de este ‘cine judicial’. Aquellos que son incapaces de comprender, cual Joseph K. en El proceso de Kafka, el infernal absurdo que domina lo burocrático y que está arruinando sus vidas. ‘Aguas oscuras’ comienza con la ciudad vertical, dominada por los rascacielos que albergan despachos e instituciones por los que transitan los peces gordos, para asentarse definitivamente en la ciudad horizontal, sumergiéndose en el ‘enfermizo’ fango de las granjas, en las continuas derrotas que sufren los perdedores de nuestra contemporaneidad y los problemas cotidianos de distintas familias desestructuradas.

¿Cómo atacar al enemigo, si este se protege tras un sistema que el mismo sostiene? La respuesta de Haynes parece clara: insistiendo, apoyándonos los unos a los otros. “Usted otra vez”, reprochará un magistrado a Bilott en uno de sus innumerables procesos judiciales.

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