El año del descubrimiento, regresa el documental social


El año del descubrimiento, dirigida por Luis López Carrasco. Sección Tiger del Festival de Rotterdam

Hace pensar ‘El año del descubrimiento’ en que la Historia con mayúsculas se compone, como no podría ser de otra forma, de pequeñas historias, de aquellas que en este –por ambición, extensión y subversión formal– colosal documental se cuentan en los rincones de los bares de una ciudad que, allá por el año 1992, fue asediada por una crisis económica que se tapaba a ojos externos bajo la aparente opulencia de dos grandes eventos en la historia española tales como la inauguración de la Expo Universal de Sevilla y la celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona.

La película de Luis López Carrasco, que compitió en la Sección Tiger del Festival Internacional de Rotterdam, desestima una posible pantalla panorámica por una dividida, en la cual dos cuadrados de imagen narran los testimonios de una gran cantidad de personas afectadas, retroalimentándose entre ambos; ya sea con un contraplano propiamente dicho, que es mostrado al mismo tiempo que el plano “principal”; un escrutinio de todo el escenario que conforma la escena o del lugar en el que se encuentran las personas o, por el contrario, dejando a los lugareños dialogar con el vacío del otro lado de la pantalla. Pareciera como si, en una quimérica metáfora ideada por el aquí firmante, los dos pequeños recuadros de imagen constituyeran la suerte de esas micro historias que nunca llegaran a constituirse en el formato panorámico (lo macro) –ni en los créditos siquiera– porque lo narrado es el micro acontecimiento, no el macro acontecimiento.

El año del descubrimiento, dirigido por Luis López Carrasco
Escena de «El año del descubrimiento», rodada en formato Hi8, emulando el registro doméstico de inicios de la década de los noventa, y editada a doble pantalla. Fuente: Begin Again Films

Pese a todo, resulta fascinante comprobar cómo, en no pocas ocasiones, lo más interesante no son los eventos narrados por las propias personas afectadas sino sus rostros, sus gestos, sus reacciones, todo el intercambio no verbal que las imágenes son capaces de transmitir, de aprehender. De la misma manera, la descomposición de las secuencias en diferentes planos que son mostrados al mismo tiempo ayuda a pensar en una resignificación de lo que podría ser un documental al uso, porque lo que, en última instancia, lo que diferencia a ‘El año del descubrimiento’ de otras no ficciones de carácter expositivo es su juego con el montaje y la representación –si se quiere, manipulación– de lo filmado.

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